Trasegar; desquicie-agite; gemelear; mismamente
“Donde pensáis que hay tocinos, no hay estacas”, es un refrán empleado en varias oportunidades por Sancho Panza, para con él expresar que hay quienes suponen algo de alguien sin fundamento, o tienen una apreciación equivocada de algo. Esto le aconteció al redactor con el verbo ‘trasegar’ en la siguiente oración: “…incontables seres humanos han trasegado por estos desatinos” (LA PATRIA, César Montoya Ocampo, VIII-12-10). En primer lugar, el verbo es irregular (se conjuga como ‘acertar’) y transitivo (no admite preposiciones, ‘por’ en esa oración). En segundo lugar, no tiene la acepción que el autor le dio, por lo que a éste se le puede aplicar el antedicho refrán. Según mi criterio, el columnista quiso decir que “muchos seres humanos han cometido repetidamente esos desatinos”. Otros lo emplean con el significado de “recorrer frecuentemente el mismo camino”. Ambos, despistados. El “Diccionario esencial de la lengua española” le da estas significaciones: “1. Trastornar, revolver: ‘Se pasó la tarde trasegando papeles’. // 2. Mudar las cosas de un lugar a otro, y en especial un líquido de una vasija a otra: ‘Trasegaron la cerveza a los toneles’. // 3. Coloquial. Beber en cantidad vino y licores: ‘Era capaz de trasegar cualquier licor barato’ ”. Aunque su origen es incierto, J. Corominas supone, porque antes se decía ‘trasfagar’, que procede del latín vulgar ‘transfricare’; de aquí, ‘trasfregar’ (“rozar prolongadamente, manosear”); luego, ‘trasfegar’; después, ‘trashegar’; y, finalmente, ‘trasegar’, cuyo significado pasó de “manosear” a “llevar de acá para allá”. Son sinónimos suyos ‘revolver, desordenar y descolocar’, como también ‘trasvasar’ (“pasar un líquido de un recipiente a otro”), y, entre nosotros, ‘beber en cantidad’ (“por ejemplo, trasegar aguardiente, a saber, pasarlo del frasco al estómago”). Todo esto tiene su explicación, menos el significado que, parece, el escritor le dio a ‘trasegar’ en la cita culpable de esta parrafada.**
Del lenguaje hablado, en oficinas, cafeterías, salas de espera y de recibo, cocinas, quirófanos, etc., nos vemos obligados a padecer el insufrible ‘porfa’, disparado sin cesar desde todos los rincones de esos lugares. Fenómeno comprensible, porque nadie da de lo que no tiene. Pero en personas de las que, por su profesión, se espera cultura, no se puede admitir esta manera de escribir en abreviaturas. Los vocablos ‘desquicie’ y ‘agite’ tienen tres cosas en común: La primera, que son inflexiones verbales; la segunda, que fueron empleados por dos columnistas, con un día de intervalo; y, tercera, que estas escribidoras, muy pispas ellas y muy liberadas y muy descomplicadas, los usaron como sustantivos. Así se despacharon: “Eso tampoco es vida; perderse la noche con sus horas de sombra, luna y desquicie” (LA PATRIA, Carolina Martínez Bretón, VIII-14-10); y “…sensaciones, que no encuentran, en medio del agite, otra forma de verbalizarse” (El Tiempo, Esther Balac, VIII-15-19). Como dije, ‘desquicie’ y ‘agite’ son inflexiones verbales de tercera persona del singular, tanto del presente de subjuntivo como del imperativo. Pero no son sustantivos. Los sustantivos correspondientes son ‘desquiciamiento’ y ‘agitación’. ¿Lo sabrán estas hermosas periodistas? De pronto, pero lo dudo.
En sus cuatro letras al periódico El Tiempo, el señor Alberto Trujillo Dávila escribe: “Se supone que los medios de comunicación deberían hacer buen uso de la lengua española. Pero no” (VIII-16-10). Se refería al verbo ‘gemeliar’, pronunciación folclórica de ‘gemelear’, si existiese, como lo escribió LA PATRIA en el siguiente titular: “Se entregó hombre que gemeleó placa de carro bomba” (VIII-14-10). Hace 14 lustros empecé a leer. Por ejemplo, un aviso que había en el edificio del Colegio de Jesús, de Santa Rosa de Cabal, y que decía “Prohibido fijar avisos”, que yo entendía como “prohibido mirar avisos”; la cartilla “Alegría de leer”, y cuanto aviso veía en la calle, a pesar de aquella ‘prohibición’. Desde entonces es mucho lo que he leído, y nunca me había tropezado con el verbo ‘gemelear’. Un amigo me sopló que se escucha también en transmisiones radiales, algo lamentable e inaceptable, sin duda. Imagino que sea corriente entre los falsificadores de mercancías, por cualquier motivo, valiosas. Y, sin duda, quien inventó la palabreja tiene ingenio, aunque no se le ocurrió ‘mellicear’. Además, en su medio está bien, puesto que el terminacho hace parte de la jerga de falsificadores y estafadores. ¡Hay que escuchar las palabras que conforman la jerigonza de los mecánicos de automóviles! Pero no está bien que la usen los profesionales del periodismo en lugar de ‘copiar, falsificar, duplicar’ y aun ‘clonar’, verbo aceptado ya por la rectora del idioma.**
`Mismamente’. Pregunta el señor Víctor R. Ramírez C. si es correcto este adverbio. Lo es. Es un adverbio de modo, que significa “Precisamente, justamente”. De él, agrega el diccionario de María Moliner: “2. Se usa con nombres o adverbios para expresar que la cosa designada por ellos se toma como podría haberse tomado otra cualquiera del mismo género: ‘Puede hacerlo uno cualquiera: Juan mismamente’ ”. Esta segunda acepción no la asienta El Diccionario. Sin olvidar, por descontado, que María Moliner y su empresa son españoles de pura cepa. Para que sepa.