10 de mayo de 2021
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A ojos vistas; adjetivos fuera de lugar; mantener-se, aplicar-se

6 de julio de 2010
6 de julio de 2010

La Academia de la Lengua define el vocablo ‘idiotismo’ (del latín ‘idiotismus’, y éste, del griego ‘idiotismós’ = lenguaje ordinario o vulgar), de este modo: “Lingüística. Giro o expresión propio de una lengua que no se ajusta a las reglas gramaticales”. Y propone como ejemplo la locución “a ojos vistas”. “A pie juntillas” es otra muestra de tal anomalía. En la expresión “a ojos vistas”, su participio pasivo carece del sustantivo al que debe acompañar y con el que debe concordar en género y número, razón por la cual yo creo que muchas lunas atrás lo tuvo, por ejemplo, así: “Circunstancias o cosas vistas a ojos”, para expresar ‘evidencia o perceptibilidad de un hecho o de cualquier otra cosa’, que alguien redactó más literariamente, así: “Cosas o circunstancias a ojos vistas”, frase de la cual suprimieron luego los sustantivos, para conservar sólo la locución y, con ella. expresar que determinado asunto es ‘perceptible’.  Es sólo una teoría, que baso en esta otra locución, corriente en la época de Cervantes: “Calla y ten paciencia, que día vendrá donde veas por vista de ojos cuán honrosa cosa es andar en este ejercicio” (Don Quijote de la Mancha, I-XVIII).  Este giro, “por vista de ojos”, se emplea cuando se quiere decir que algún fulano fue testigo presencial de un hecho. Relacionado con los anteriores, por el uso del participio pasivo de ‘ver’, existe un modismo comercial que expresa la fecha precisa o el plazo fijado para cobrar letras, pagarés y documentos parecidos, que María Isabel Rueda, columnista de El Tiempo, utilizó de esta inadecuada manera: “Se dejaron montados derechos adquiridos en materia tributaria a veinte años vista” (VI-20-10). Digo ‘inadecuada’, porque no se refiere la escritora a una transacción económica, sino a un proyecto hacia el futuro, sin fecha precisa.**

El único que puede darle el calificativo de ‘frugal’ a una cama es un comején, porque él, con la señora y sus muchachitos, es capaz de engullir, no sólo una cama sino la casa completa de alguno de los barrios viejos de Manizales, en una almorzada. Esto es que ‘frugal’, antónimo de ‘opíparo’, se aplica sólo a la persona parca en el comer y beber, y a lo que la caracteriza, como cuando decimos: “Bill Gates lleva una vida frugal” o “desayuna frugalmente”. Sus sinónimos son ‘sobrio, parco, moderado, mesurado, austero’, ninguno de los cuales –‘sobrio’, si acaso- es aplicable a un mueble. No obstante, la periodista citada en el párrafo anterior lo hace: En su artículo, publicado por El Tiempo el 21 de junio y basado en una entrevista que le concedió la señora Nijole Sivikas, la mamá de Antanas Mockus, describe: “Y en medio de ellas (sus esculturas) la artista tiene su pequeña habitación, en la que hay únicamente una cama frugal, una mesita de noche insignificante…”. Seguramente quiso decir ‘modesta’ o ‘sencilla’, por oposición a ‘ostentosa’, ‘pomposa’ o ‘aparatosa’. Pero ella no está sola en esto de la adjetivación equivocada, que ni siquiera como recurso literario se puede aceptar. Recordé a Germán Espinosa, en cuya novela, Aitana, proliferan los adjetivos mal empleados, comenzando por “frugal residencia”, “glúteos opíparos” (así los podría calificar un caníbal, después de haberse merendado un semejante) y “pánfila equivocación”. Sigue la lista: “Golpe enfático, vómito efusivo, impávido computador, elocuente frazada, falta sublime, sorbete excelso, amor innumerable”. Desatinos inaceptables desde cualquier punto de vista.**

Así escribieron en LA PATRIA, respectivamente, los señores Álvaro Segura López y Jorge Enrique Zuluaga, gerente de Empocaldas: “…no puede el Gobernador de Caldas mantener divorciado de los gremios…” (VI-13-10); “Nuestro equipo de diagnóstico mantiene más en La Dorada que en otras partes” (VI-23-10). El señor Segura no nos dijo a quién no debe mantener divorciado de los gremios el Gobernador; y don Jorge Enrique no expresó a qué o a quién el equipo de diagnóstico mantiene más en ese puerto fluvial. Porque una cosa es ‘mantener’, verbo transitivo, y otra, muy diferente, ‘mantenerse’, pronominal.  Ellos, la verdad sea dicha, quisieron decir que “el Gobernador no debe ‘mantenerse’ divorciado de los gremios”, y que “nuestro equipo de diagnóstico se mantiene más en La Dorada…”. Así sí nos entendemos, porque en este caso, ‘mantenerse’ es sinónimo de ‘permanecer’, verbo intransitivo. Lo mismo sucede con el verbo ‘aplicar’, casi nunca usado con corrección. Un titular de LA PATRIA, Campo (VI-12-10), reza: “La tecnología también aplica para mejorar la ganadería”. En el mismo diario, el 25 del mismo mes, se lee: “Su sugerencia aplicará el día en que haya colas…”. Las preguntas son las mismas: ¿Qué diablos aplica la tecnología para mejorar la ganadería?; y ¿Qué cosa aplicará la sugerencia el día ese? Es muy distinto decir “el médico ‘aplica’ cataplasmas o ventosas para aliviar ciertas dolencias” que “estas restricciones ‘se aplican’ a todos los establecimientos comerciales”. Mientras los verbos ‘mantener’ y ‘aplicar’ sean transitivos y pronominales, con esta naturaleza llevan el reflexivo ‘se’ por necesidad. Y apelación, ustedes saben a dónde.