Juana Carolina Londoño: Juventud y belleza a la cámara de representantes
Y aunque nació en Supía casi que por accidente, se siente más supieña que manizalita. En efecto, esta mujer que quiere ganarse un espacio político en Caldas vino al mundo en Supía simplemente porque su mamá, Beatriz Jaramillo Gutiérrez, se fue para la casa de los padres a esperar el nacimiento de la hija. Quería que fuera la abuela la que la asistiera en el momento de dar a luz a su nieta. Así que, después de convencer a su esposo, Hernán Londoño Sierra, de que su primogénita debía nacer en ese municipio del occidente del departamento, empacó maletas para irse a su casa a tener a la hoy aspirante a la Cámara de Representantes.
Quince días después de haber venido al mundo le tocó hacer el primer viaje. Fue en el vehículo de la familia, de regreso a la casa materna. La mamá, que todavía estaba en dieta, se acomodó en la parte de atrás del vehículo, llevando en sus brazos a la recién nacida. Mientras tanto, para que sus dos mujeres no sintieran los huecos de la carretera, el papá manejaba poniendo cuidado en los huecos, frenando con suavidad cuando veía alguna piedra en la vía, deteniendo el carro cuando se encontraba con otro vehículo. Así llegó a Manizales después de un viaje de casi cuatro horas. Cuando llegó al portón de la casa lo primero que hizo fue abrir la puerta del carro para recibirle la niña, que venía llorando desde hacía varios minutos. Ya adentro, él mismo organizó la cuna que tenía lista desde tres meses atrás. Y ahí colocó a la bebé mientras la mamá se preparaba para darle alimento.
A Supía regresó a quedarse ya hecha una niña. Tenía escasos siete años de edad. Lo hizo porque su abuela, Margory Gutiérrez, quería tenerla a su lado. Entonces convenció a la hija para que se la enviara. No estaba contenta con verla escasamente en los puentes, cuando la familia iba a visitarla. Su deseo de abuela era tenerla allí, junto a ella, viéndola crecer, complaciéndola en sus gustos. Fue así como la matriculó en la Escuela Policarpa Salavarrieta para que iniciara la primaria. Como el abuelo, Henry Jaramillo, era por esa época el rector del Instituto Supía, podría ayudarle para que fuera la mejor alumna. Este fue el argumento que utilizó la abuela para convencer a la hija de que le enviara a la nieta. Y dio resultado. No sólo porque la pudo tener a su lado hasta tercero de primaria, sino porque con la ayuda del abuelo, que todos los días estaba pendiente de ella para que cumpliera con las tareas, logró obtener las mejores calificaciones. Desde entonces la abuela se dio cuenta de que la nieta iba a llegar lejos.

A Juana Carolina Londoño el gusto por la política le fue entrando de tanto ver a la abuela trabajando con el Partido Liberal. Cuando ella, Margory Gutiérrez, fue escogida como candidata por elección popular a la Alcaldía de Supía, la nieta apenas contaba con escasos 12 años de edad. Pero no obstante su juventud, le ayudó en la campaña. Aunque por esa época entendía poco de política, le gustaba acompañarla en sus correrías por las veredas, en las reuniones con los líderes del pueblo, en sus compromisos para sacar adelante su candidatura. Así, de tanto andar con ella, le fue entrando ese bichito de la política que después es imposible de sacar. Cuando la abuela terminó su gestión como la primera alcaldesa por elección popular del municipio, Juana Carolina Londoño pensó que también ella podría figurar políticamente. Pero para lograrlo tenía que prepararse. Así que atendió el concejo de sus padres y, después de culminar sus estudios de bachillerato en el Colegio San Luis Gonzaga, decidió matricularse para iniciar la carrera de derecho en la Universidad de Caldas. Tenía 22 años cuando recibió el título de abogada.
Esta mujer que tiene un rostro hermoso y un cabello color castaño que le cae sobre los hombros piensa que para llegar lejos en política en necesario prepararse. Pero también tener ganas. Lo primero lo logró porque es una persona dedicada al estudio. Tanto que una vez culminó su carrera lo primero que hizo fue especializarse en Derecho Comercial y Legislación Financiera. No contenta con esto, se matriculó luego en la Universidad Externado de Colombia para hacer una especialización en Gerencia de Entidades Territoriales. Lo segundo lo demostró cuando ingresó a la Personería de Manizales para hacer el año de la judicatura. Puso tanto interés en su trabajo profesional que al terminar fue contratada para que siguiera trabajando. Esa primera experiencia laboral le sirvió para llegar luego a la desaparecida Seguros Atlas, donde fue asesora en Banca de Seguros. Las ganas también las demostró un día que, en una reunión con líderes del Movimiento de Salvación Nacional, el senador Luis Emilio Sierra dijo: “Levanten la mano quienes quieran ser candidatos a la Cámara”. Ella, convencida de que era capaz de adelantar una campaña política y segura de sus fortalezas para desenvolverse en esa posición, inmediatamente levantó la mano y dijo: “Yo, senador”
Luis Emilio Sierra no dudó de que esa mujer joven y bonita que había llegado a su movimiento convencida de que podría aportar ideas para mejorar la calidad de vida de las clases marginadas fuera capaz de comprometerse en una campaña política. No obstante contar apenas con 33 años de edad, demostraba madurez y, sobre todo, compromiso social. Eso lo valoró el dirigente conservador cuando le dijo que contara con su apoyo. El ya tenía conocimiento de su capacidad de trabajo. Lo comprobó cuando le dio su aval para que aspirara al Concejo de Manizales. Los 1.914 votos que consiguió después de recorrerse todos los barrios de la ciudad fueron el respaldo ciudadano a unas propuestas renovadoras, con contenido social.”Tienes madera política”, le dijo Sierra Grajales cuando resultó elegida concejal. Por esta razón, él no se sorprendió cuando resultó elegida presidente de la Comisión Tercera, que maneja temas de educación, salud y transporte. Tampoco cuando como ponente sacó adelante el proyecto de apalancamiento financiero de Aerocafé para garantizar el desembolso del gobierno español.
Juana Carolina Londoño tiene claras sus metas en la vida. Sabe que en la política se reciben reconocimientos e ingratitudes. Pero dice que tiene una coraza que le permite recibir con fortaleza tanto los elogios como las críticas. Cuando el cronista le pregunta por qué se metió a la actividad política, responde: “Porque me di cuenta de que debo aportar mi capacidad de trabajo para construir una sociedad justa”. Entonces recuerda una tarde en que visitaba una casa de una familia humilde en una zona marginada de la ciudad. Allí vio a un niño que como único juguete tenía un cartón de esos donde viene enrollado el papel higiénico. Había hecho con él un carrito. Ese día le nació la idea de entregar juguetes en cada navidad, de su propia cuenta, a las familias de escasos recursos económicos. “No lo hice pensando en los votos” aclara. Y luego agrega: “Lo hice porque me conmueve la pobreza”. El pasado diciembre entregó 5.500 juguetes en diferentes sectores de la ciudad. Para ella hay tres días que siempre se los dedica a la comunidad: el de la madre, el de los brujitos y el de los aguinaldos. En esas fechas les lleva alegría a los que nada tienen.
Juan Carolina Londoño sabe que de llegar a la Cámara de Representantes son muchas las responsabilidades que se echa sobre sus hombros. Pero eso la tiene sin cuidado. Sobre todo porque es una mujer convencida de su capacidad de trabajo y de su entrega a la comunidad. Además porque cuenta con el respaldo de un esposo, el médico Rafael Arango Vélez, que sabe valorar su trabajo social y, por lo tanto, la respalda en sus aspiraciones. Como la respaldan también sus hijos, Pedro, de 9 años y Eugenia, de 6, que disfrutan acompañando a su mamá en la entrega de los regalos. “Ellos deben aprender que es necesario compartir lo que se tiene con quienes nada tienen”, dice, y en su rostro se dibuja una sonrisa de satisfacción por la labor realizada en este sentido. Ahora que casi todas las noches se echa un discurso en un barrio diferente de Manizales, Juana Carolina Londoño recuerda esa primera vez en que, en Aguadas, a los 16 años, se echó su primer discurso. “Ese día se fue la luz. Yo pensé que la habían apagado porque lo estaba haciendo mal”. Habló ante 1.800 personas. Y cuando volvió la luz la ovacionaron.