24 de julio de 2021
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La historia libera a Cuba

30 de junio de 2009
30 de junio de 2009

Por: Albeiro Valencia Llano

El régimen cubano criticó cotidianamente a la Organización de Estados Americanos porque apoyó las diferentes intervenciones militares de Estados Unidos en el Continente,  como las de República Dominicana, Grenada y Panamá y porque siempre aprobó las acciones y decisiones del gobierno de Washington. El mismo Che Guevara caracterizó a la OEA como “el Ministerio de Colonias de los Estados Unidos”.

Hoy la OEA abrió sus puertas al gobierno de Cuba, pero ¿por qué esperaron 47 años?

Las raíces del problema

El 30 de abril de 1948 se reunieron en Bogotá los representantes de 21 países del continente americano, para adoptar la carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que se comprometían con las metas comunes y a respetar la soberanía de cada uno.

Pasaron los años. Colombia vivía una intensa guerra civil, acelerada por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Mientras tanto el pueblo cubano padecía las atrocidades desatadas por el gobierno del dictador Fulgencio Batista.

Pero el primero de enero de 1959 la revolución guerrillera, dirigida por el joven abogado Fidel Castro, triunfó en Cuba. El nuevo gobierno realizó la reforma urbana y comenzó la transformación del sector agropecuario,  sin antecedentes en  el continente,  que afectó a los ingenios azucareros norteamericanos.

Las represalias llegaron con mucha rapidez. En junio de 1960, las refinerías inglesas y norteamericanas se negaron a refinar el petróleo que llegaba de la Unión Soviética. Como respuesta el gobierno cubano las expropió. Con el ánimo de ahogar la joven revolución los Estados Unidos suprimieron la cuota de importación del azúcar cubano y tuvo que llegar la URSS en apoyo. De este modo Cuba iba reorientando su economía hacia el bloque oriental, en plena Guerra Fría.

Los cambios políticos y económicos que se sucedían en esta isla, tan cercana al país más poderosos del mundo, inquietaba a  sus organismos de inteligencia y al carismático presidente John Kennedy. En este ambiente el gobierno de Estados Unidos dio el visto bueno al proyecto de invasión a Cuba, por un ejército de mercenarios anticastristas entrenados y armados por la CIA.

El 15 de abril de 1961 ocho aviones B-26, con bandera cubana en el fuselaje, bombardearon tres aeropuertos militares y destruyeron cinco aviones. Después, el 17 de abril, desembarcó un  ejército conformado por más de 1.200 hombres en Playa Girón (Bahía de Cochinos); venían escoltados por dos buques. Pero el día 18 se inició la contraofensiva en la que se utilizó artillería que había sido suministrada por la Unión Soviética, pues ya se estaba esperando una invasión proveniente de Estados Unidos. El ataque había sido preparado desde el gobierno de Eisenhower.

La operación fue una catástrofe para Kennedy, pues el ejército de mercenarios tuvo más de 100 bajas y 1.189 prisioneros. En este ambiente hostil, cuando la isla estaba bloqueada económicamente, después de sufrir un ataque militar de su poderoso vecino y tan alejada de la URSS, Fidel Castro se proclamó marxista-leninista.

Por supuesto el bloqueo norteamericano era total. Cuba había perdido a sus proveedores de productos industriales y de repuestos, para su parque industrial y de transporte. El bloqueo se intensificó. Por estos días en Punta del Este (Uruguay) se puso en marcha el programa “Alianza para el Progreso” que impulsaría una política desarrollista para América Latina y la alejaría de la influencia de la revolución cubana. De otro lado, el 14 de diciembre de 1961, el Consejo Permanente de la OEA decidió, a solicitud del gobierno de Colombia, encabezado por Alberto Lleras Camargo, convocar a una reunión para sancionar a Cuba al considerar que el régimen político implantado en la isla era incompatible con el de los países americanos. Poco después el Canciller, Julio César Turbay Ayala, convocó una cumbre de ministros de Relaciones Exteriores para estudiar el “problema cubano”.

Luego, el 31 de enero de 1962 en la Octava Reunión de la OEA, en Punta del Este, se aprobó la Resolución Sexta que dice: “La adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano y, como consecuencia, ‘se excluye al actual gobierno de Cuba de su participación en la OEA’”. La mayoría de los países votaron la expulsión de Cuba movidos por los estímulos económicos que ofrecía la “Alianza para el Progreso”. Por ejemplo Colombia empezó a disfrutar de la “generosa” política de empréstitos y se convirtió en la vitrina de la llamada “Revolución del Desarrollo”.

Cuba es bienvenida

Pero el mundo cambió. América Latina y el Caribe viven otra realidad. Hoy, un grupo de presidentes y de gobiernos comprometidos con sus pueblos, quisieron reparar la injusticia histórica y el bloqueo de los Estados Unidos.

La Asamblea General de Cancilleres de la OEA, reunida en San Pedro Sula (Honduras), decidió por unanimidad derogar la resolución de 1962 que marginó y aisló a Cuba. Los Estados Unidos no estaban preparados para este giro tan brusco, pues Obama quiere una nueva política hacia la isla, pero avanzando con cautela.

Por su parte Cuba “agradece a los gobiernos que con espíritu de solidaridad, independencia y justicia, han defendido el derecho de Cuba a regresar a la Organización. También comprende el deseo de librar a la OEA de un estigma que había perdurado como símbolo del servilismo de la institución”. Sin embargo, ratificó que no regresará a la OEA.

Al respecto escribió Fidel: “Es ingenuo creer que las buenas intenciones de un presidente de Estados Unidos justifique la existencia de esa institución, que abrió las puertas al Caballo de Troya que apoyó las Cumbres de las Américas, el neoliberalismo, el narcotráfico, las bases militares y las crisis económicas”.