18 de junio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Anecdotario entre sotanas

25 de abril de 2009
25 de abril de 2009

 

 

 

La Inmaculada
inmaculadaEn pocillo grande. El reverendo José Domingo Osorio, el famoso “Padre Chocolito”,  salía del orfanato en ese entonces al frente de la Clínica Manizales, a las 4 de la madrugada, siempre con un revólver entre el bolsillo (que nunca tuvo que utilizar, porque nadie osó atracarlo). Entraba al café que había en la esquina del Parque de Caldas, en donde habitualmente  le servían discretamente un pocillo tintero, pero con aguardiente, para poder enfrentar con ánimo el frío y el rezo del Rosario de la Aurora, en la Parroquia de la Inmaculada, a las 5 de la mañana (o a las cinco de la noche, como diría don Pablo Neruda). Más tarde, a medida que avanzaba el día, iba a la sección de contabilidad del Almacén de Hijos de Liborio Gutiérrez,  en la Plaza de Bolívar, a que una de sus fieles le sirviera un pocillito, pero de tinto siempre. A su samaritana no  le constaba lo del revólver y sabía lo del tinto, a lo mejor por aquello del tufo.  

La paciencia de Zuluaguita. Doña Rosa María Gutiérrez, señorita bien mayor, de las Gutiérrez empingorotadas de Manizales, iba a confesarse siempre con el padre Luis María Zuluaga, conocido cariñosamente como “Zuluaguita”, hombre bueno y santo, y además con una gran dosis de paciencia para aguantarse en el confesionario a la muy intensa feligresa  dos o tres veces por semana.   Cuando ella murió, algún guasón de la parroquia sugirió que pusieran en la lápida este epitafio: "Aquí yace Rosa María. Que descanse en paz el padre Luis María".

Las medias de Adolfito. Cuando murió el legendario padre Adolfo Hoyos Ocampo sus atribuladas hermanas pidieron ayuda, en su preparación para el sepelio, a la Sociedad de Mejoras Públicas. Como días antes de su deceso había sido  consagrado merecidamente con el título de Monseñor –lo que le permitía usar medias y botones color púrpura— una de sus hermanas sacó las medias moradas del ropero y dijo: “Pongámoselas, aunque sea después de muerto”. Y así se hizo. El padre Fernando Uribe guardó tan bien esas mismas medias que quienes prepararon el cadáver del padre Hoyos no las pudieron encontrar.

Confesionario hogareño. El famoso padre Pacho Giraldo González (el muy taquillero director y locutor de La Hora Católica, de Radio Manizales) solía oir en confesión, en su propia casa, a gente del estrato más alto que prefería visitarlo en su domicilio para evitar que la vieran haciendo fila, en la iglesia, y dejarle de paso una buena limosna para el culto.

Espacio para la Iglesia. Recién llegado a Aranzazu –tras ejercer como cura párroco simonen el barrio Chipre, de Manizales— el padre Simón Zuluaga le dedicó todas sus energías a la remodelación de la iglesia de esa población nortecaldense. Como le pareció muy pequeño el lote que ocupaba el templo, se tomó media plaza de Bolívar, sin pedirle permiso a nadie para consumar la expropiación,  y parte sin novedad. La de Aranzazu es la única iglesia con parque incorporado que se conoce en Colombia.


La morcilla perturbadora.
El padre Rodrigo López Gómez le servía de palanca a los más humildes en la consecución de empleo. Una familia campesina le mató un pequeño marrano en señal de agradecimiento porque le consiguió puesto a la hija mayor como operadora telefónica, en la vereda Varsovia. El ex párroco de Cristo Rey y de la Catedral y su acompañante al ‘agapito’, Javier Ríos Ramírez, consumieron morcilla hasta el cansancio. La invitación incluyó pernoctada en la chagrita. Al amanecer, el impresor de oficio le preguntó al padre qué tal noche había pasado: “Tuve una noche de perros… le pasé en el cafetal por culpa de la condenada morcilla”.  
 
Otro cura remodelador. El padre Sigifredo Ortiz, de la Santísima Trinidad, debía abandonar su parroquia en diciembre de 2008, pero en vez de dar la pelea para quedarse, se dedicó a embellecer esta iglesia hasta convertirla en el más hermoso santuario manizaleño. Como el acomedido come de lo que está escondido, el sacerdote quedó ratificado por otros ocho años en el templo de sus afectos.

El carro de la Virgen. Se recuerda al padre Esteban Arango González porque financió la chipreconstrucción de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, de Chipre (foto), rifando automóviles. Cuando uno de los vehículos sorteados no fue reclamado por el afortunado ganador, lo dejó para su uso personal, tras explicarles a los fieles, con mucha gracia, que se lo había ganado la Virgen del Carmen, pero como ella no sabía manejar, ni tenía pase, a él le tocaba ponerse al frente del timón.

Oradores sagrados. El padre Antonio J. Giraldo, párroco de Filadelfia (foto iglesia), llegó a ser uno iglesiade los mejores oradores sagrados de Caldas, pero desgraciadamente le cayó una enfermedad que le causó la pérdida de la voz…  El sacerdote Héctor Giraldo, párroco por muchos años de San Antonio, acaba de retirarse por tiempo cumplido. En el despacho parroquial fue atracado dos veces y en una de ellas casi lo matan. Se dice que es el mejor orador de la arquidiócesis manizaleña.

El padre eterno.  A propósito de sacerdotes, cae como anillo al dedo la repetición de esta sabrosa anécdota del Contraplano de julio 17 de 2005: Unas señoras muy piadosas del sector de Ravasco, que está en la Avenida Paralela con la calle 54, de Manizales, le han puesto un sabroso remoquete a un cura de su parroquia que se caracteriza por decir misas larguísimas. Lo llaman, con toda razón, el Padre Eterno.  

La apostilla: Cuando el sacerdote José Domingo Osorio, “El Padre Chocolito”, ¡alma bendita!, empezaba a sentir el hormigueo en su sedienta tripa aguardientera, le ordenaba a su monaguillo de confianza, en La Inmaculada: “Tráigame un bendito, pero volando”. El acólito regresaba poco después con un guaro doble, servido en pocillo grande, comprado en el café de la esquina, que el cura se despachaba de inmediato, sin que se percataran los fieles.