27 de mayo de 2020
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Guillermo Romero Edward Porras: el ojo de la noche

20 de mayo de 2020
20 de mayo de 2020
Un tinto en la calle.

Por Guillermo Romero Salamanca

Cuenta Edward Porras que una madrugada, un grupo de cacos, les pidieron a los agentes que los custodiaban en la estación de Policía que les permitieran ver la sección “El Ojo de la noche” porque deseaban ver las imágenes de su captura, pero, sobre todo, conocer los alias con los cuales se les conocían.

De lunes a viernes, a las 5 y 45 de la mañana y a las 6:23 Edward Porras presenta “El ojo de la noche” en Caracol Televisión, donde relata algunos de los hechos judiciales que fueron noticia durante las horas en las cuales los capitalinos pernoctaban.

Lleva tal vez 17 años como redactor judicial y por ello le ha tocado cubrir periodísticamente infinidad de atrocidades. Desde hace año y medio le ronda en la cabeza escribir un libro contando algunas de esas macabras historias y de la forma como logró convertirlas en noticias.

Recuerda que una mañana una enfermera le contó cómo una mujer había llegado a su turno, quemada con ácido.

–¿Con ácido?, le preguntó el sabueso periodista, a lo cual la auxiliar de la salud le confirmó que era un maldito método que empleaban hombres celosos o envidiosos para atacar a las mujeres.

Era una historia de “no lo puedo creer” y entonces con el camarógrafo Édgar Rengifo, conocido como Lalas, Juan Pablo Molina, el asistente de cámara y Fredy “Fitipaldi” Molina, el conductor se dirigieron al centro hospitalario para contar cómo había sido atacada la carismática Natalia Ponce de León. Ese día quedó trastocado por el hecho.

En la sala de edición

LABOR NOCTURNA

Hacia las 4 de la tarde, Edward Porras llega al Canal Caracol, revisa sus notas, pregunta sobre hechos ocurridos durante el día, planea algunas visitas y analiza puntos vulnerables para visitar desde las nueve de la noche. Se conoce casi todos los “tinteaderos” –lugares donde se reúne con taxistas, fuentes o simplemente para escapar del clima gélido–, pasa por Estaciones de Policía, hospitales, entidades del Distrito, monitorea radio y lee mensajes de WhastApp que pueden darle indicios de una nota.

No importa si llueve, si hay viento o tempestad. Hay que cumplir con la tarea. Riñas acá, grescas allá, enfrentamientos de hinchas, sicariatos, accidentes, manifestaciones, atracos, asaltos, robos de residencias y todo lo que produce el maldito hampa es seguido por este equipo periodístico.

“Caracol nos da unos refrigerios que, a decir verdad, se nos convierten en nuestra comida a la una de la mañana. Ahora, por cuestiones de pandemia, tomamos más precauciones que antes”, relata con su acento característico por el cual ya lo identifican los televidentes.

A las 4 de la mañana hace el primer informe para su jefe Néstor Morales, le deja grabado otro y a las 4 y 30 llega al canal para organizar las notas que saldrán en la primera emisión del Canal Caracol.

Quince minutos antes de las seis hace su primer informe y justo a las 6 y 23 hace el segundo, luego de las respectivas preguntas picantes de Juan Diego Alvira.

Eso sí, a las 7 y 30 de la mañana, sale para su casa para descansar. “El sueño me domina totalmente”, comenta.

Con los presentadores del Canal Caracol.

“LA VIDA ME ENRUTÓ A LO JUDICIAL”

Cuando cursaba el décimo grado, un profesor del Instituto Tecnológico del Sur en Bogotá, llevó a sus alumnos a conocer Caracol Radio. Esa tarde vio en directo La Luciérnaga, conoció a sus personajes y al pasar por entre micrófonos y estudios llegó el enamoramiento por los medios de comunicación.

Al terminar la secundaria, ingresó a la Universidad Jorge Tadeo Lozano para adelantar estudios en Comunicación Social y Periodismo. Buscó la forma de hacer sus prácticas profesionales en Caracol Radio y en Radio Reloj presentó sus primeras noticias. Le tocó al lado de la renombrada Lilian Barreto –la mujer que siempre vestía de negro—y quien era una líder del periodismo judicial del momento.

Al terminar su carrera pasó a Discovery Channel, luego fue nocturno en CityTv, después pasó por el Canal Capital y fue llamado para hacer la sección “El ojo de la noche” en Caracol Televisión.

El equipo del Ojo de la noche

DE LA PANDEMIA A VENEZUELA

–¿Edward, la pandemia disminuyó los casos judiciales o siguen iguales?

–Yo pensé que iba a disminuir la criminalidad por el tema de la pandemia, pero el trabajo se duplicó. Primero comenzaron los cacerolazos, luego, vinieron las protestas por las ayudas de mercados, después, las peleas por las entregas, más tarde, los cierres de vías en los barrios del sur y quién lo creyera: comenzaron los atracos en forma. Así como se reactivó el comercio y se reactivó la delincuencia.

Con Juan Diego Alvira

–¿Cómo analiza el fenómeno delincuencial venezolano?

–Es un tema muy complicado. Para nadie es un secreto que las URI están repletas de antisociales venezolanos. Pero he notado que ellos son muy agresivos, sus ataques pueden ser más violentos que los colombianos. Ellos embisten sin piedad y eso me parece terrible. No les importa mucho si los apresan o si los condenan. Ellos siguen delinquiendo como el caso de la enfermera que falleció por robarle una bicicleta.

–¿Qué le hace falta a Bogotá en tema de seguridad?

–Todo. Yo creería que a Bogotá le falta generar sentido de pertenencia, empezando por las autoridades. La ciudad está llena de colombianos en Bogotá. Aquí todo el mundo viene a dañar y a desordenar, porque no quieren este territorio.

Bogotá es el sitio de llegada desplazados de todo el país y del punto de encuentro de miles de venezolanos.

–¿Le colaboran las autoridades con sus trabajos?

–Ellos me buscan para que les muestre los positivos, lo cual me parece bueno, pero no son claros con los medios cuando se trata de otros temas y sus respuestas siempre son: “todo es materia de investigación”. De ahí no salen.

–¿Ha tenido algún problema con la Policía?

–Una vez hicimos una nota con una coronel Molda, quien se accidentó en la Avenida Boyacá con Avenida Suba, estaba borracha, dando mal ejemplo. Pensé que los generales de la Policía me recriminarían, pero no, me terminaron agradeciendo.

–¿Qué periodistas judiciales admira?

–Hay mucha gente. Me gustaba el trabajo de Juan Carlos Giraldo, lo respeto. Manuel Teodoro, Diego Guaje, quien la tiene super clara, Marcela Pulido, una súper investigadora. Daniel Coronel, por las fuentes que tiene. Adriana Villamarín quien fue mi jefe.

–¿Le gustaría tener un programa suyo en el canal y sobre qué lo haría?

–Claro. Me gustaría que se llamara “Qué pasó con” para investigar y seguirle el hilo a las historias.

–¿Ha pensado en escribir una novela sobre los sucesos que ha encontrado?

–Me viene rondando en la cabeza la idea y tengo algo escrito. Son miles de historias que bien valen la pena recordarlas y contar cómo se lograron y cómo se convirtieron en noticias. La cuestión mía se complica por los horarios, pero sigo tomando nota.

–¿Quiénes estuvieron detrás de las manifestaciones de noviembre?

–No lo sé, pero si existen personajes detrás de esas manifestaciones.  No es casualidad que un día rompan los vidrios de TransMilenio; al otro día, marchen pacíficamente. No es casualidad que, al otro día, haya saqueos en bancos. No es casualidad que comiencen los cacerolazos. No es casualidad que los mismos personajes permanezcan en los mismos sitios después de recibir ayudas. Alguien debe estar moviendo eso.

–¿Ya se acostumbró a los gases lacrimógenos?

–Nunca. Siempre se va a llorar y habrá sensación de ahogo. No es fácil. Los que cubrimos esta fuente sabemos que tenemos que chupar gas lacrimógeno. ¿Cómo evitarlo?, difícil. La gente dice que, con leche, pero eso no funciona. Al final, el remedio está en no parpadear tanto y dejar que el ojo llore.

–¿Qué nota le ha roto el alma?

–Me rompen el alma los hechos en los cuales están relacionadas con niños. Un crimen con un menor de edad es punzante. He llegado a ver sus ropitas y algunas escenas escabrosas. ¿Cómo olvidar el tema de Yuliana Samboní? Esa nota me trastocó. Fue muy duro. Soy un redactor judicial, pero también soy un ser humano muy sensible. No entiendo cómo una persona puede hacerle tanto daño a una inocente criatura.