9 de junio de 2026

EDITORIAL Polarización 

Por La Redactora
9 de junio de 2026
Por La Redactora
9 de junio de 2026

 

La recta final de la campaña presidencial está dejando al descubierto una realidad que trasciende a los candidatos y las coyunturas electorales: Colombia se ha convertido en un país cada vez más dividido políticamente. La polarización ya no es un fenómeno circunstancial ni una simple estrategia de campaña; se ha transformado en el eje alrededor del cual gira gran parte del debate público. Las posiciones moderadas pierden visibilidad, los matices son desplazados por las consignas y la discusión sobre el futuro del país termina reducida a un choque entre visiones que se presentan como incompatibles.

En ese escenario, la política parece alimentarse más de los temores que de las soluciones. Una parte del electorado observa con preocupación cualquier propuesta que implique cambios profundos en el modelo económico e institucional; otra teme que el retorno de discursos centrados exclusivamente en el orden, la autoridad y el ajuste fiscal termine frenando avances sociales o ampliando brechas históricas. El resultado es un país que vota cada vez más condicionado por la incertidumbre y menos por la evaluación rigurosa de proyectos de largo plazo.

Lo paradójico es que, detrás de la intensidad de la discusión ideológica, prevalecen preguntas fundamentales que siguen sin respuesta. Colombia hace frente a retos relacionados con el crecimiento económico, la productividad, la informalidad laboral, la competitividad y la sostenibilidad fiscal. No obstante, estos temas ocupan un lugar secundario frente a una discusión dominada por relatos emocionales que simplifican problemas complejos. Los discursos de campaña ofrecen diagnósticos contundentes sobre lo que está mal, pero pocas certezas sobre cómo construir un modelo de desarrollo capaz de sostener las aspiraciones sociales de las próximas décadas.

La aparente desaparición del centro político también merece una lectura más cuidadosa. Lo que realmente parece haberse debilitado no es el electorado moderado, sino la capacidad de representación de una visión equilibrada de país. Millones de ciudadanos continúan demandando estabilidad del aparato estatal, crecimiento económico, generación de empleo y protección social al mismo tiempo. No se sienten plenamente identificados con los extremos, pero tampoco encuentran una versión sólida que articule esas aspiraciones en una propuesta coherente y convincente.

La consecuencia de ese vacío es evidente. Mientras unos prometen resolver los problemas mediante una mayor intervención estatal y otros confían en que la disciplina fiscal y la seguridad serán suficientes para corregir el rumbo nacional, queda sin resolver el desafío central: cómo generar la riqueza necesaria para financiar el bienestar colectivo. Ningún país ha logrado consolidar sistemas de protección social sólidos sin una economía dinámica, productiva y capaz de crear oportunidades. Del mismo modo, ninguna estrategia de crecimiento resulta sostenible si ignora las demandas de equidad, inclusión y movilidad social.

A medida que se acerca la elección, Colombia parece lidiar menos a una disputa entre izquierda y derecha que a una discusión inconclusa sobre su modelo de desarrollo. El verdadero riesgo no radica únicamente en la victoria de uno u otro proyecto político, sino en que el debate continúe atrapado entre promesas incompatibles, temores recíprocos y respuestas parciales. El país necesita una conversación más ambiciosa sobre productividad, educación, innovación, institucionalidad y generación de riqueza. De lo contrario, la polarización seguirá ocupando el espacio que debería pertenecer a las ideas y a la construcción de un futuro compartido.