20 de julio de 2024

Mi gato

6 de julio de 2024
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
6 de julio de 2024

Se me quedó viendo fijamente, como consultándome: “¿Qué es eso?” Yo no veía lo que él vio, pero creí lo que muchos comentan: el gato es el único animal que puede ver un fantasma. Desde ese día, comencé a vigilarlo más de cerca. De pronto, sin motivo aparente, salta a la repisa, rompiendo unas pequeñas porcelanas. Esto me obligó a reemplazarlas por muñecos de madera. Kasimiro duerme junto a mi cama, pero como escucha ruidos que yo no percibo, se desliza arrastrándose lentamente hacia la ventana. Es bien fisgón y muy aficionado a husmear tras la cortina a hurtadillas.

Quiero preguntarle qué vio. Los gatos adoran dormir con nosotros, pues nos protegen de cualquier amenaza espiritual que podamos sufrir mientras dormimos. Tienen la capacidad de ver cosas que nosotros no podemos y, además, de alejarlas. Igualmente, nos protegen con su ronroneo de personas con “malas energías” que lleguen a nuestra casa. A diario, eliminan la energía negativa de nuestro cuerpo mientras dormimos; ellos la absorben. Esa es la principal razón por la que adoran estar cerca de nosotros mientras descansamos en las noches, esperando nuestro despertar para manifestarnos su amor.

Hoy, cuando mi humano despertó de su pesadilla, le canté “el perr” (ronroneo). En ese momento, me preguntó por qué estaba intranquilo. Entonces recordé algo que leímos juntos el otro día en su diario. Allí está escrita la historia del día que nos conocimos. Él escribió que me había elegido entre todos los gatitos que estábamos en esa jornada de adopción. No le importó que yo fuera adulto, tímido y que estuviera en un rincón. Yo sentía que nadie me adoptaría porque me falta un ojo. Él dice que me eligió porque le recordé a su abuelo, que también había perdido un ojo en la guerra. Mi humano lo extraña mucho. Lo que él no sabe es que, en realidad, no me eligió; fui yo quien lo eligió a él. Fue un momento mágico, muy difícil de explicar con palabras, pero entre gatos sabemos que somos nosotros los que elegimos a nuestros humanos.

Un día conocí a una gatita muy linda llamada Florecita. Fue solo ese día, porque al siguiente la adoptaron y se la llevaron a otra ciudad. En la caja de cartón donde la llevaban, también se fue mi corazón. No volví a sentirlo latir dentro de mí hasta que conocí a mi humano. Gracias, Kasimiro.