20 de julio de 2024

Editorial El voluble mundo de la política

Por La Redactora
9 de julio de 2024
Por La Redactora
9 de julio de 2024

 

La política es impredecible, como lo demostró la victoria sorpresiva de la coalición de izquierdas en Francia, dejando fuera del poder a la extrema derecha. Este cambio nos muestra dinámicas similares en Latinoamérica, donde líderes como Gustavo Petro enfrentan dificultades por la fragmentación política, complicando la implementación de reformas.

 

La política es cambiante, y esto quedó demostrado el domingo en la jornada electoral en Francia, que estremeció el tablero político. La coalición de izquierdas Nuevo Frente Popular (NFP) alcanzó una sorprendente victoria, dejando a la extrema derecha fuera del poder. Este triunfo, aunque importante, no ha garantizado la estabilidad, ya que Francia ahora enfrenta un Parlamento fragmentado y alianzas inestables. Este fenómeno es muy relevante para entender las dinámicas políticas en Latinoamérica, donde países como Colombia han experimentado cambios similares.

El triunfo del NFP en Francia es un logro, ya que obtuvieron 182 escaños en la Asamblea Nacional, consolidándose como la coalición más grande, aunque insuficiente para alcanzar la mayoría absoluta de 289 escaños. La alianza centrista del presidente Emmanuel Macron, Ensemble, quedó en segundo lugar con 163 escaños, mientras que la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen, que había liderado la primera vuelta, terminó en tercer lugar con 143 escaños. Este resultado impide que la extrema derecha gobierne, pero también crea un entorno de incertidumbre y potencial parálisis legislativa.

En Latinoamérica, y particularmente en Colombia, se han visto dinámicas similares. Hace dos años, con la elección de Gustavo Petro como presidente de Colombia, se dio un giro en la política, con una coalición de izquierda y centroizquierda desafiando el dominio de los partidos tradicionales de derecha. Petro, exguerrillero y exalcalde de Bogotá, simboliza una ruptura con el pasado y una respuesta a la insatisfacción popular con la gestión de los gobiernos anteriores. No obstante, su presidencia ha sido empañada por escándalos y su particular forma de gobernar, lo que ha llevado a algunos a decir que le quedó grande el país y la oportunidad de mejorar el presente y futuro de los ciudadanos. Esta tendencia refleja además un patrón más amplio en la región, donde las coaliciones de izquierda han movilizado a votantes descontentos. Pero, irónicamente, este malestar solo ha llevado a la frustración de no poder lograr los cambios positivos que las naciones necesitan.

Por otro lado, la estrategia del «cordón sanitario» en Francia, donde los partidos mayoritarios se unieron para evitar que la extrema derecha alcanzara el poder, es un ejemplo claro de cómo las alianzas tácticas pueden ser efectivas. En Latinoamérica, hemos visto intentos similares, aunque con resultados mixtos. En Brasil, por ejemplo, varios partidos intentaron formar una coalición para oponerse a Jair Bolsonaro en 2018, mientras que en Argentina, la unificación de diversas facciones del peronismo llevó a la victoria de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri.

Estas alianzas, aunque estratégicas, conllevan riesgos. La diversidad interna y las diferencias ideológicas pueden dificultar la gobernabilidad y la implementación de políticas coherentes. En Francia, la coalición del NFP incluye desde socialistas y ecologistas hasta comunistas y el partido de extrema izquierda La Francia Insumisa (LFI). Esta amalgama de fuerzas puede enfrentar diversos retos a la hora de mantener la unidad y la eficacia en el gobierno.

La situación en Francia también resalta la complejidad de las decisiones políticas en un Parlamento fragmentado. El presidente Macron deberá nombrar un nuevo primer ministro en un momento donde ninguna coalición tiene mayoría absoluta. Esta incertidumbre podría llevar a la formación de un gobierno tecnocrático, una solución que podría parecer antidemocrática y alimentar aún más el populismo, como lo vimos en Italia tras el mandato de Mario Draghi.

En Colombia, la coalición de Gustavo Petro, por ejemplo, enfrenta obstáculos típicos de la fragmentación política y alianzas inestables, dificultando la implementación de reformas. La crisis en el sistema de salud, con desvío de fondos y protestas por intervención gubernamental, agrava la situación. Además, las negociaciones de paz han encontrado impedimentos por concesiones cuestionadas a grupos armados, aumentando la desaprobación hacia el gobierno y la percepción de un deterioro generalizado en el país.

La experiencia francesa ofrece lecciones valiosas para Latinoamérica. La importancia de las alianzas estratégicas para frenar el ascenso de la extrema derecha es clara, pero también destaca la necesidad de buscar consensos amplios. La capacidad de las coaliciones para mantenerse unidas y gobernar de manera efectiva es fundamental para evitar la parálisis legislativa y asegurar la estabilidad política.

Por lo tanto, la remontada de la izquierda en Francia refleja una tendencia global de cambio político en respuesta a la insatisfacción popular. Tanto en Francia como en Latinoamérica, estas victorias de la izquierda y el centroizquierda presentan dificultades en términos de gobernabilidad y unidad. La protección de la democracia y la eficacia gubernamental dependerán de la capacidad de estas coaliciones para negociar, encontrar puntos en común y responder a las demandas de sus ciudadanos sin perder de vista la estabilidad y la coherencia democrática.