24 de junio de 2024

El régimen

Por Augusto Trujillo Muñoz
8 de junio de 2024
Por Augusto Trujillo Muñoz
8 de junio de 2024

La Constitución del 91 no sería ninguna panacea, pero sí fue pensada en función del nuevo país que, entre la necesidad y la esperanza, se esbozaba en el horizonte. Sin embargo, Adela Cortina se permitió decir que “los colombianos no la tomaron en serio”. El mismo gobierno que avaló su texto, propició contrarreformas que lo desvirtuaron. La autonomía territorial, la participación ciudadana, el pluralismo jurídico se quedaron escritos, mientras el viejo sistema electoral, la partidocracia, la recentralización, fueron revividos en sucesivas reformas.

 

De esa manera se perpetuó algo que Álvaro Gómez Hurtado bautizó con un nombre apodíctico: ‘El Régimen’. Los grandes temas de la nueva Carta Política, fruto del consenso constituyente, no encontraron voluntad política para su desarrollo. Hay un gran vacío de liderazgo, dijo Gómez: “Es un vacío que suena, que pesa, que duele”. Y agregó un alarmante aserto: “La política se ensució en los últimos años para girar en torno al clientelismo y al dinero. ‘El Régimen’ que la sustenta necesita mantenerla así para mantener su predominio”.

 

La Constitución que se pensó para un nuevo país se enredó en las mismas urdimbres de ‘El Régimen’. Gómez recuerda que al ‘Régimen’ pertenecen “con distintos grados de afiliación, el Congreso, los partidos políticos, la prensa oficialista, algunos grandes bloques económicos y sectores minoritarios de los sindicatos, de la Iglesia y de los gremios. Y, claro está, el Gobierno. El gobierno es el agente más activo de este conglomerado de solidaridades ilegítimas”. ¿Qué hacer, entonces, para enfrentarlo?

 

La respuesta fue bien preocupante: “Nadie se atreve a interferir ‘El Régimen’ porque es más fuerte y más duradero que cada uno de sus componentes. Tiene una omnipotencia ilimitada y ejerce sobre la sociedad un dominio oscuro, denso, amorfo”. Su poder actual sería, incluso, mayor que en los tiempos de Álvaro Gómez: Conserva su influencia sombría porque se vistió de populismo y puede cooptar la crítica o manipularla a voluntad. El actual gobierno lo ha desafiado en medio de no pocas improvisaciones y, tal vez por eso mismo, sin éxito.

 

“El Nuevo Siglo” publicó, el 1 de diciembre del 2020, el texto completo de la conferencia de Álvaro Gómez sobre este tema, la cual definió como su manifiesto para la posteridad: “No vale la pena acusar al presidente o disolver el Congreso o zarandear a los jueces. ‘El Régimen’ es más fuerte y más duradero que cada uno de sus componentes”. Resulta muy difícil desmantelarlo. Gómez tenía razón, pero la Carta Política también: La autonomía territorial, la participación ciudadana, el pluralismo jurídico significan una respuesta.

 

En efecto, el solo hecho de divorciar el suceso local/regional de la maraña nacional desata una dinámica capaz de generar nuevos desarrollos políticos. Una auténtica participación de los ciudadanos va a modificar el poder omnipresente de unos partidos políticos privatizados. El pluralismo jurídico está en condiciones de conseguir unidad en la diferencia. ‘El Régimen’ se encargó de desactivar cualquier estímulo a esas tres instituciones, porque cada una de ellas y, sobre todo, las tres en su conjunto podrían neutralizarlo. Basta, entonces, con regresar al texto original de la Constitución: Pero, los colombianos necesitan tomárselo en serio.