14 de junio de 2024

A prueba la paciencia de los colombianos

28 de mayo de 2024
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
28 de mayo de 2024

Después de algunos años de ausencia, salí a caminar por un sector del centro de Manizales en compañía de amigo Carlos Enrique Escobar, conversador exquisito, quien enciende con sabiduría, espontaneidad y gran naturalidad, una charla, sobre cualquier tema, con cualquiera que se atraviesa en su camino.

 

Kike, como le llamamos cariñosamente, aceptó satisfacer mi intención de hacer embetunar mis zapatos en un costado de la Catedral Basílica. Y como su habitual “lustrador de zapatos” estaba ocupado, elegimos a alguien que estaba disponible.

 

Ambos conversamos con Chucho durante los minutos que el “lustrador” se tomó para hacer brillar el cuero negro de los mocasines. Mi primera inquietud fue saber por qué y desde cuándo le faltaba su pierna derecha, desde arriba de la rodilla. “Me dio un trombo en un dedo, por problemas de mala circulación. Eso, de la amputación, fue más que todo descuido médico porque no me atendieron a tiempo” nos dijo Juan de Jesús. Tiene muy clara la fecha de la cirugía: “Cumplo 9 años este 6 de Junio”, mencionó. Y entre el dolor físico y el desestímulo moral, que vivió y vive, Juan Jesús, aun encuentra un consuelo positivo y es que gracias a ello abandonó su arraigado vicio de fumar. Vive solo: “Casado pero separado desde hace 11 años”, nos dijo.

 

Vive en un hotel en “la calle del tango”. Paga $15,000 diarios y “Gracias al Señor, aquí me va muy bien trabajando; me consigo $40,000 o $45,000 diarios. Cuando está duro me consigo 30. Alcanza para la comida y para la dormida. Hace un mes terminé de fabricar esa cajita de madera donde vendo dulces, chicles, cigarillos”.

Le pregunté si para él sería mejor una silla de ruedas que las muletas que usa, pero tiene muy claro que aunque la gente en Manizales es generalmente “culta y educada”, no todos tienen la paciencia para ayudar a personas con alguna invalidez y, con las faldas en la ciudad, se complica el traslado en silla de ruedas porque muchas veces depende de la ayuda de terceros. Las muletas se las donó un sacerdote.

 

Para el cuidado de su salud, J.J. se las arregla con el seguro que brinda el gobierno para los más desamparados, a través del SISBEN. Pero tiene claro que así como perdió una de sus extremidades, por falta de atención oportuna, también podría perder la vida debido a negligencia médica, sumada, en elevada potencia, a la negligencia de quienes a nivel administrativo tienen la responsabilidad de cuidar por la salud de los colombianos.

 

Por no tener conocimiento abundante, tampoco tengo autoridad para profundizar en el tema del manejo del sistema de salud en Colombia. Eso tengo que reconocerlo. Pero no hay que ser ningún experto para darse cuenta del deterioro que sufre y que aumenta cada día.  De eso no cabe duda, como tampoco hay duda de que la responsabilidad recae totalmente en un sistema político maltrecho desde siempre, en el que buenos y malos se conjugan para señalar a otros como responsables y eludir lo que les corresponde. Tristemente, parece que hay más malos que buenos en este proceso.

Mientras tanto, en las calles de mi país, no miles sino millones de Juan Josés, dependen de que los apegos inquebrantales a la corrupción, a la maldad y al derroche, se rompan algún día para que la atención médica se produzca como debe ser, las medicinas y tratamientos sean los adecuados, y para que el tiempo de atención sea un factor a su favor y no en su contra.

 

Hoy, cuando escribo esta columna, se desmorona otra EPS, la tradicional SURA. Anunció su retiro voluntario del Sistema General de Seguridad Social en Salud en Colombia, lo que afectará a unos 5 millones de afiliados.

 

La noticia condujo de inmediato a que los “analistas de turno” emitan sus juicios, unos a favor, otros en contra del gobierno, esgrimiendo toda clase de argumentos, a veces tan mal intencionados, que, con audios y videos (algunos mal editados) tratan de convencer a un pueblo al que lo que más le interesa es una solución, con o sin reforma del sistema de salud. Solución que no salta a la vista cuando de por medio están los intereses personales de quienes deben tomar cartas en el asunto para hallar una solución que, de no darse, conducirá a profundizar el caos social que desde hace mucho tiempo azota a nuestra amada Colombia.

 

Esto último que menciono, quiere decir, que quizás antes de lo que creemos o pensamos, las pequeñas crisis, enojos y reclamos frente a centros de atención médica en Colombia, podrían ser foco para hervir una crisis que ni la fuerza pública podría controlar. Si se quiere poner a prueba la tolerancia de un pueblo, tan solo hay que privarlo de alimento, abrigo y atención a sus necesidades básicas.