13 de junio de 2024

El Arte de la Prudencia

15 de abril de 2024
Por Augusto Trujillo Muñoz
Por Augusto Trujillo Muñoz
15 de abril de 2024

Según los especialistas, la obra del jesuita español así titulada, debe releerse constantemente. Es un texto escrito en el Siglo de Oro, que conserva vigencia. Así mismo, un contemporáneo jurista español recogió en una sola frase relacionada con el derecho, un concepto básico para la convivencia social. El jesuita dijo que” tanto huye de ser contradicho el cuerdo como de contradecir”. El jurista dijo: “la mejor manera de conservar una buena constitución es a través de sus oportunas reformas”. Ambas cosas expresan prudencia.

Tanto el buen juicio, como las buenas leyes necesitan directa conexión con el entorno. Es la realidad la que impone el espíritu, el sentido, el texto mismo de las normas y no al revés. Sin embargo, a menudo las realidades actuales se desenvuelven sujetas a normas teóricamente bien logradas, pero escritas para regular hechos superados o realidades propias de otros tiempos o de otros espacios. Por eso no funcionan y su aplicación no genera acatamiento sino crisis, anarquía o despotismo.

Las crisis se vuelven inevitables cuando las normas se eternizan en el tiempo o cuando frente a las críticas, el poder se resiste a cambiarlas o cuando se suplantan aspiraciones legítimas de la sociedad o cuando se conspira contra las instituciones con procedimientos que falsifican el estado de derecho o, simplemente, cuando un modelo colapsa. Los fascismos y los comunismos son ejemplos históricos extremos de crisis insolubles pues, como muestra la historia, pretenden eternizarse en el tiempo y, más temprano que tarde, colapsan.

En el mundo actual los populismos de cualquier signo son los peores enemigos del Estado de Derecho. Un gobierno improvisador que privilegie la audacia sobre la prudencia, o una oposición irresponsable que privilegie la agresión sobre la crítica, privilegian también las pasiones sobre la reflexión y la confrontación sobre el diálogo. Los populismos estimulan esas dos actitudes irreflexivas y conducen fatalmente a una crisis política, más aguda aún, en cuanto haya más improvisación y más irresponsabilidad. En una sociedad civilizada, esa crisis solo puede resolverla la política, así nazca del simple colapso de una reforma o del hondo colapso de todo un modelo, es decir, solo la resuelve el diálogo entre adversarios.

Los fundamentalismos del siglo XX predicaban que no había sino dos salidas: la dictadura, para evitar la revolución y la revolución para acabar con las dictaduras. En la mitad, un Estado de Derecho teórico. Eso era la antipolítica porque no supone diálogo sino confrontación y violencia tanto en el lenguaje como en los hechos. En el cono sur no se han recuperado de sus dictaduras, ni en el caribe de sus revoluciones. Colombia ha superado violencias internas y depresiones globales gracias al juicioso manejo del arte de la prudencia. Por desgracia, hoy escasea en todo su ámbito dirigente. Desde él se está privilegiando la guerra. Es increíble cómo en el seno de los partidos, de algunos centros de pensamiento, de grupos profesionales y desde las mismas redes, se invita a la guerra en vez de invitarlos a la paz. Por Dios, está claro desde Aristóteles: el hombre es un animal social. Bueno, era; porque lo estamos volviendo antisocial.