14 de junio de 2024

Transfugas

13 de marzo de 2024
Por Octavio Cardona
Por Octavio Cardona
13 de marzo de 2024

Nuestro modelo político electoral se fundamenta en partidos políticos fuertes, donde se supone que los militantes se deben adecuar a los estatutos y condiciones ideológicas de las organizaciones partidistas. No obstante, en la práctica no son los militantes los que se adecuan, son las organizaciones y partidos los que terminan ajustándose a las condiciones y requisitos que imponen cada uno de sus corporados, de tal suerte que no tenemos partidos fuertes, muy por el contrario, lo que tenemos son partidos débiles, con liderazgos fuertes.

En las últimas décadas, pero especialmente después de la Constitución de 1991, surgieron en Colombia novedosas formas del ejercicio político que aparecieron como soluciones mágicas para el fortalecimiento de los partidos y de la democracia. Entre esos sistemas que trajeron para innovar, nos dijeron que ya no teníamos una democracia representativa, sino que teníamos una democracia participativa, que ya no era con papeleta sino con tarjetón, que habría sistema de listas únicas, que empezaría a operar la cifra repartidora y el umbral, que se pasaba del bipartidismo al pluripartidismo, que se acababa con la guachafita del cambio de partidos y se imponía la prohibición de la doble militancia.

Intenciones maravillosas las que nos pintaron. Lo de la democracia participativa se ve muy bien en el papel, pero de ahí no pasa, lo del pluripartidismo nos puso en un sistema que actualmente cuenta con cerca de 40 partidos, lo que es aterrador, pero además, lejos de fortalecer los partidos, los tiene completamente debilitados, y lo de la doble militancia es un canto a la bandera, no solo porque es una norma permanentemente burlada por muchos candidatos, sino porque los propios partidos la propician, solo que, disfrazada.

En el año 2009, se profirió un acto legislativo modificatorio de la constitución, según el cual, “dentro de los dos (2) meses siguientes” a la entrada en vigor de ese acto legislativo, se autorizaba, “por una sola vez”, a los miembros de los Cuerpos Colegiados de elección popular, “para inscribirse en un partido distinto al que los avaló, sin renunciar a la curul o incurrir en doble militancia”. (subrayas y negrillas mías)

Pues resulta que la autorización implicaba que cualquier edil, concejal, diputado, representante o senador en ejercicio, podía tranquilamente migrar a otro partido diferente de aquel, por el cual se había elegido, de tal suerte entonces que algunos liberales pasaron a ser conservadores; algunos conservadores, se volvieron de Cambio Radical; algunos cambio radicalistas, mutaron al Mira; algunos miraistas, pasaron a la U; algunos de la U, pasaron a Apertura Liberal y así sucesivamente.

Esa autorización se concertó entre los partidos políticos con personería jurídica que hacían presencia en el Congreso y fue concedida por una SOLA VEZ, no obstante, en el año 2022 se radicó un proyecto de ley en el mismo sentido, permitiendo la migración o transfuguismo por una sola vez.

La semana pasada, nuevamente se radicó el mismo proyecto, permitiendo que  haya transfuguismo, en esta ocasión, con el propósito decidido de que haya reacomodo entre sectores afines al Pacto Histórico y la Colombia Humana, lo que nuevamente se hace por “UNA SOLA VEZ”.

Como se puede evidenciar, ya no es técnico hablar de una sola vez, ahora toca decir, por primera vez, por segunda vez, por tercera vez y así sucesivamente.

Lo más sorprendente es que las autorizaciones para salir y entrar de los partidos, las dan las propias agrupaciones políticas, cuando es claro que esas acciones no los fortalecen como partidos, más bien los debilitan y de paso los dejan al vaivén de aquellos que se guarecen bajo sus estatutos, símbolos y colores para efectos de elegirse, abandonando luego esas organizaciones cuando ya han sido elegidos, traicionando de paso y en gran medida, el pensamiento de los electores que en muchas ocasiones orientan y dan su voto al amparo de los partidos que avalaron a su candidato.

Los elegidos que se van y que reniegan de su partido, para algunos son unos tráfugas, para otros unos tránsfugas.