14 de junio de 2024

Intoxican el ambiente, enturbian la política, destrozan la convivencia

17 de marzo de 2024
Por Augusto Trujillo Muñoz
Por Augusto Trujillo Muñoz
17 de marzo de 2024

‘El País’ América, en su edición del 8 de marzo último, publicó un artículo del periodista colombiano Juan Miguel Hernández Bonilla que induce a repensar en torno a esta desventura que están inoculando en el alma colectiva, los mismísimos dirigentes políticos de casi todos los grupos. El texto de Juan Miguel ayuda a rescatar la ilusión y a recuperar la esperanza.

Anota en su crónica que Iván Cepeda y David Luna son un par de senadores que están en desacuerdo casi en todo pero que, en reciente sesión plenaria, dieron una lección de respeto político y de entendimiento democrático. Esas son, agrega, “virtudes escasas en un recinto que en los últimos meses se ha caracterizado por peleas, insultos y descalificaciones personales”. Ese mismo día, el senador Miguel Uribe reiteró su deleite por la confrontación radical, mientras la sensatez y la prudencia se hunden en un mar de provocaciones.

Cepeda fue diáfano al decir que los políticos de hoy no están pensando en su país sino en su reelección inmediata. El ejercicio de políticas irresponsables y la presencia de políticos incendiarios abundan, mientras “el problema del narcotráfico sigue devorando el territorio, la minería ilegal sigue devorando el territorio, el problema de los inmigrantes sigue devorando el territorio, y nosotros en esta Cámara perdiendo el tiempo”. El senador finalizó su intervención insistiendo en la idea de un gran acuerdo nacional entre adversarios.

Luna intervino enseguida para expresar que, más allá de sus divergencias, compartía con Cepeda la idea de suscribir un gran acuerdo nacional, aunque se quejó de la poca disposición del gobierno para suscribirlo. Agregó que “en el disenso se construyen los consensos” y que es hora de abandonar la polarización y disponerse a “conversar con quien piensa distinto”. El periodista Hernández concluye con una frase tan obvia como diciente: “Hubo aplausos”.

En línea paralela interpelan otros voceros de la comunidad: El domingo 10 de marzo, el columnista de ‘El Espectador’ Ramiro Bejarano Guzmán afirmó que tanto el petrismo como el uribismo son “dos fuerzas políticas que están labrando un futuro de resentimientos y pobreza”. En su contundente estilo alertó frente al crecimiento del desencanto y el odio, mientras el país marcha hacia el abismo.

En ‘El Tiempo’, Alfonso Gómez Méndez se duele de la crispación en la política y de la pobreza intelectual del debate público. Guillermo Pérez Flórez, en ‘El Nuevo Día’, sostiene que en Colombia no se hace política para buscar el acuerdo, sino para propiciar la diferencia. En este juego de irresponsabilidades resulta indignante acusar al gobierno de “empoderar a los criminales”, como lo hace el senador Uribe, y resulta necio “mantener los anuncios improvisados que siguen saliendo de la catarata de trinos gubernamentales”, para usar el aserto de Juan Camilo Restrepo Salazar en su columna de ‘El Nuevo Siglo’.

Las voces de los senadores Cepeda y Luna interpretan el enorme cansancio ciudadano frente a las sinrazones de esta política sectaria, pendenciera, agresiva. Hay un país que reclama cambios y necesita ser escuchado; por desgracia también hay muchas gargantas y no pocas plumas que intoxican el ambiente, enturbian la política y destrozan la convivencia.