14 de junio de 2024

Entre la vieja y la nueva historia de Armenia

14 de marzo de 2024
Por Armando Rodríguez Jaramillo
Por Armando Rodríguez Jaramillo
14 de marzo de 2024

En sesión pública de la Academia de Historia del Quindío – AHQ se presentó el pasado 7 de marzo el libro La nueva historia de Armenia. Tomo I del escritor Miguel Ángel Rojas Arias, que compila hechos y sucesos de las culturas precolombinas, la fundación de la cuidad y sus mitos fundacionales, la organización del municipio y los intereses políticos y económicos que se dieron, el progreso urbanístico con la llegada del ferrocarril en 1927, la consolidación de Armenia como centro de acopio, trilla y exportación de café, el desarrollo empresarial, las confrontaciones políticas y la violencia partidista, amén de algunos hechos que antecedieron la creación del departamento. Enbuenahora Roja Arias, con la disciplina del historiador y la narrativa del periodista, recopiló el devenir de la ciudad en sus primeras décadas de vida.

Sobre la obra, su prologuista, el escritor Jaime Lopera Gutiérrez, señaló que en este libro «están los sucesos que le dieron fisonomía a la ciudad y el valioso rescate de muchos documentos y memoriales que tienden a satisfacer este proceso», para enunciar, al final del exordio, tres aspectos que ya suscitan un interesante debate, a saber:

«He puesto entre paréntesis los debates que hemos tenido con Miguel Ángel, para no deslucir el esfuerzo cometido. Pero tengo que aprovechar la ocasión para decirle que esa tribu que él ama, los quindos, según las huellas científica del Carbono 14 nunca existió. Decirle que no fueron los calarqueños los culpables de los puñetazos con los armenios, por faltones el convite en el río, sino el provocador corregidor, Ochoa, al parecer un burócrata cartagueño que representaba al alcalde de Salento. Y además revelarle que el desarrollo de Armenia no comenzó en 1927 con la llegada del tren, sino dos años antes cuando un grupo importante de concejales le sacaron unos dineros al presidente Abadía Méndez para empezar el alcantarillado, el acueducto y la energía de Armenia según unas Actas del Consejo Municipal de esa época…».

Ante esto, Rojas Arias aprovechó la presentación de su libro para rebatir los enunciados, situación que plantea polémicas que harán honor a la forma particular en la que Lopera se refiere a la AHQ al calificarla de foro de hombres libres, pues las investigaciones traen los beneficios de dejar resquicios para la duda.

Asimismo, otro de sus prologuistas, el académico Germán Medina Franco, señaló que «los hallazgos del autor, fruto de un agudo olfato periodístico cultivado en largos años de ejercicio profesional, pero sobre todo de un minucioso trabajo de investigación de fuentes primarias realizado con el rigor metodológico que le impone su formación académica en la disciplina de la Historia, lo consagra sin lugar a duda como el historiador por antonomasia de la ciudad de nuestros afectos».

Una reflexión aparte merece el título de la obra, porque puede dar la impresión de que se está ante un intento de reescribir la historia; sin embargo, creo que la intención del autor fue la de reportar hechos inéditos que dan cabida a novedosas exégesis. Sin duda que esta investigación denota una tarea paciente y ardua, siempre en tensión con lo consabido y repetido, que llena un vacío en una ciudad en la que, a pesar de ser moza [próxima a cumplir 135 años], sus habitantes han olvidado de forma paulatina su pasado como si padecieran de un deterioro gradual de la memoria colectiva, del pensamiento, del comportamiento y de las habilidades cívica. Es como estar ante un alzhéimer generalizado que pone entre brumas nuestras raíces, difumina nuestra identidad y debilita la virtud cívica que alguna vez nos caracterizó. Una ciudad y una comunidad que no reconocen su historia son una ciudad y una comunidad zombi; de ahí el valor de la obra que nos ocupa pues se adentra en compilar un pasado oculto o disperso entre múltiples documentos y relatos, texto que contribuirá a la enseñanza y el aprendizaje de nuestra historia.

Para concluir, quiero citar apartes de la columna que la escritora Irene Vallejo Moreu publicó El País de Madrid (10-03-2024) titulada El pasado en construcción. Disculpen las molestias porque conectan con el asunto que nos ocupa:

«Somos la única especie que conoce el mundo anterior a nuestro nacimiento, las únicas criaturas capaces de asomarnos al misterio de los milenios antiguos. Un caballo, un gato o una pulga ignoran las peripecias de sus antepasados […]. Nos encanta indagar en el ayer, reinterpretarlo desde la mirada del ahora. Viajamos por los meandros de la nostalgia, las falsificaciones, las raíces, los asideros, la curiosidad y las coartadas. Nuestra relación con lo que fue es apasionada: el pasado pesa, y eso es lo que nos pasa […]. Casi sin querer, la fantasía empieza a rellenar los huecos excavados por los remordimientos y el olvido: por eso nuestro relato vital puede ser completamente imaginario, pero nunca totalmente verdadero […]. Entre nuestras ficciones hay algunas maravillosas; las mejores serán las que nos ayuden a vivir en comunidades más unidas y humanitarias […]. El estudio de la historia nos demuestra que gran parte de lo que hemos construido se apoya en ideas, que son aire, vaho, niebla y pálpito».

Coletilla: Gabriel García Márquez escribió como preámbulo de sus memorias en Vivir para contarla (Mondadori. Barcelona. 2002) lo siguiente: «La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla».