13 de abril de 2024

El de Gustavo Petro: el gobierno del derroche

21 de febrero de 2024
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
21 de febrero de 2024

La situación económica del país no es buena. Tanto que el propio gobierno ha advertido que debe hacerse un ajuste a la reforma tributaria aprobada en el 2022. Y, en una salida en falso, el Ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, hablando en un foro sobre la reforma a la salud, dijo que había que hacer otra reforma tributaria para solucionar los problemas que este sector enfrenta. Estuvo tan fuera de lugar la propuesta, que el mismo Ministro de Hacienda salió a decir que Jaramillo estaba divagando. Esta situación económica se debe, entre otras cosas, a que ha caído la inversión extranjera, a que muchos capitales se han ido del país, a que la venta de vivienda nueva se redujo en un 51% y a que existe incertidumbre frente a un gobierno de izquierda.

Cuando recibió el gobierno, Gustavo Petro dijo que le habían entregado la olla raspada. Fue esta una de las razones que lo llevaron a decirles a los colombianos que se requería una nueva reforma tributaria, que le garantizara recursos para mantener la estabilidad económica. Y propuso una con la que aspiraba a recaudar veinticinco billones de pesos que, al final, quedó reducida a veinte billones. En sus palabras, esta reforma le permitiría a su gobierno erradicar el hambre, reducir la pobreza y combatir la desigualdad social. Pero también, honrar la deuda pública del país, que al 31 de diciembre de 2023 era de 190 mil 537 millones de dólares. Hay que tener en cuenta que por el servicio de la deuda el gobierno pagará este año cerca de 105 billones de pesos, la quinta parte del presupuesto de la nación.

Gustavo Petro propuso entonces austeridad en el gasto público. Había que ahorrar para poder atender otras necesidades. Dijo que el recorte de gastos debía hacerse no solo en el gobierno central, sino en todas las entidades del Estado. Según sus palabras, el país no estaba para excederse en gastos ostentosos. Sin embargo, ha sucedido todo lo contrario: se está gastando dinero a manos llenas. El gobierno que pregona el cambio no se contiene en el momento de gastar. ¿Cómo es eso de viajar a Dubái para participar en la COP 28 con una delegación de 379 personas a costillas del Estado? ¿Cuánto le costó a Colombia este viaje de funcionarios, representantes del sector privado y de la sociedad civil a los Emiratos Árabes, donde todo es carísimo?

¿Qué decir del viaje a Davos? El alquiler por cuatro días de una vivienda para instalar la Casa Colombia costó 4.500 millones de pesos. ¿No es esto, acaso, un gran derroche de dinero? Petro predica, pero no practica. Tanto que permite que su esposa, Verónica Alcocer, sin ser funcionaria del Estado, se gaste más de mil millones de pesos en maquillador, periodista, fotógrafo y asesor de vestuario. Esto sin contar los costos de sus viajes internacionales. ¿Qué tiene que hacer ella como embajadora en misión especial para asuntos protocolarios? En este cargo la nombró Álvaro Leyva Durán mediante decreto 035 del 12 de enero de 2023. Alcocer fue a los funerales de la Reina Isabel II y del ex primer ministro japones Shinzo Abe, con pasajes y viáticos pagados por el Estado.

Aquí no terminan los excesos en gastos del gobierno. La creación del Ministerio de la Igualdad, con 720 nuevos cargos, es una vena rota por donde se van los recursos del Estado, que son dineros del pueblo. Lo que va a hacer este ministerio, en manos de la vicepresidenta Francia Márquez, lo hacen varias entidades gubernamentales. Esos quinientos mil millones de pesos que quedaron en el presupuesto de la nación para su funcionamiento durante el primer año deberían invertirse en obras de mejoramiento vial en zonas campesina. Pero no. Había que darle un cargo donde ella pudiera ubicar a su gente. No contenta con viajar por el mundo ni con tener un helicóptero a su servicio para desplazarse hasta Dagua, exigió un ministerio para saciar sus ansias de poder.

El de Gustavo Petro es el gobierno del derroche. Va a entregar, cada mes, un millón de pesos a los asesinos para que dejen de matar. El presidente piensa que, con este regalo, vuelven al camino del respeto a la vida. Se equivoca. Si a estos jóvenes alguien les ofrece cinco millones para que maten a otra persona, lo reciben. Saben que con un millón de pesos no viven. De otro lado, la cancillería adquirió 31 camionetas hibridas 4×4 por un valor de seis mil doscientos millones de pesos cuando su parque automotor es relativamente nuevo. Y no nos asombremos el día en que, para que no delincan, decida mantener con recursos del Estado a los guerrilleros del ELN, como ellos lo proponen. No le queda bien a Petro pregonar austeridad mientras incurre en gastos que son onerosos.