31 de enero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

¡Derechos de los campesinos!

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
24 de enero de 2023
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
24 de enero de 2023

Es inconcebible e inaudito, que en pleno siglo XXI, los derechos, deberes y obligaciones de nuestros campesinos, no estén regulados constitucionalmente.

Siempre he sostenido en columnas anteriores, que los Gobiernos de turno, deben responder, por lo que el campesino produzca, garantizándoles la compra de sus cosechas a precios justos, y en la misma forma proporcionándoles insumos a precios justos y equitativos, ya que varios de ellos, pueden producirse  en el sector rural.

Parece, se nos ha olvidado, que los recursos humanos y naturales, existentes en las diferentes veredas de nuestros País, son valor agregado para fortalecer las actividades del siembra y cultivo de nuestros predios.

Existen algunos asomos Constitucionales, que el Constituyente primario, los incorporo en la Reforma Constitucional del 91, lo que no son en nada eficientes, para defender la labores del campo, en todas las instancias de la vida nacional y productiva, de nuestro Estado de Derecho.

Lo anterior, es razón suficiente, para que el campesino, esté desertando de las labores agropecuarias, ingresando a las áreas urbanas, a fortalecer los cinturones de miseria.

Considero que llego la hora de una Reforma Constitucional, que regule plenamente las labores del sector rural y los derechos, deberes y obligaciones de nuestros campesinos.

Los campesinos no pueden continuar siendo, instrumento de causa de los gobiernos y polítiqueros de turno, que se aprovechan de sus más urgentes y elementales necesidades, enarbolándoles, banderas políticas mentirosas, sin tener en cuenta que el campesino de los últimos tiempos, se ha preparado en tal forma, que muchas veces, sacan corriendo a los gobernantes y políticos de turno, de  asambleas y reuniones.

Son millones los campesinos, que se encuentran extraviados en las ciudades, puesto que han abandonado sus parcelas; unas veces, por falta de oportunidades y otras por la inseguridad que se vive en las áreas rurales.

Sin embargo, hay un tercer factor más preocupante y es el de la agro-industrialización y comercialización de sus productos, que infinidad de veces, tienen que destruirlos o utilizarlos para comida de animales.

Pero, lo más grave de todo esto, es que las labores del campo, no se mueven por si solas; el campesino para poder producir, acude a los créditos del banco agrario, – hipotecando sus parcelas, o acudiendo a los prestamistas y agiotistas del pueblo, que les prestan, pero, con intereses excesivamente altos.

Profesionalizar las labores del sector rural y las actividades mismas de quienes las ejercen, – que sin lugar a dudas, son nuestros campesinos- de: botas pantaneros, mulera, hacha y azadón, es lo menos que se puede pedir a nuestro Estado de Derecho, donde quienes trabajan la tierra, madrugan con las primeras luces del día y suspenden sus arduas jornadas, cuando el sol se oculta en los horizontes de sus parcelas.

No se puede concebir, que en pleno siglo XXl, nuestros campesinos, continúen reclamando sus derechos a una vivienda digna, con todos los servicios básicos, y aspiren a una pensión de jubilación, para pasar los últimos días de su vida, en forma tranquila y sin mayores afujías económicas.

Lamentablemente, las necesidades y derechos de nuestros campesinos, no pasan de ser  instrumentos políticos, aprovechados en tiempos de campañas políticas, donde los aspirantes a cargos por elección popular, se rasgan las vestiduras, prometiéndoles, lo divino y lo humano, pero, después de pasadas las gestas y contiendas electorales, se olvidan de lo prometido.

Los derechos de los campesinos, – non están regulados, ni mucho menos  definidos, en la Constitución política de nuestro País, que les permita programar sus actividades agroindustriales y abrir canales de comercialización para sus productos, puesto que sin la protección del Estado de Derecho, todo lo que se haga y se diga, es tiempo perdido.

Total, que en el sector rural, los campesinos que lo cultivan y sus productos, deben ser una política permanente de nuestra Estado de Derecho; esto se logra con una reforma integral, pero no prometiéndoles babosadas, que finalmente se van por los despeñaderos del clientelismo y la corrupción.