31 de enero de 2023
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Ciudad colombiana de Pasto revive su historia en Carnaval de Negros y Blancos

4 de enero de 2023
4 de enero de 2023

Maribel Arenas Vadillo

Pasto (Colombia), 5 ene (EFE).- Envuelta en cintas rojizas y embadurnada en tonos cobrizos, la Familia Castañeda volvió a recorrer este miércoles la senda carnavalera de la ciudad de Pasto, capital del departamento de Nariño (suroeste de Colombia), en uno de los días grandes del Carnaval de Negros y Blancos.

Este desfile en el que la calle se convierte en escenario de interpretación de estampas costumbristas del Pasto de los años 20, 30, 40 y 50, reivindica la hospitalidad de los pastusos con los arribados a su terruño, tal como pasó en 1928 con los Castañeda cuando, al atravesar la localidad un día de carnaval, fueron invitados a quedarse y disfrutar de la fiesta.

En medio de un «trasteo» (mudanza) en el que se movía todo un núcleo familiar de «colonos procedentes del oriente del país», a sus peones, enseres de cocina e incluso algunos animales, los Castañeda llegaron a Pasto en medio de las fiestas de carnaval, según explicó a EFE la gestora cultural y exgerente del carnaval, Giusella Checa.

«Cuando entraron a la ciudad con todo ese trasteo, la gente les preguntó quiénes eran. Al responderles que la Familia Castañeda, los pastusos les abrieron una calle de honor y les gritaron ¡que viva la familia Castañeda», agregó, y así nació este día de fiesta.

UNA COMUNIÓN EN LAS LAJAS

Tras cruzar la Plaza del Carnaval, los artistas que interpretaron a la familia Castañeda explicaron a EFE que su nombre en la representación es «Familia Jojoa Rosero», de acuerdo con los textos del cronista Alfredo Torres Arellano de comienzos del siglo XX.

«La víspera de las fiestas del 5 de enero, Torres fue a El Ejido y vio a una familia muy particular que venía del municipio de El Encano. Después, en un viaje a Quito, Torres conoció a una familia muy peculiar de artistas y, a capricho, decidió darle el apelativo de ‘Castañeda'», detalló Mario Miranda, director del grupo de teatro Tragaluz al que pertenecen los artistas.

Con un bebé de plástico en brazos y tras una carroza coronada por un cuadro de la Virgen de las Mercedes, patrona de la ciudad, el ficcional matrimonio manifestó su intención de posponer su visita al Santuario de las Lajas, ubicado en la ciudad nariñense de Ipiales, para que su «guaguita» (hija) reciba la primera comunión, y así poder disfrutar del carnaval.

Pese a que este tradicional pasacalles implica un viaje al siglo pasado, el desfile también ha experimentado algunos cambios fruto de la modernización, como el modo en que se mueven las carrozas.

«Yo desfilé con carretas tiradas por caballos. Ahora el mundo ha cambiado hacia la protección animal y por eso se hacen metáforas de animales con personas», precisó el director teatral Alberto Bolaños, conocido como «El Bolas», en relación a figuras como el hombre disfrazado del corcel que mueve el carromato de los Castañeda.

«PERICLES CARNAVAL» Y TODOS LOS DEMÁS

A la cabeza de este desfile en el que se dieron cita más de una veintena de grupos artísticos se encuentran los responsables de la apertura de la marcha: Pericles Carnaval y la reina del carnaval, este año personificada en Isabella Rosero.

Vestido de blanco, con sombrero de copa y un bastón en mano, el elegante Pericles Carnaval grita «¡viva Pasto, carajo!», mientras cumple su función: «declarar el reinado del goce, la alegría y el jolgorio», y darle la bienvenida a los forasteros llegados a su festividad.

Con ellos y al compás de un mix de música del sur de Colombia en forma de sanjuanitos, bambucos y el mismo son sureño, los cusillos, como dueños del tiempo, danzan y ondean la «wiphala» (bandera de los pueblos indígenas) bajo trajes color marrón claro que ocultan sus rostros.

ESPACIO PARA LA GASTRONOMÍA

Más allá del polvo de talco y la espuma disparada, el aire de la ciudad se impregnó del olor de algunas propuestas artísticas que giraban alrededor de la gastronomía regional.

Entre ellos destaca una agrupación cultural del caserío de Obonuco que, a lo largo de la marcha, fue cocinando al carbón uno de los platos más destacados de la zona: el cuy, un tipo de roedor.

«Al cuy se lo pela, sacan las vísceras, y se hace al carbón con aceite, cebolla y hierbas como el tomillo. Para que quede más sabrosito hay que dejarlo dos noches con la sazón», explicó mientras empujaba el carrito en que se cocinaba al animal uno de los integrantes más veteranos de la agrupación. EFE