26 de noviembre de 2022
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Meditación sobre la era digital y las tendencias sociales en libertad condicionada

2 de octubre de 2022
Por Joel Picón
Por Joel Picón
2 de octubre de 2022

La era de la digitalización global no es solo un concepto, sino un fenómeno que se extiende con una velocidad desproporcionada por el control de los órganos institucionales más fundamentales en términos de regulación administrativa, y de los sistemas gubernamentales (tanto europeos como del resto del mundo).

Es por ello que las corporaciones más preciadas vinculadas a los productos y servicios de Internet, software, hardware, dispositivos electrónicos y motores de búsqueda tienen un amplio conocimiento de información privilegiada.

En referencia al caso de la compañía principal subsidiaria de la multinacional americana Alphabet Inc., hemos presenciado duras sanciones en los últimos años (también como en el caso de Australia), aunque la sanción más elevada impuesta por la Unión Europea es de 4,34 miles de millones de euros en 2018. En aquel momento, se descubrieron prácticas ilegales en relación con los dispositivos móviles de Android y para reforzar la posición dominante del motor de búsqueda de Google. Aquel año, el motor de búsqueda más famoso de la red generó 136,6 mil millones de dólares.

Por un lado, vinculaciones ilegales de las aplicaciones de búsqueda y de navegación de Google, pagos ilegales condicionados a la preinstalación exclusiva de Google Search y obstrucciones ilegales del desarrollo y la distribución de sistemas operativos Android con competidores. Evitar este descontrol oculto es uno de los retos a afrontar.

Por otra parte, los estamentos que deben regular esta competencia desleal y feroz por parte de los que quieren monopolizar la digitalización son las autoridades europeas y nacionales. Solo las leyes, las políticas oficiales, la regularización y condena de diferentes actividades específicas que vulneran la privacidad, y el flujo de información transitorio, son aptas para poder condenar estas malas praxis.

Recogiendo esta información vemos algunas de las actividades más nocivas que tienen los canales de comunicación más poderosos, que de manera oculta tratan de aprovecharse de la ciudadanía, incluyendo prácticas para su propio beneficio en la espalda de la audiencia, los usuarios y de los sistemas reguladores de la competencia. Por ello, los grandes órganos e instituciones han de parar los pies a estas sociedades que actúan según el fin justifica los medios.

Entonces nosotros como espectadores deberíamos preguntarnos si hay un trasfondo más oscuro de lo que inocentemente pensamos de estas compañías, y ser más críticos con ellas y sus servicios. Está claro que nuestra privacidad con Internet deja de ser puramente nuestra. Se estima que 3.484 mil millones de personas utilizan las redes sociales y esto representa un 45 % de la población mundial. Por lo tanto, deberíamos ser más rigurosos para con estas grandes corporaciones que no se conformarán a perder poder o beneficios para nosotros.

Las autoridades europeas y nacionales deben afrontar el reto de igualar el poder de los gigantes de la macroeconomía y de poder asegurar que no cometen infracciones y actividades que vulneren el equilibrio establecido por las leyes vigentes. Así como destapar estrategias de emisiones ocultas y proteger nuestros datos de individuos que puedan hacer un mal uso. De otro modo, garantizar a través de las administraciones reguladoras un mercado que asegure la competencia y el pluralismo de los actores, y evitar la concentración de la propiedad y de los diferentes segmentos de mercados para defender los derechos y los intereses de los consumidores.

Por consiguiente, hemos observado de qué forma se rigen las políticas y podemos ver cómo las autoridades europeas y nacionales están tratando de marcar los límites del poder de los que controlan los monopolios de la información. Hay que recalcar otros objetivos como el de velar por los derechos e intereses de los consumidores dentro de unas políticas que permitan regular el mercado para evitar competencias desleales.

Concluyendo, la influencia y la presencia de estos macronegocios en la sociedad son imprescindibles según el criterio de utilidad, y a cada momento que pasa vemos cómo aumentan sus beneficios y el monopolio digital donde residen muchos de nuestros datos privados.

Por otra parte, ahora mismo, es otro contexto, ya que los medios de comunicación no tienen el mismo poder que tienen ahora la gran crisis del periodismo y la digitalización; las redes sociales y el mercado de la reproducción en línea no son poder de los medios. Es decir, el camino que seguimos es informarnos más por redes sociales que por un diario. En cambio, la radio o la televisión marcaban más la información de la sociedad que hoy en día. Por eso creo que en la forma no seguirá vigente, pero porque tiene más peso la interpretación que el contexto actual.

Además, la reivindicación contra este imperialismo norteamericano debido a sus actuaciones de cara a otros países, tanto como para asuntos bélicos, el control económico del mercado americano ha causado una reivindicación a muchos estados como Gran Bretaña con el Brexit, por ejemplo. También la globalización e Internet han sido actores fundamentales para compartir la diversidad cultural en el mundo.

Finalmente, después de realizar este análisis podemos interpretar que el mayor proveedor de cultura es Estados Unidos. Por un lado, la música y los referentes de las nuevas generaciones, a parte de Hollywood, quien controla la mayoría de la industria cinematográfica occidental. Seguidamente, si miramos los índices de las elecciones americanas se puede ver que atrae la atención de mucha población que no es de origen estadounidense.

Reflexionemos más en que los países deben saber diferenciar más que este valor per se, culturalmente hablando, de Estados Unidos no está por encima de otras culturas distintas y distanciadas del modelo. El Informe McBride fue la interpretación más acertada en el contexto que vivía y además hizo de «profeta» de quien marcaría la influencia cultural en la comunicación en el estado mundial. La diversidad cultural es un principio que reconoce y legitima las diferencias culturales entre diversos grupos humanos, así como la existencia, convivencia e interacción entre diferentes culturas dentro de un mismo espacio geográfico.

Es por ello, que los actos de las directivas son también parte y/o responsables de cómo se muestra esta diversidad. Las instituciones directivas marcan la carta de gracia respecto a los servicios de comunicación y la protección de un pluralismo que, como teoriza el Informe MacBride, se verá cada vez más afectado por las influencias causadas por un modelo socioeconómico global, incrementado por la digitalización.

Otra de las observaciones que se deja entrever es que estas superpotencias estatales actúan como jueces morales de sociedades y, de alguna forma, de educadores. Las directivas deben jugar con la ventana de Overton cultural para gestionar, estudiar y consolidar un modelo de contenido que no vaya en contra de ningún tipo de distinción, o tratar de no hacer apología de conductas radicales pasadas. Entonces, ya sabemos de la importancia que tienen los órganos reguladores, ya que si fuera por algunos medios no habría este control mínimo. Meter límites a la publicidad, no emitir contenido explícito audiovisual en horario infantil o meter restricciones a productos malos para la salud parecen reglas de manual. Sin embargo, no fue hasta 1988 que se prohibió la promoción del tabaco y el alcohol debido al cambio de opinión general, la ventana de Overton cambió.