2 de octubre de 2022
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Ximena Giraldo Quintero

Preguntas y respuestas sobre 30 libros

20 de septiembre de 2022

Como estamos en la fase final de la Fiesta del libro en Medellín comparto, actualizadas, las respuestas que di a 30 preguntas sobre libros que circularon en la internet:

1.- Un libro que de todos modos te llevarías a una isla desierta.

–  Claro que la isla también puede estar ocupada. El libro que me llevaría es Vida y destino, del ruso Vassili Grossman. O mejor, todos los de don Vassili. Para quitarse el sombrero con este reportero que cubrió la segunda guerra mundial, desde las trincheras rusas, arriesgando el cuero.

  1. El más desencuadernado de los que poseas.

– Relámpagos de agosto, de Ibargüengoitia. No por haberle leído demasiado, sino por la mala calidad de la edición. Claro que un amigo generoso, muy “caspa” él, tocayo de Jesús de Galilea, me regaló una bellísima edición, comprada en México (Ediciones Unesco), edición crítica a cargo de Juan Villoro y Victor Díaz). También me quedo con las hojas en la mano del libro “Viaje por Colombia”, editado por el Banco de la República, escrito por de un cronista sueco, Carl August Gosselman,  que nos visitó en 1826. De los libros de viajes es el que más me ha gustado. El sueco no se dejó nada para los pobres, lo contó todo).

  1. Uno que compraste intonso (=sin abrir las hojas)

– Pobre palabra intonso tan mal acompañada, como que es sinónimo de ignorante, inculto. Pero el libro que compré sin abrir es uno de cartas de un sabio colombiano fuera de serie, Ezequiel Uricoechea, a don Rufino José Cuervo. Nunca me ha ido mal con libros intensos, perdón, intonsos… ergo todos deberían venir así).

  1. El que más te gusta de tu escritora preferida.

– Memorias de Adriano, de misiá Márgara Yourcenar. Imposible no mencionar “Memoria por correspondencia” (Laguna Libros) , de Emma Reyes que aprendió a leer a los 18 años luego de que logró fugarse  de un convento donde prácticamente estaba como esclava. Cómo dejar por fuera “La bailarina de Auschwitz”, de Edith Eger. También mencionaré  el libro “¡Viva Cristo Rey!”, de la fallecida periodista y escritora santandereana Silvia Galvis. Tiene esta dedicatoria y perdón por la abundancia de escasez de modestia. “Para mi columnista favorito…).

  1. Uno que sólo te gusta a ti dentro de tu círculo de amigos y familiares.

– Mis amigos y familiares más que conocerme en este campo, sospecho que me ignoran: Pero me encantan las “Cartas a Estanislao”, de Fernando González, a quien conocí –de lejitos- en Envigado. Tan de lejitos que él nunca me conoció a mí.

  1. Uno que le regalarías a la persona deseada en silencio, para que lo supiese.

– Fanny Hill, memorias de una cortesana… No sé qué hacía ese libro porno en la casa de mi abuela. Bueno, ahora está en casa de una hermana….

  1. Uno que si hubiera quema de libros (los dioses no lo permitan) arrojarías al fuego.

– No arrojaría al fuego ningún libro. El libro no tiene la culpa de que quien lo escribió sea un petardo. De pronto pondría a cuñar una mesa coja un libro que no me gustó pero como el señor Alzheimer me impidió recordar el título, pues ni modo. Quemar libros es un placer que le dejaré al exprocurador Ordóñez.

  1. Uno de un autor africano no blanco.

– Por lo pronto que el autor sea blanco, San Agustín, el de las Confesiones. El obispo de Hipona dice por ahí: Hazme casto, Señor, por todavía no. Y Dios le regaló unos cuantos polvitos más… A propósito, en el libro Vita Brevis, del noruego Jostein Gaarder, el mismo de El Mundo de Sofía, la amante de Aurelio Agustín, el hijo de doña Mónica, le pega una vaciada de padre y señor mío por haber cambiado el amor que le tenía por la teología. No quisiera estar en el pellejo de Agustín. Bello y estremecedor libro que no me pude robar. Quien me lo prestó, un hermano, tiene mejor memoria que yo.

  1. Uno de un autor asiático.

– Si Japón queda en Asia, me quedo con Casa de las bellas durmientes, de Kawabata, el libro que al Nobel García Márquez le habría gustado escribir. Siempre que releo sus páginas me da frío. El frío de la soledad que produce la soledad cuando empezamos a desaparecer.

  1. Uno de un autor árabe.

¿Don Alí Babá o alguno de los cuarenta pillos y otros que aparecen en Las mil y una noche eran de por esos pagos?

  1. Uno de un autor del Quinto Continente.

– Esperaré que mis nietos australianos, Mateo o Patrick George, de doce años, escriban su primer libro para despacharlo. Claro que primero me tocará aprender inglés. Y el reloj acosa.

  1. Una autobiografía.

Autobiografía de un yoqui, de Paramahansa Yogananda. No tiene pierde. No se merece el olvido que es. O Vida, de Keith Richard. En inglés debe ser una locura. La versión en español de España no es todo lo grata que uno quisiera. Richard diciendo “joder, tíos”, como que no. Otro buenísimo: Harpo, habla, de Harpo Marx, mejor escritor que su hermano Groucho, mi gurú. O la de García Márquez también me trama.

  1. Un epistolario.

– Cartas a los Jonquières, de Cortázar. La madre para quien no se interese en ese libro. Se puede leer como un tratado para aprender a gastarse el sueldo, viajar, disfrutar de las ciudades, de los museos, de la amistad, de la vida, en suma.

  1. Uno que te gustaría ver filmado como película.

“En el desierto no hay atascos”, del Tuareg Moussa Ag Assarid, editorial Sirpus. Lo leen y de seguro me invitan a trago con viejas. Hace un paralelo entre su vida en el desierto y lo que encontró en París, donde vive. De su libro tomo este pensamiento del gran sabio africano Amadou Hampaté Bâ: “Cuando en África muere un viejo, es como si ardiese toda una biblioteca”.

  1. Uno que te gustaría ver filmado como miniserie de TV.

– Como creo que viví en esa época, voto por Los Tres Mosqueteros, de don Alejandro Dumas. O alguno de piratas de Salgari.

  1. Uno que habrías querido que el autor te dedicase.

– Tengo dedicatoria y foto de Ébano, de Ryszard Kapuscinski, cuando estuvo en Bogotá: “Para Óscar, con amistad”, dice el polaco don Kapu. Andrea, mi hija, dos veces mamá y colega aventajada, me regaló y dedicó “Imperio”, del mismo autor).

  1. La mejor novela de detectives que has leído en tu vida.

– Tendría que mirar algo de Simenon que compré, por kilos, en la plaza de mercado de Envigado. (Sí, plaza de mercado, ¿algún problema?). Leí algunas novelas de Conan Doyle pero el señor alemán me las borró todas del disco duro).

  1. La mejor novela de ciencia ficción que has leído en tu vida.

– El día que iba a responder esta pregunta el señor Alzheimer había tomado compensatorio).

  1. Uno de historietas cómicas o chistes gráficos.

– No sé por qué me conmueve Lorenzo Parachoques, el hombre que siempre dice sí. Es el marido de Pepita. Juro que no tengo nada en común con él. ¿O será que sí? También siento solidaridad por Pancho, el de Ramona: se casaron para no caerse de un lado de la cama. O por Pedro Picapiedra que tiene a su mujer, Vilma, por cárcel perpetua. Y al revés.

  1. Uno que te hayan robado.

– Busco para caparlo al que me robó “El escándalo Watergate”, en la primera edición en español. La sonsoneña Elena Botero, hermana del gran Baltazar, se había quedado con “La alegría de leer”. Me lo devolvió en un delicioso algo en su apartamento de Cedritos, en Bogotá. Ya no nos acompaña. También Héctor Abad quien -por fin- me devolvió uno de León de Greiff con poemas escritos a manos. Y me encimó “Oriente empieza en el Cairo”, con esta dedicatoria: “Mi estimado amigo Óscar, esta era la ñapa para pedir perdón”. Pecador, ego de absolví hace rato.

  1. El que más te gustó de los leídos en su idioma original, distinto del español. (

– “Le petit Prince”, de un tal Antoine… Bueno, no lo he terminado para no dármelas de que domino el mandarín, perdón, el francés. Tampoco se pierdan “Memorias de la rosa”, escrita por la salvadoreña, Consuelo Sucín, viuda del autor francés quien le hace el homenaje de afirmar que escribe mejor que él.

  1. Una antología de cuentos.

– Buenos días, señor Borges, ¿qué tal todos por allá en la eternidad? ¿Al fin, Dios existe es una ficción?.

  1. Una antología poética.

– Los poemas del argentino Leopoldo Lugones son de maravilla. Me me sabía de memoria El Solterón y Los doce gozos, también sus sonetos sobre animales. (Y hablando de poetas, me gustaría ser versificador solo para verme publicado en la colección “Poesía letra a letra” en la que manda Luz Eugenia Sierra).

  1. Uno que le regalarías a tus hijos a sabiendas de que nunca lo van a leer.

– Plantas medicinales, del padre Eugenio Arias. Entonces, como no lo van a leer, mejor me quedo con él que harto me ha servido.

  1. Uno que compraste en un mercado de pulgas.

“Mis mejores páginas”, de Julio Camba, español, mi columnista de humor preferido. Bueno, no puedo dejar a Klim de lado: tengo sus Epistolario de un joven, regalo de un amigo caribe, edición de 1949, Librería Mundial. Y otros libros del hombre que nació el mismo día que fundaron a Bogotá, el 6 de agosto.

  1. Uno que ganó el Premio Goncourt.

– ¿Cómo dice que dijo?)

  1. Uno que no te importaría leer en pantalla.

– Bluf de palabras, de Bufalino. Pero lo tengo en papel. A veces, antes de ingresar al mundo de los sustos, quiero decir, del sueño, lo leo. Me ayuda a mejor roncar. Es como mi Cpap adicional.

  1. Uno del que sueles citar dándole el crédito el autor.

– Libros malditos, malditos libros, de Juan Carlos Díez, español, una delicia de regalo de un amigo que, cuando su familia era pobre, en 1958, fue invitada al programa El Minuto de Dios. Ahora ellos alquilan y venden casas.

  1. Uno al que no te importaría taladrarle un agujero grande en el interior, invisible desde afuera,  para que así te sirviese como caja fuerte.

– Uy, esa sevicia no la he desarrollado todavía. Me niego a responder esta 29. Así me den la casa por cárcel como a cualquier corrupto afortunado.

  1. Uno que te hubiera gustado escribir.

– El mencionado Vida, de Keith Richards. O “Cenizas de Ángela” porque me sentí biografiado por el irlandés McCourt. Diría que es mi propia vida, aunque en Aranjuez, el barrio de mi infancia en Medellín. Bueno, y sin penurias, porque nunca ha faltado el pan en mi mesa. He sido un rico sin plata. Loado sea Alá, a quien tengo en lista de espera para leer su doctrina.