26 de noviembre de 2022
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La fiera herida

23 de septiembre de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
23 de septiembre de 2022

En esta columna, de antes de iniciarse la guerra, se dejó dicho que el oso ruso da zarpazos pero no estrangula, y hoy, se sabe más, que la Ucrania herida es peligrosa fiera que no abandona su madriguera.

En la antología de las estupideces humanas se pueden registrar guerras, pocas, emprendidas sin saber si se iban a ganar o no, pues la regla es que se incuban en la euforia por los triunfos que todavía no se han alcanzado. Transcurridos meses de la confrontación bélica, Rusia no arrolló como lo mal auguraba, ni la incursión fue el relámpago al que le apostaban. Hoy, sin  sólidas conquistas de territorio no se avizora una salida pronta. Puede que el tiempo transcurrido sea poco para llegar a un armisticio, pero suficiente para especular con un balance provisional e incierto, pues se trata de una guerra, y en ellas lo primero que se oculta es la realidad.

Es una guerra en la que se juegan las identidades nacionales. Rusia que busca recuperar la que ha perdido, y Ucrania de alcanzar la que no ha tenido.

Rusia ha sido una nación con conflictos de personalidad, no sabe comportarse con sus vecinos más que dominándolos como lo ha hecho desde que los Romanoff formaron el imperio; y, también disociación de identidad por personalidad múltiple, la  europea o la asiática, debatiendose en adoptar la que le prodigue más reconocimientos, o le recompense con lucimientos. Cierto es que la Rusia cabalga sobre los dos continentes, y sus antepasados fueron jinetes de oriente o navegantes de occidente. Desde Pedro el Grande los rusos se han inclinado por europa tomando su estilo, emulándolos, jugando en sus torneos. Ha sido su historia por siglos . Participaron  de manera decisiva en las alianzas políticas y militares que configuraron la Europa de Metternick. En el siglo pasado vivieron del alto botín europeo por la victoria sobra la alemania nazi.

La Rusia disminuida por el colapso soviético, pasó a ser un actor menor en la escena del continente europeo. Conservó si,  de lo que fue su imperio, el poder nuclear, y por su geografía, la vocación a servir de rica estación de servicio energético. Con ambas bazas jugó. Iniciada la guerra alardeó con bombas atómicas. Biden desinfló ese globo, desestimando la amenaza. Ahora la repite. Rusia subvaloró la disposición del riesgo de Europa a quedase sin gas y petróleo.

Pero el chantaje es un bumerán. Si no golpea el blanco, regresa contra el lanzador mal avisado.  No estaba en las cuentas de Putin que los veintisiete paises europeos se alinearon en un solo bloque y se pusieran de acuerdo  para  tomar medidas drásticas en su contra. El principal error de cálculo fue presionar en demasía a Alemania,  la empujó al otro lado de la línea,  la obligó a sacrificar  el gaseoducto Nord Stream II, en la que ambos eran socios, colosal obra terminada condenada al abandono.

Estropicio mayor de Putin es perder a Europa como mercado para su energía. Tal vez ya no haya tiempo para recuperarlo, antes de que termine la era del pétroleo; Europa se impuso reconfigurar su canasta enérgetica, moderar consumo, recuperar centrales atómicas, impulsar las alternativas, y conseguir  nuevas fuentes de abastecimiento, más fiables que las del matón del barrio.

La suerte de Putin se parece a la de Erdogan. Si por décadas Turkiye acumuló méritos para hacerse a la carta de identidad europea, Rusia por siglos, y uno y otro han reaccionado de similar la  manera ante el desprecio europeo: volver sus ojos a oriente y ensayar allí ejercer liderazgo. Y ambos de topan con poderes consolidados. Ya está copado los del mundo musulman en el Oriente Medio, y China ya le tomó ventaja a su tradicional competidor,  pisa terrenos del primer mundo, y el otro mas cerca del tercero, con su economía extractiva.

En Asia, hoy  la sangre tártara de los Romanoff  pesa menos que la de la etnia Han. Putín ha tenido que tocar las puertas de la Organización de Cooperación de Shanghái, una casa china a la que busca arrimarse, en la que ha sido recibido, no como lo pudo ser en otra época, como un aliado, sino  como socio sin márgenes de negociación, apurado por el embargo occidental.

El sueño imperial ruso será pesadilla. Los de Kiev, corazón que fue de la Rus, miraran como insulto que sean llamados llamados a ser parte la madre patria, miraran con horror esa posibilidad. Bucha, Izium, prolongan el Holodomor, y son nuevos nombres de ignominiosas masacres, con las que los ucaranianos identifican  los rusos.

Putin ha resuelto el dilema de su vecino. La elección ucraniana es la elección entre una inexistencia y una existencia que te mata escribió Oksana Zabuzhko. Era, antes de la guerra una nación difusa, oscilante, que conversaba alternando con naturalidad  el ruso con el ucraniano; el nacionalismo había sido sospechoso de nazismo, y se admitían las corrientes prorrusas como las que en su momento ganaron la presidencia con Yanukovych. Pero esta guerra ofrecerá el relato de heroísmo nacional, el haber contenido a los rusos, y tal vez,  expulsarlos de su territorio, sobre el que se edificará un sólido nacionalismo. La dignidad ucraniana será incompatible con los códigos, narrativas  y símbolos rusos.

El poder atemorizante ruso se desvaneció. La paz finlandesa, la calma bajo el temor a contrariar al coloso ruso, se rompió. La neutralidad sueca, constreñida a alejarse de europa para no disgustar a su vecino en el Báltico, se deshizo. Una y otra rompieron ataduras y pidieron ser acogidos en la Otan. China ya sin sigilo practica su diplomacia de inversiones para  alejar  a  Kazajistán  del Tratado de Seguridad Colectiva -la Otan rusa- y acercarlos a su órbita. Azerbaiyán desafía el statu quo de Nagorno Karajab, esa república que se declaró  independiente y como nadie le hizo caso, y se acogió a techo de Armenia bajo el protectorado ruso.