29 de noviembre de 2022
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Colombia a marchar

26 de septiembre de 2022
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
26 de septiembre de 2022

Las protestas sufridas por el país durante el Paro Nacional del 28 de abril de 2021, prolongadas durante largas semanas de violentos disturbios, auspiciadas y alentadas por Gustavo Petro y su movimiento político, el Pacto Histórico, fueron desencadenadas por la presentación del gobierno de Iván Duque al Congreso del proyecto de reforma tributaria, agravando la difícil situación económica derivada de la pandemia del COVID-19 que, según el Departamento Nacional de Estadística,  aumentó en 6.8% la pobreza del país, significando un retroceso de no menos de 10 años y elevando al 42.5% su preocupante nivel. Si en aquél entonces el hoy presidente de los colombianos, alentó y estimuló la protesta, además, violenta y criminal, por una reforma que pretendía recaudar 23 billones, la presentada ahora por él, que pretende recaudar 25.9 billones en el 2023 hasta llegar a los 50 billones al término de su mandato en el 2026 ¿cuál debiera ser la reacción hoy ante semejante pretensión? La Colombia real está representada por una inmensa mayoría pacífica, amiga de la paz, que rechaza la violencia y el caos. Una Colombia amiga del orden y del sano entendimiento entre todos los sectores de la sociedad, en donde, pese a sus grandes diferencias socio económicas y culturales, llevamos 212 años viviendo armónicamente sin mayores sobresaltos como república independiente, pero no dispuesta a dejarnos menoscabar con una reforma tributaria  confiscatoria, que  dice defender a los que menos tienen, cuando la realidad es que su alcance favorece la salida de capitales y cierra la posibilidad a la  inversión extranjera, limitando la creación de nuevos empleos, tan necesarios para el normal crecimiento del país.  Y qué decir de las distintas propuestas que apuntan, no a   mejorar sino a acabar con lo que bien funciona, como por ejemplo, pretender liquidar el régimen pensional, al disponer arbitrariamente de los Fondos Privados, en un claro desconocimiento de los derechos adquiridos después de largos años de trabajo, o estimular la invasión de tierras, creando consigo mayor zozobra y violencia a la ya existente. En esta hora de grandes incertidumbres, cercenar nuestros derechos fundamentales amparados por la Constitución y las leyes, es algo que no estamos dispuestos a permitir como bien lo acaba de hacer la nación chilena, que habiendo elegido hace nueve meses a Gabriel Boric por una inmensa mayoría, lo ha derrotado en las urnas al querer, mediante un plebiscito, reformar la Constitución a su antojo. La preocupante entrega de los partidos mayoritarios, declarados como gobiernistas, en defensa, no del país, sino de sus insaciables cuotas burocráticas con sus impúdicos contratos estatales por dónde se fugan incuantificables sumas del erario público, alimentado con los dineros que pagamos los contribuyentes, debe merecer todo nuestro rechazo para decirle a Petro y sus secuaces, hoy lunes 26 de septiembre, fecha señalada para la gran movilización nacional, que si fue elegido presidente, con una muy poca diferencia sobre su contendor, se debió, no a un acto de fe en sus propuestas, sino como un acto de castigo a la tradicional clase política, sin distingo de colores, que a sus anchas viene hartándose del presupuesto de la nación, sin atender los reclamos que el pueblo, elección tras elección viene  haciéndole. El trino de Petro tras la derrota de su izquierdista y admirado amigo en la conducción de Chile al conocerse el resultado con un 62% en contra y un 38% de aprobación, diciendo: “resucitó Pinochet”, debe dejarle muy claro que igual, aquí en Colombia, resucitaremos la unidad y la confianza entre nosotros para decirle: “No más, somos una nación amante de la paz, deseosa de seguir nuestro camino democrático y por consiguiente; respetuosa de la propiedad privada, la libre empresa y los derechos adquiridos como seres humanos”. Y a nuestras Fuerzas Armadas le decimos: “Tienen toda nuestra admiración y respeto por su abnegado servicio en pos de la paz y la tranquilidad de la República, y si en defensa de esa paz por la que tanto hemos luchado y por la preservación de nuestra democracia, se hace necesario arrebatar el poder a los indignos, prestos estamos a acompañarlos en tan noble y altísima labor. Hoy, como siempre, tienen todo nuestro total respaldo”.