28 de septiembre de 2022
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Hace cuatro años. Lo que empieza mal termina peor

7 de agosto de 2022
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
7 de agosto de 2022

El 7 de agosto de 2018, en la posesión de Iván Duque, llegó una tormenta que presagió un mal comienzo. Este día hubo muchas señales, por el cielo encapotado, por el ventarrón que dañó los paraguas, por la lluvia que mojó a los invitados, por el aviso de prensa de página entera, que publicó el Centro Democrático (CD) enumerando lo que considera desastres de la administración de Santos; pero también por el discurso del presidente del Senado, Ernesto Macías, porque se robó el protagonismo. Lo que hizo fue sacar el espejo retrovisor para escribir un memorial de agravios sobre el gobierno de Santos, empezando por el proceso de paz, por la caída de la explotación de petróleo, por la crisis del Sena y por el escándalo de Reficar. Pasaban los minutos y en la Plaza de Bolívar se sentía el malestar, algunos de los congresistas como Roy Barreras abandonaron la ceremonia y el discurso se convirtió en tendencia en las redes sociales. Cuando pronunciaba el nombre del expresidente los uribistas emocionados gritaban ¡Uribe! ¡Uribe! ¡Uribe!; mientras tanto, el presidente que se posesionaba permanecía quieto como una estatua. Parecía un discurso escrito por Maduro, contra Colombia; y allí estaban decenas de representantes de la comunidad internacional, que escuchaban los mensajes sobre el país fallido y las cifras sobre la catástrofe económica de la nación. Macías dejó en claro que el país quedaba en manos del CD y que el jefe de todos era el expresidente Uribe, a quien Iván Duque reconocía como el “presidente eterno”.

Este fue el discurso de fondo, que se robó la atención. El presidente Duque se la jugó con un llamado a la unidad; para “gobernar libre de odios, de revanchas, de mezquindades”; e invitó a todos “A que creemos un gran pacto por Colombia, a que construyamos país, a que construyamos futuro y a que por encima de las diferencias estén las cosas que nos unen”. Pero sus palabras fueron saboteadas por el discurso de odio que había sembrado Macías. La gente se preguntaba ¿Por qué dos discursos tan diferentes en el partido de gobierno? Seguramente esa era la estrategia: Macías insultaba mientras el presidente Duque llamaba a la reconciliación; dos mensajes para un país perfectamente dividido. Sobre el tema dijo Paloma Valencia que “una cosa es el Gobierno y otra cosa es el Centro Democrático”. Había una estrecha relación entre el aviso de una página, con fondo negro, publicado por el CD el 7 de agosto y el discurso de Macías. Recordemos lo que sucedió después del juramento del presidente Duque, cuando la bancada del CD se reunió con el expresidente Uribe para festejar; dijo éste en medio de sus seguidores: “El discurso de Ernesto, yo lo digo fríamente, sin emociones, es necesario. Era necesario”. Esto se conoció gracias a una grabación clandestina que hizo la periodista Paola Rivas, de Noticias Uno; el video se convirtió en viral.

Los mensajes de la oposición

Pero ese 7 de agosto se realizaron concentraciones populares en 50 plazas de Colombia y del mundo, para notificarle al uribismo que se encontraría con un movimiento organizado que iba a defender los Acuerdos de Paz y a los líderes sociales. Las manifestaciones fueron convocadas por el Polo Democrático, la Alianza Verde, los Decentes y la Farc. En Bogotá la cita fue en el parque La Hoja, en el suroccidente de Bogotá. Las intervenciones las inició el senador Iván Cepeda, quien fue ovacionado por el proceso judicial contra el expresidente Álvaro Uribe. En su discurso afirmó que “Hoy es un día importante porque es el primer paso de un movimiento social y político que marcha hacia el poder. Ganaremos las elecciones de 2019 y seremos gobierno en 2022”. Luego subió a la tarima la representante a la cámara Ángela María Robledo y, mientras avanzaba en su intervención circulaba entre la multitud un muñeco de tres metros de altura, que simbolizaba a Iván Duque; la representante pidió que acercaran el títere a la tarima, y le puso la banda presidencial, con la bandera de Colombia y con esta inscripción: “El que Uribe dijo”. Después ingresó una delegación de la FARC, encabezada por Rodrigo Londoño, Timochenko, quien tomó el micrófono para decir que “esta manifestación nos demuestra que quienes alguna vez empuñamos las armas para combatir al Estado, hicimos lo correcto al abandonar nuestros fusiles y tomar la palabra como única arma. El Acuerdo de La Habana siembra las bases de la transformación, pero la paz la empezamos a construir ahora […]”.

Un Gobierno desconectado del país

Duque empezó a gobernar con el espejo retrovisor y llegó el vacío de poder. El paro del 21 de noviembre de 2019, y las jornadas posteriores, le llegaron a la administración en un pésimo momento. Fue un estallido social, una tormenta sin precedentes en nuestra historia reciente, donde se mezclaron las marchas cívicas, los cacerolazos o el escándalo de las tapas, la ofensiva del Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía (ESMAD), los desmanes, el saboteo, el miedo y el toque de queda. Las centrales sindicales hicieron la convocatoria, pero las calles y plazas se llenaron con manifestantes de todas las condiciones sociales y salieron para expresar el inconformismo y la rabia; el movimiento desbordó a los dirigentes. El paro fue espontáneo y se convirtió en una masiva movilización social, solo comparable con el paro cívico de 1977. Las redes sociales viralizaron la insatisfacción social, ayudaron a masificar las protestas. La gente marchó por el desespero, por la angustia y por la pérdida de la esperanza. Había rabia contra el Gobierno, por eso una de las consignas predilectas era ¡Fuera Duque!; además reinaba un sentimiento generalizado contra el uribismo. En Bogotá, Cali, Medellín, Manizales y Pereira, se repetía el grito ¡No más Uribe!

Las manifestaciones fueron infiltradas por encapuchados que sembraban el caos para que entrara la gente más pobre y necesitada a saquear los supermercados. La vandalización de un cajero electrónico se explica porque allí está el dinero pero el “lumpen”, los marginados y los indigentes, no tienen acceso a este recurso. En este punto los vándalos hacen lo que quieren, pero la policía no los captura; en cambio la Fuerza Pública sí actúa contra los marchantes para generar más violencia y caos.

Con la crisis se incrementó la pobreza; según el DANE pasó de 35,7% en 2019, al 42,5% en 2020. Mientras tanto se agudizó el desempleo entre los jóvenes que para el primer trimestre de 2020 se elevó a 23,9%. En medio de la crisis galopante cuando la mayoría de los colombianos estaban sitiados por el desempleo y el hambre, el Gobierno presentó la Reforma Tributaria que aumentó la indignación del pueblo. Como consecuencia estalló el malestar social y la gente salió a las calles superando las protestas de finales de 2019. En este ambiente Duque seguía “haciendo trizas la paz”, se activaron los grupos paramilitares, la delincuencia organizada y las mafias; como consecuencia se desató la estrategia de asesinar a líderes sociales, a los defensores de derechos humanos y a desmovilizados.

Como se deterioraba la imagen del Gobierno el presidente decidió mantener una relación pragmática con los medios; los dividió entre amigos y enemigos. Prefería las autoentrevistas y para ello conformó un poderoso equipo de comunicaciones integrado por 54 personas. A raíz del estallido social que se disparó en la pandemia, invirtió más de 45.000 millones de pesos en publicidad. Todos recordamos la famosa autoentrevista de mayo de 2021, en medio de la situación tensa que vivía el país por los bloqueos y la crisis de la pandemia, cuando el presidente publicó una entrevista en inglés hablando sobre el paro y las protestas, culpando a Petro como Jefe de la Oposición. En este punto entendimos que Duque vivía otra realidad. Fue una tremenda salida en falso.

Otro aspecto negativo del Gobierno fue la relación con Venezuela; el cierre de la frontera generó descontento en las dos naciones, especialmente entre la población de la región fronteriza.

Por último, Duque se despidió exagerando sus logros pues dice que entrega la casa en orden, pero nos recuerda la escena de la película La Estrategia del Caracol, de Sergio Cabrera: “Ahí tienen su hijueputa casa pintada”. Y tiene razón pues deja unas finanzas con un déficit fiscal de 83 billones (6,8% del PIB) y la deuda pública pasó de 36% en enero de 2019 a 57% en enero de 2022. Por todo esto más de medio país grita: ¡Chao Duque!