27 de septiembre de 2022
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Fárrago (lenguaje incluyente), juglara, locación

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
8 de agosto de 2022
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
8 de agosto de 2022

Quuisquillas de alguna importancia 

En conclusión, la señora Thomas y sus borregos no tienen la menor idea de las implicaciones gramaticales que tiene su embeleco.

 Fárrago’ fue la primera palabra que me vino a la mente cuando leí la columna que para El Tiempo  escribió Florence Thomas el 27 de julio de 2022, porque está atiborrada de vocablos superfluos. En efecto, ‘fárrago’ es un “conjunto de cosas o ideas desordenadas, inconexas o superfluas”. Entonces, a todo aquello a lo que se le pueda aplicar esa definición se le debe calificar de ‘farragoso’, como el ‘lenguaje incluyente’ que nos vino del otro lado del mar en el equipaje de la columnista mencionada, pues es un lenguaje plagado de palabras superfluas, como se puede apreciar en las frases seleccionadas de la susodicha columna:  a) “…un grupo de profesores y profesoras jóvenes”: en buen castellano, ‘profesoras’ sobra, porque el término ‘profesores’ (de género gramatical no marcado) abarca a todos los que se dedican a esa profesión, hombres y mujeres. b) “…y las y los sentimos asustados con su oficio”: en ésta, y en el castellano culto que se ha escrito y hablado durante siglos, está de más el pronombre personal ‘las’ (complemento directo en esa oración). Entre paréntesis, en el inculto lenguaje incluyente, hacen falta palabras, pues, para ser consecuente, debió escribirse así: “…y las sentimos asustadas y los sentimos asustados”.  c) “…por una queja de algún alumno o alumna”: por la razón arriba expuesta, ¿para qué ‘alumna’? Esto, ¡claro!, en lenguaje culto, porque en el fatigante de la señora Thomas hacen falta dos palabras: “…de algún alumno o de alguna alumna”.  d) “para evitar que las y los estudiantes”: podemos suprimir el artículo determinado ‘las’ y no se modifica la idea que se quiere expresar. e) “…los y las profesores”: la misma observación anterior. Pero en su lenguaje debió redactar así: “…los profesores y las profesoras”. f) “Profesor o profesora que exija…”: ‘profesor’ es suficiente por lo explicado para la selección a). En conclusión, la señora Thomas y sus borregos no tienen la menor idea de las implicaciones gramaticales que tiene su embeleco, que, además, como dice Jacinto Cruz de Elejalde,  es ‘farragoso’ (quedó demostrado), ‘nocivo’ (corrompe el lenguaje), ‘inútil’ (nada positivo aporta, todo lo contrario) y ‘traicionero’ (los que lo practican son incapaces de sostenerlo). Nota: En el mismo artículo, la autora habla de algunos logros, entre ellos, éste: “La incorporación de un lenguaje incluyente”. Ciertamente, para desventura del castellano: no es sino oír a un tal G. Petro. ***

 En la misma edición del diario bogotano, el columnista Jotamario Arbeláez, no sé si en broma o en serio, se despachó de esta guisa: “…y comienza el desfile de vates y vatas, de bardos y bardas, rapsodas y rapsodos, juglares y juglaras, poetas y poetisos”. Incluyo este engendro, aunque parezca una burla del lenguaje incluyente, para hablar del vocablo ‘juglara’, castizo, que el escritor parece desconocer: según Corominas, antiguamente, el femenino de ‘juglar’, que después vino a ser ‘juglaresa’. ‘Juglar’ (‘chistoso, picaresco’) procede del adjetivo latino ‘jocularis-e’ (‘gracioso, risible’). No aludo a ‘barda’, porque todos sabemos que es una cerca o un cercado o un seto… ***

 Del latín ‘locatio-onis’ (‘acción de colocar, colocación, disposición de cosas; arriendo, alquiler, adjudicación, contrato de arrendamiento’), ‘locación’ tiene en castellano un solo significado, a saber, el de ‘arrendamiento’ (acción de arrendar). Y El Diccionario asienta la locución ‘locación y conducción’, que en Derecho significa “contrato de arrendamiento de obra”. Su empleo con el sentido de ‘lugar’ es un anglicismo (de ‘location’ – ‘lugar de filmación’): de esta manera aparece en la siguiente nota sobre los hijos de la señora Cristina Marulanda: “Los niños son Kenneth Gaskill y Kevin Gaskill, que compiten en todas las locaciones alrededor de Texas” (LA PATRIA, Supimos que…, 27/7/2022). En castellano, llamamos ‘exteriores’ a los lugares en que se filma una película, y ‘escenarios’, a aquellos en los que se presentan los artistas. Nota: “…los niños Kenneth y Kevin Gaskill”. Mejor, mucho mejor. ***

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