2 de octubre de 2022
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Esta violencia nuestra de cada día

11 de agosto de 2022
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
11 de agosto de 2022

El Tiempo dijo que el documento presentado por la Comisión de la Verdad sobre los muertos en esta guerra que durante tantos años ha vivido Colombia “le recordó al país la crueldad de una larga historia de violencia”. Un titular acertado si se tiene en cuenta que entre los años 1985 y 2018 en Colombia hubo, en promedio, a causa de la guerra, 254 muertos por semana. El informe de la comisión presidida por el padre Francisco de Roux fue una memoria de esa violencia que ha sacudido al país, desatada por los grupos armados. El informe revela que 8.708.664 colombianos han vivido la angustia de ser víctimas, porque han perdido a sus seres queridos. 450.664 personas fueron asesinadas, 121.768 desaparecidas y 50.770 secuestradas. En masacres perdieron la vida 24.600 colombianos.

Las cifras anteriores tienen relación de manera exclusiva con el conflicto armado. Es decir, no registran los homicidios por asuntos personales, ni las muertes en atracos a mano armada, ni los asesinatos por asuntos pasionales, ni los feminicidios. ¿Cuántas muertes violentas más ha habido en Colombia desde esa fecha hasta ahora? Solamente en el 2019, según medicina legal, 25.569 personas perdieron la vida en forma violenta. En el 2020 la cifra llegó a 21.602. En lo que va corrido del presente año, 185 personas han perdido la vida en 53 masacres. En el 2020 un total de 381 personas fueron asesinadas en 91 actos de esta naturaleza. Y en el 2021, en 96 masacres fueron ultimadas 338 personas. Súmesele a esto que a diario los medios de comunicación registran muertes en hurto de vehículos.

¿A qué viene esta relación con cifras de las cantidades de muertes que se registran en Colombia como consecuencia de la violencia? Simplemente, a querer decir que Colombia es uno de los países donde se presentan los más altos índices de muertes de manera violenta. Las naciones que ocupan los primeros lugares en homicidios por cada 100 mil habitantes no presentan muertes por grupos armados al margen de la ley. Colombia sí. Y este hecho incrementa el número de asesinatos. Aquí hay una mafia de narcotraficantes para quienes la vida no vale nada. Y existen unos ejércitos irregulares que muestran control de territorios. Por perseguirlos, las fuerzas de seguridad del Estado ponen una alta cuota de sangre. En las últimas semanas el plan pistola del Clan del Golfo ha asesinado a cerca de 40 policías.

Los datos anteriores sirven para sustentar que esta violencia nuestra de cada día tiene a los colombianos sumidos en un dolor inmenso. ¿Cómo no va a causar dolor que una joven de 25 años de edad, Leidy Sánchez Montoya, que llevaba apenas un mes en la policía, sea asesinada en San Pablo, al sur del departamento de Bolívar, cuando adelantaba acciones de inteligencia? Tres días antes había muerto la patrullera Luisa Fernanda Zuleta, de 26 años, atacada en Yarumal, Antioquia. Según el Ministerio de Defensa, 34 policías y 53 militares en actividades de servicio han sido asesinados este año. En una semana hubo 28 ataques contra la fuerza pública. Esto comprueba que los grupos armados que en Colombia causan tanto derramamiento de sangre lo único que quieren es hacer sentir su poder amedrentador.

Esta violencia nuestra de cada día es la que está causando que los colombianos tengamos miedo de salir a la calle. Antes, cuando no había tanta delincuencia común, la gente salía con tranquilidad, sin temor a ser atracada en una esquina, sin pensar que a sus residencias iban a llegar hombres armados para quitarles sus pertenencias, sin sospechar que subirse a un taxi era arriesgarse a ser víctima de un paseo millonario. A esa violencia de los grupos armados que quieren apoderarse de la tierra obligando al desplazamiento de sus propietarios se suma ahora la violencia callejera, esa que nos respeta al anciano que acaba de cobrar su pensión ni al estudiante que está estrenándose un par de tenis. Muchos de estos casos terminan en asesinatos, y se suman a las estadísticas de muertes violentas.

A ese miedo que se apoderó de los colombianos en los años noventa, cuando Pablo Escobar ordenaba asesinar candidatos presidenciales y, además, ponía bombas en centros comerciales dejando cientos de muertos, se le suma la ejercida por los grupos paramilitares, que dejó 205.028 víctimas, muchas de ellas utilizando motosierras. Años más tarde se sumaría otra violencia: la ejercida por las fuerzas del Estado. Los falsos positivos, que miembros del ejército ejecutaron por órdenes de sus superiores, es una mancha en una institución que está llamada a velar por la seguridad de los ciudadanos. 6.402 jóvenes asesinados para mostrar resultados en su lucha contra la guerrilla es un Inri para una institución respetada por los colombianos. ¿Podrá el gobierno de Gustavo Petro detener esta violencia que vive Colombia?