2 de octubre de 2022
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José Miguel Alzate Diez familias vivieron en Chinchiná la alegria de tener casa propia

8 de agosto de 2022
8 de agosto de 2022

Fueron dieciocho años soñando con tener una vivienda donde sus hijos pudieran crecer con la tranquilidad que da saber que ese techo que habitan les pertenece y, por lo tanto, no están expuestos a que, de la noche a la mañana, cuando más felices se encontraban en el sector donde habían hecho amigos, les tocara empacar lo poco que tenían para instalarse en otro lugar del municipio, en una casa distinta, respirando otro aire, viendo caras nuevas, sintiendo que por fin esos ladrillos de cada pared eran suyos porque con sus propias manos ayudaron a pegarlos. Fueron doscientos dieciséis meses vividos con la esperanza de que un día, después de tanto esperar, podrían hacer realidad ese sueño de tener casa propia y, de paso, dejar de pagar un arriendo que se llevaba parte importante de sus pocos ingresos.

Llegaron en la mañana del pasado sábado, los rostros sonrientes, la mirada iluminada y el corazón latiéndoles más fuerte, alegres porque de ahora en adelante dejarían de ser los eternos buscadores de casas en alquiler para convertirse en felices propietarios. Desde antes de las diez de la mañana, soportando el sol que bañaba el pueblo, transmitiéndoles a los amigos esa felicidad que les salía del fondo de sus almas, casi sin creer que por fin iban a entrar a lo que era de ellos, diez familias humildes de Chinchiná esperaron ansiosas el momento en que el gobernador de Caldas les hiciera entrega de las llaves de esas viviendas que con tanto esfuerzo ayudaron a construir. Mientras el mandatario llegaba, Carlos Ariel Muñoz López, el hombre que lideró este programa de autoconstrucción de vivienda, les decía en un lenguaje donde asomaba la ternura: “Ahora hay que trabajar para que las treinta y una viviendas que faltan se construyan pronto”.

El terreno donde se realizó el acto de entrega de las primeras diez viviendas fue acondicionado para que la gente pudiera vivir esa alegría que llena el alma cuando se cristaliza un sueño. Instalaron carpas para que durante el acto de inauguración el sol que caía no los quemara, pusieron sillas plásticas para los integrantes de las familias beneficiadas se sintieran cómodos, trajeron una chirimía para que alegrara la mañana y, luego, con la paciencia que se requiere para un acto de esta naturaleza, esperaron la llegada de la comitiva gubernamental presidida por Luis Carlos Velásquez, gobernador de Caldas. Cuando a las once de la mañana arribó el mandatario, se sintió el aplauso de diez familias que agradecían alborozadas el apoyo que les brindó para sacar adelante un proyecto que llevaba dieciséis años esperando una mano amiga que se les extendiera para hacerlo realidad.

La pequeña explanada donde se construyeron las primeras diez viviendas se divisa desde el parque de Chinchiná como un asentamiento donde florece la vida. El terreno fue adjudicado por el municipio a la entonces nombrada Asociación Construyendo Sueños, entidad social sin ánimo de lucro que luego pasó a llamarse Asociación de Vivienda Santa Mónica. Es un lote que, por la altura donde se encuentra, que no es mucha, permite ver las calles centrales del pueblo y, sobre todo, esas torres simétricas de su iglesia que, vistas desde allá, parecen llamar al recogimiento espiritual. Las viviendas, todas de una planta, construidas en material, tienen dos alcobas, salacomedor, cocina y un patio para secar la ropa. Las diez que se entregaron esta semana tiene la posibilidad de hacerle, en la parte baja, un apartamento pequeño que permitirá a sus dueños arrendarlo para obtener un dinero extra que les permita vivir mejor.

Las viviendas fueron levantadas por el sistema de autoconstrucción, que consiste en que cada beneficiario aporta su trabajo. Los bloques de cemento se hacen en las bloqueras que la gobernación adquirió para facilitarle a las familias de escasos recursos que hagan realidad el sueño de tener una casa propia. Este es un programa que en su campaña como candidato Luis Carlos Velásquez planteó a la comunidad como una posibilidad de hacerse a casa propia con el apoyo del Estado. En la construcción participan grupos de voluntarios que son acompañados por policías y soldados que prestan el servicio como una contribución de sus instituciones para solucionar el déficit de vivienda que tiene el departamento. Una de las beneficiarias, Luz Karime Patiño, destacó esta colaboración. “Nosotros nos veníamos tardes enteras a ayudar en el movimiento de tierras y en la elaboración de los bloques. La ayuda que nos prestaron fue valiosa”, dijo.

Cuando a las once de la mañana el gobernador arribó al lote donde fueron levantadas las viviendas, Marleny Velásquez bailó de alegría al verlo. “Mijo: quiero ser la primera en recibir las llaves”, le dijo a su esposo. Su alegría, que se manifestaba en una sonrisa que le iluminaba el rostro, era contagiosa. Tanto, que otra señora que estaba al lado de ella exclamó: “¡Cómo no vamos a estar felices si llevamos dieciocho años esperando este momento!”.  Entonces se unió a las otras personas que recibían al gobernador con un aplauso y, ansiosa por abrazarlo, al no poder hacerlo alcanzó a decirle desde lejos: “Gracias gobernador por haber apoyado este proyecto”. Aracelly Alzate, que con sus manos ayudó a pegar algunos ladrillos, no pudo ocultar una lágrima que asomó a sus ojos en el momento en que el gobernador abrazó a la primera familia que recibió las llaves. “No se alcanza a imaginar cuánta alegría nos da saber que ya tenemos casa propia”, le dijo dándole un abrazo en agradecimiento.

Fueron dieciocho años soñando con tener una vivienda donde sus hijos pudieran crecer con la tranquilidad que da saber que ese techo que habitan les pertenece y, por lo tanto, no están expuestos a que, de la noche a la mañana, cuando más felices se encontraban en el sector donde habían hecho amigos, les tocara empacar lo poco que tenían para instalarse en otro lugar del municipio, en una casa distinta, respirando otro aire, viendo caras nuevas, sintiendo que por fin esos ladrillos de cada pared eran suyos porque con sus propias manos ayudaron a pegarlos.

La entrega de estas diez viviendas a familias de escasos recursos fue una verdadera fiesta. Jamás esas diez familias que durante tantos años pagaron arriendo en barrios humildes se imaginaron que la entrega de sus casas iba a estar precedida de tanto alborozo. “Pagó el sacrificio de esperar tantos años”, alcanzó a decir Luz Mery Quiroz cuando fue llamada al frente para que recibiera sus llaves. Casi sin creerlo, sumida en una alegría que se le transformó en lágrimas, abrazando a su pequeña hija recibió las llaves de la que de ahora en adelante será su vivienda. “Hoy mismo voy a traer mis corotos”, le dijo a una tía que la estaba acompañando. Sus ojos brillaron cuando abrió la puerta. Entró con su familia y, emocionada, miró cada pieza. Le parecía un sueño saber que ya no tendría que hacer tanto esfuerzo para pagar el arriendo. Fue hasta el patio de ropas y, sorprendida, dijo que nunca pensó que fuera tan amplio.

Luis Carlos Velásquez, gobernador de Caldas, no pudo ocultar la emoción que le invadió el alma cuando al entregar las llaves a cada familia veía que unas lloraban mientras otras celebraban en medio de abrazos. “Ver tanta gente alegre porque por fin tienen un techo digno donde vivir es algo que emociona”, argumentó cuando un periodista le preguntó qué sentía al saber que con su programa de vivienda le estaba solucionando un problema a familias que de otra manera no podían soñar con tener casa propia. La alegría parecía salírsele del corazón. En las palabras que pronunció durante el acto, antes de proceder a la entrega de las viviendas, hizo un reconocimiento público a todas las personas que en su administración han trabajado para entregarle viviendas a familias pobres en diferentes pueblos del departamento.

Esos hombres y mujeres humildes que cuando se casaron no contaban con la posibilidad de habitar una casa propia hoy celebran haber podido realizar el sueño de tenerla. Algunos con las manos llenas de callos por trabajar la tierra, otros con la mirada cansada de haber esperado tantos años, muchos con la ilusión de ir mejorándola poco a poco, todos sintieron esa mañana que su vida empezaba a cambiarles. Verse acompañados de tanta gente que hacía suya esa alegría les producía un gran orgullo. Varios lo comentaron reconociendo que nunca en su vida habían visto en persona a un comandante de la policía en Caldas ni a un comandante del Batallón Ayacucho. Allá estuvieron, acompañándolos en ese momento especial de sus vidas, el coronel José Fernando Candela, del ejército; y el coronel José Arturo Sánchez Valderrama, de la policía.

Diez familias humildes de Chinchiná esperaron ansiosas el momento en que el gobernador de Caldas les hiciera entrega de las llaves de esas viviendas que con tanto esfuerzo ayudaron a construir. Mientras el mandatario llegaba, Carlos Ariel Muñoz López, el hombre que lideró este programa de autoconstrucción de vivienda, les decía en un lenguaje donde asomaba la ternura: “Ahora hay que trabajar para que las treinta y una viviendas que faltan se construyan pronto”.