19 de agosto de 2022
Directores
Evelio Giraldo Ospina
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez

Siéntanla. 

24 de julio de 2022
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
24 de julio de 2022
Pero ¡por Dios y su corte celestial!…Todavía hay quienes creen que las vacas vuelan y que los santos sudan… ¡Ilusos no, mijitos…! Quienes esperaban que el nuevo Congreso, que se instaló en el capitolio nacional el 20 de julio, iba a comportarse de manera diferente a como lo hizo, sus integrantes, quiero decir, están en Babia. Si. El concepto está mal planteado. El continente por el contenido. El Congreso, como tal, es el edificio, sus columnas, sus curules, sus salones, que no delinquen, no peroran, no nada. Es mudo testigo de lo que acontece dentro de sus paredes. Son los parlamentarios, uno a uno, y cada quien, a su manera, sin generalizaciones, los que caen bajo el escrutinio de las opiniones y las apreciaciones de los ciudadanos y del testimono de las cámaras de vigilancia y de televisión.
A las cámaras de televisión, me voy a referir. A quienes no nos asustan los espectáculos democráticos, los bochinches, las ridiculeces, las chabacanerías, las ordinarieces y las patanerías de nuestro prójimo, con las que reemplazan, por el momento, las balaceras, morbosiamos cuando nos las muestran en directo. Que no fue el caso de lo que aconteció en la instalación de las sesiones parlamentarias, por parte del ingrávido presidente nuestro hasta el 7 de agosto, Iván Duque Márquez. Dejará de serlo, cuando el imaginativo Roy Barreras haya juramentado a Gustavo Francisco Petro Urrego, oriundo del departamento de Córdoba, nacido el 19 de abril de 1960, exguerrillero del M 19 y a quien consagró el pueblo como presidente de Colombia en elecciones efectuadas el 19 de junio del 2022, para un período de cuatro años, sino es que, a otro imaginativo como Roy, no se le ocurre un articulito que nos permita disfrutar de la magia, de la de Petro, por 19 años más.
 Las cámaras televisivas nos llevarán la imagen histórica y ojalá en esta vez no se queden las lentes estáticas en la figura presidencial, sino que vayan a las curules, donde actores de otro elenco, el de la oposición a Petro, se encargarán de actuar en la tropical tolda. Pónganle la firma.   Si no es así, entonces no valdrá la pena sentarse tres o cuatro horas frente al televisor el próximo siete de agosto.
 El menú no puede ser más provocativo. Discurso de Roy, discurso de Petro y discurso de un representante del Centro Democrático, único partido reconocido como de la oposición, la Paloma o la Cabal.   Petro, lo considero. Usted, al contrario de Duque, no podrá hacer mutis por el foro, mientras las veteranas valencia o Cabal se peroran. Usted tiene caparazón, lo ha demostrado, para recibir con su guasona sonrisa, aguaceros y heladas, como las que caen sobre su segunda cuna, Zipaquirá. Ahí empezará usted a padecer lo que es gobernar.
Hablamos párrafos atrás, de lo lineal de la transmisión oficial de lo sucedido en el salón elíptico del Congreso, el 20 de julio, que nos privó de ver la guachafita del recinto, lleno hasta los topes, con militares aplaudidores y alcaldes provincianos como el de Manizales, con sus estorbosas colas de lagarto. Y con el folclor y el exotismo en todo su esplendor, que los hicieron ostensibles centenares de usuarios de las redes sociales, caricaturistas y memistas, felices con la papaya servida, periodistas cibernéticos. Yo no los voy a paladear, pero sí les cuento que se me quedaron en la retina las imágenes del representante petrista Andrés Cancimance – de los Cancimance de siempre, ala, como diría un bogotano chapineruno-, de vestido cruzado y zapatos femeniles de tacón alto, y el de la senadora Esmeralda Hernández, quien se hizo acompañar de su mascota, un hermoso perro lanudo y blanco con el que compartió su curul y que guardó prudente silencio, el perro, no la senadora, y que fueron charras expresiones de protesta.
 Pero también, con más fuerza, las groseras vociferaciones de unos parlamentarios, que intentaron sabotear la intervención del presidente Duque Márquez, en una provocadora e ineficaz actitud, tanto o más como la de las palabras camorristas del mandatario y las jugaditas  porencimistas de los empleados protocolarios del régimen, que permitieron la entrada de unas barras oficialistas, entusiastas y aplaudidoras, a la manera de los clacs del teatro antiguo.
Mejor dicho, se repitieron las mañas y los golpes bajos entre los púgiles protagonistas del vistoso ring nacional, golpe el más bajo de todos, el de haber escogido por parte de las bancadas de la oposición, para que llevara su vocería, a un individuo bajo investigación y proceso de la Jurisdicción Especial para la Paz, el ciudadano Julián Gallo Cubillos, más conocido con el remoquete guerrillero de Carlos Antonio Losada.  De inmediato se me activó el hemisferio cerebral de los recuerdos y rememoré la presencia en ese mismo recinto, símbolo de la democracia, de los paramilitares, por partida triple, Salvatore Mancuso, Ramón Isaza e Iván Roberto Duque, «Ernesto Báez», nuestro paisano caldense, impecablemente vestidos y objeto de aplausos como los recibidos por Julián Gallo, lo que me produjo cierta sensación de vacío, muy parecida a la que se experimenta cuando la montaña rusa alcanza su más alta velocidad. Siéntanla.