10 de agosto de 2022
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Evelio Giraldo Ospina

Prueba para detectar papiloma humano se debería hacer desde los 25 años

2 de julio de 2022
2 de julio de 2022
Existen más de 202 genotipos de VPH, una tercera parte infecta las mucosas del huésped y más de 40 tipos se trasmiten por vía sexual e infectan la región anogenital.

En este momento, la prueba de ADN del virus del papiloma humano (ADN-VPH) –para detectar el cáncer de cuello uterino– se realiza a partir de los 30 años. Un estudio sugiere que si se adelanta cinco años podría mejorar la atención a los pacientes, disminuir la ansiedad al realizar la prueba y ser más efectivo, desde los costos en salud.

La profesora Carmen Doris Garzón Olivares, del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), evaluó la seguridad, efectividad, costo-efectividad y costo-utilidad de la prueba de ADN-VPH en mujeres menores de 30 años.

La Guía de práctica clínica del Instituto Nacional de Cancerología establece la tamización con estas pruebas se debe empezar a los 30 años y finalizarla a los 65 años, con seguimiento en los casos negativos cada tres años y triaje con citología en los casos positivos.

Para la experta, “iniciar el seguimiento a los 25 años podría servir para detectar mayores tasas de NIC2 (células anormales en la superficie del cuello uterino) y disminuir la tamización, lo que bajaría los costos en la salud, ya que se aumentaría el tiempo entre prueba y prueba.

“Ahora la citología se hace cada tres años, mientras con la ADN-VPH se haría cada cinco años ante una prueba negativa, además conduciría a una mayor detección de CIN3+ (lesiones precancerosas avanzadas) en comparación con las pruebas de citología”.

La doctora asegura que la tamización cervical genera en las mujeres sensación de vulnerabilidad y desprotección, pues asocian un resultado positivo en la prueba con una infidelidad o con un diagnóstico indefectible de cáncer.

Así mismo, puede haber una barrera a la hora de realizarse la prueba, por la falta de empatía y cuidado del proveedor de servicio de salud.

Explica que la infección por VPH es común tras empezar las relaciones sexuales y en el 70 % de los casos se puede autolimitar o no ser grave después de un año, y casi en un 90 % después de dos años, gracias al factor inmune del huésped.

“Si el estigma sobre el examen y el estrés al realizar varias pruebas se reduce, las mujeres pueden sentir mayor confianza y así se evitaría una revisión tardía”.

Algunas barreras

Especialmente en la ruralidad, algunas dificultades para el acceso a las pruebas son las circunstancias de orden público como violencia o inseguridad, y los largos desplazamientos a centros médicos.

“Esto mejoraría con el uso nuevas tecnologías como la autotoma. Además, entre los procesos de facilitación se debe involucrar a líderes comunitarios, profesionales de salud locales o supervivientes de cáncer, que empoderan a la población y fomentan los procesos de tamización por representar cercanía con la comunidad”.

Según la investigación, otros factores que también representan un problema son la baja eficiencia del sistema de autorizaciones, la ausencia de registros estandarizados para procesos de las pruebas, la capacidad y calidad de los servicios en salud y el manejo de los casos positivos.

“Hay una disparidad completa en lo que tiene que ver con capacidad, dotación y calidad de los servicios de salud y el manejo que se les da a los casos positivos. Muchas veces las autorizaciones no están completas y por eso se repiten las tamizaciones”, indica la doctora.

Así mismo, a las pacientes se les ordena de manera adelantada una colposcopia –procedimiento para examinar detenidamente el cuello del útero y la vagina en busca de signos de enfermedades–, lo que genera más costos en el sistema de salud por ser una prueba más compleja.

Como metodología, el estudio siguió los lineamientos del Manual Cochrane, que es la guía oficial que describe en detalle el proceso de preparación y mantenimiento de una revisión sistemática sobre los efectos de intervenciones en salud (planificación de la revisión, búsqueda y selección de estudios, extracción de los datos, evaluación del riesgo de sesgo, análisis estadístico, e interpretación de los resultados).

Para extraer los datos se hicieron tablas de resumen y además se convocó a una mesa de trabajo para realizar un consenso formal, en el cual se analizaron los hallazgos de 8 estudios clínicos, en relación con beneficios, efectos adversos, valores y preferencia de las pacientes, los aspectos éticos y el impacto de las intervenciones sobre los costos.