16 de agosto de 2022
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Plinio Apuleyo Mendoza: El novelista

21 de julio de 2022
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
21 de julio de 2022

Plinio Apuleyo Mendoza, escritor nacido en Tunja en 1932, es uno de esos autores que despiertan el interés de la crítica literaria, no solo porque su obra está centrada en la violencia que ha vivido Colombia por culpa de los movimientos guerrilleros, sino porque ha tenido nexos de amistad con grandes escritores, que le han permitido conocer su evolución creativa y sus puntos de vista políticos. Su prosa, que se hace música en los libros Años de fuga, El desertor, Cinco días en la Isla y Entre dos aguas, es bien construida, sin excesos verbales, elaborada con gusto literario. Con ella ha abordado, como una constante, las ideas de cambio de quienes han creído encontrar en la lucha armada el vehículo para construir una sociedad más justa. Los idealistas han sido personajes de sus cuentos y novelas.

Haber sido casi testigo del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, produjo en Plinio Apuleyo Mendoza la necesidad de narrar en un lenguaje claro esa violencia que se desató en Colombia dos años antes de su muerte. El escritor estaba tomándose un tinto con sus dos hermanas en un Monte Blanco de la carrera séptima, cerca de la Avenida Jiménez, en Bogotá, cuando escuchó los disparos que al cuerpo del caudillo liberal le hizo Juan Roa Sierra. ¿Lo llevó este hecho a novelar con tanta insistencia sobre esa violencia que asoló a Colombia? Uno piensa que sí. Sobre todo cuando se da cuenta de que en casi toda su obra narrativa aparecen rasgos de su propio yo, a través de un alter ego que habla sobre la guerrilla y ese deseo de cambio que le hizo pensar a la juventud de entonces en irse para el monte.

En la obra narrativa de Plinio Apuleyo Mendoza se condensan en forma ágil la versatilidad del novelista que recrea en un lenguaje limpio sucesos de su propia vida y la visión que tiene del mundo en que le ha tocado vivir, que no es otro que el de un hombre cosmopolita, que ha viajado por muchas naciones y ha escanciado en grandes ciudades europeas el vino de las buenas lecturas, esas que lo han formado como un autor con técnica para narrar historias vividas en esas urbes. En este sentido, varios de sus libros muestran esos ambientes intelectuales en que se desenvuelve con propiedad: Paris, Madrid, Nueva York, Barcelona, Caracas, La Habana, Londres, Roma y, desde luego, Bogotá, la ciudad donde se convirtió en uno de los mejores amigos de García Márquez.

La crítica que en su momento recibió su novela Cinco días en la isla no fue la mejor. María Mercedes Carranza dijo que era “una novela de pésima calidad literaria y, además, aburrida y larguísima”.  Agrega que su protagonista “es un pobre diablo de espíritu y de bolsillo, que vive en París, se las da de escritor, está casado con una intelectual pedante, con la que tiene dos hijas adolescentes y la cual muere al final de la novela”. Ante esta crítica acerba, Plinio Apuleyo Mendoza respondió que ese concepto “no va más allá de las lecturas parroquiales de una Bogotá chismosa”. La verdad es que, leída veinte años después de su publicación, Cinco días en la isla es una novela que encanta por la calidad del lenguaje y, además, por la profundidad de los diálogos entre Claudia y Manuel, sus protagonistas.

El desertor es una obra donde está latente esa preocupación temática que desarrolla Plinio Apuleyo Mendoza en varios de sus trabajos narrativos. Un guerrillero, Ramiro Osorio, “Osorito”, que es “pequeño, tímido, sigiloso”, cuando lo persigue la policía se salva de caer preso escondiéndose en la casa que el protagonista tiene en Barranquilla. Aquí el novelista boyacense vuelve sobre un tema que trabajó en Años de fuga: el descontento de los intelectuales latinoamericanos con las ideas comunistas que en un principio abrazaron, creyendo que eran las que iban a redimir el mundo porque pregonaban la equidad social. Frustración que lo llevó a desencantarse del comunismo y, como Mario Vargas Llosa, a terminar convertido en un escritor de pensamiento liberal.

Años de fuga obtuvo en 1979 el Premio Nacional de Novela de la editorial Plaza & Janés. “La gran novela del desencanto” la llamó Gabriel García Márquez.  Y hace poco, Dasso Saldivar, el biógrafo del Premio Nobel, escribió: “Acaso lo más perdurable de Años de fuga sean su estilo plástico y sugerente, su profundidad psicológica y su catadura poética. El retrato de los personajes y la descripción de situaciones y lugares alcanzan por momentos el grado de lo sublime”. Ernesto Melo, el personaje central, es un hombre invadido por la nostalgia, que regresa a Paris después de muchos años de ausencia. Quiere reencontrarse con sus amigos de bohemia, soñadores como él, que querían cambiar el mundo. Pero se encuentra con que muchos de ellos dejaron de ser los idealistas que había conocido.

En El día que enterramos las armas, cuento que aparece en El desertor, se evidencia esa constante en la narrativa de Plinio Apuleyo Mendoza de abordar las causas de la violencia en Colombia. Expresa ese desencanto de muchos idealistas por la lucha armada. Cansados de esperar resultados concretos de su accionar guerrillero, se convencen de que ese no era el camino para alcanzar la justicia social. En Cinco días en la isla el novelista boyacense hace mención a esas frustraciones en un dialogo político que Manuel sostiene con Claudia. “Las utopías políticas cumplen un papel similar al de las religiones: ofrecen una respuesta a toda clase de problemas e infortunios. Pero, no sé por qué, acaban siempre tiñéndose de sangre”, le contesta cuando ella le pregunta si fue fructífera la ida al monte.

Cinco días en la isla no es solo una historia de amor que una pareja vive mientras disfrutan ese paradisiaco lugar, propiedad de la familia de Claudia, sino un diálogo sincero sobre las formas de lucha de la guerrilla. El esposo de ella, un banquero reconocido, es secuestrado por una célula guerrillera que exige doscientos millones de dólares por su liberación. El hombre, que se llama Tomás, negocia directamente con sus captores su libertad. Les entrega quinientos millones de pesos. Pero él se encarga de que paguen por su secuestro. Contrata a un ex agente de Scotland Yard para que los encuentre. Y son abatidos. Esto se lo cuenta Claudia Aristigueta a Manuel mientras, después de hacer el amor en un yate, degustan finos manjares.