10 de agosto de 2022
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Falta de control de terrenos baldíos generaría más cultivos ilícitos

26 de julio de 2022
26 de julio de 2022
La reforma agraria es una medida que busca solucionar problemáticas como la pobreza, la violencia en el campo y el desplazamiento forzado. Fotos: Unimedios

El problema de los cultivos ilícitos en el país es uno de los más habituales, y la identificación de estos dentro del territorio es indispensable para plantear de mejor manera la implementación integral de la reforma agraria, distribuyendo los terrenos baldíos equitativamente, dándoselos a campesinos pobres para que puedan hacerlos productivos. ¿Qué retos afronta el país para garantizar que estas tierras sean utilizadas de manera efectiva y no, por ejemplo, en negocios ilegales?

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), no tener datos claros de los propietarios de las tierras baldías puede llevar a que haya más cultivos de droga, ya que no hay ningún tipo de control ni conocimiento real de esta problemática.

Los terrenos baldíos en el país representan 48 millones de hectáreas, es decir el 20 % de los 114 millones de hectáreas del territorio de Colombia. Por otro lado, la producción de cocaína se ha incrementado en los últimos años, a pesar de la reducción de área sembradas. En 2020 esa cifra alcanzó las 1.228 toneladas, frente al estimado de 2019, que habría sido de 1.137 toneladas.

Las estadísticas pueden ir en aumento en lugares cuyo título de propiedad u origen se desconoce, que es en la mayoría de los casos, y no se tienen como un terreno productivo ni representativo en la implementación de la reforma agraria.

Según la Ley 160 de 1994, “por la cual se crea el Sistema Nacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural Campesino”, los baldíos son el principal insumo de dicha política.

La profesora Diana Isabel Güiza Gómez, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), afirma que “Colombia no siguió con la idea de hacer una reforma redistributiva, en donde se tomarán las tierras que no se están utilizando para entregárselas a campesinos que las necesitan, dada su condición de pobreza”.

Añade que, “en cambio, decidió destinar las llamadas tierras públicas, las cuales no tienen un dueño particular, y en donde no se tiene certeza si hay personas aprovechándolas, e incluso viviendo en ellas; nunca se entregaron por parte del Estado a alguien en específico”.

En la actualidad, esto ha provocado que los predios estén bajo la custodia de personas que no los necesitan, situación que va en contravía con el papel central de las medidas que buscan generar mayor equidad e igualdad en la distribución de estos terrenos.

Además, la explica que el concepto de expropiación es importante, ya que por ley la Agencia Nacional de Tierras (ANT) puede adjudicar la propiedad de terrenos baldíos a personas de escasos recursos y sin tierra.

Esta medida se puede dar cuando la autoridad agraria evidencia que un particular accedió a tierras baldías de manera irregular, y no cumplía con los requerimientos de la ley, sino que, por el contrario, tiene ventajas económicas y de propiedad frente a quien debería recibirlas.

Sin título, sin tierras

La experta señala que “uno de los mayores problemas es la falta de títulos claros de propiedad sobre esos terrenos, porque de ahí depende el acceso a infraestructura, a créditos, y a toda la oferta estatal, que permite que los predios sean productivos”.

En su opinión, los principales retos que afronta el Estado para superar la problemática de los baldíos son cuatro: (i) la falta de inventario, no se tiene certeza del lugar ni la extensión de estos terrenos, (ii) la acumulación de tierras en los años 70 y 80 que no ha sido resuelta y que obstaculiza la adjudicación, (iii) las dificultades burocráticas para dar las tierras, y (iv) la entrega de estas a personas que no las necesitan.

Añade que el Catastro Multipropósito, sistema del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) que brinda información de la tierra en Colombia –predios formales e informales– es una herramienta fundamental para ayudar en estos procesos, por lo que su accionar será determinante a la hora de establecer datos y aprovechar estos terrenos.

La profesora Güiza ofreció sus aportes en el reciente ABC publicado por Periódico UNAL y que se puede ver completo aquí: