8 de agosto de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Por Guillermo Romero Salamanca Con un capuchino Esteban Jaramillo recuerda a Orlando Cadavid Correa

6 de julio de 2022
6 de julio de 2022

Por Guillermo Romero Salamanca

Esteban Jaramillo llegó 7 minutos antes de la cita programada en un centro comercial de Bogotá. Una hora antes había grabado su programa “Libre y Directo”, espacio en el cual suelta su imaginación para comentar aspectos de la vida deportiva y lo que más le gusta: el fútbol.

Este 5 de julio la cita tenía una agenda especial: mientras en Manizales era despedido el gran periodista Orlando Cadavid Correa, fallecido en Medellín el 27 de junio en Medellín, en Bogotá, con un capuchino y un tinto, vendrían a la memoria algunos aspectos de la vida del inolvidable hombre de la voz y las letras.

En esos momentos el destacado periodista Iván Darío Góez decía de Orlando:

“Manizales lo acogió como hijo adoptivo y despertó en él un verdadero amor filial, que se mantuvo vivo hasta el final de sus días. Nunca se desconectó de la ciudad que lo graduó de periodista, a la que permaneció ligado a través de su columna dominical del diario La Patria y la codirección del portal digital Eje 21. Siempre quiso volver a esta amada tierra y hoy su deseo y voluntad se han cumplido. Sus cenizas reposarán aquí”.

Esteban Jaramillo

–Era un deseo de Orlando que sus cenizas quedaran en Manizales

–Orlando amó a Manizales como pocos…Conocí a Orlando en Manizales, mi tierra natal, cuando apenas tenía yo 13 años. Siempre admiré la forma como trataba la noticia. Fue amigo de mi hermano. Toda la ciudad lo escuchaba o lo conocía. Puedo decir que es uno de los últimos grandes periodistas que tuvo Colombia. Trató al máximo ser lo más imparcial y objetivo posible”.

Luego, la vida nos convirtió en compañeros en RCN Radio. Un día me dijo: venga, trabaje conmigo en el noticiero y así compartí sala de redacción con periodistas como Ángel Romero, Giraldo Gaitán, José Ramón Núñez, un equipazo de redactores. Eso transformó la información en la cadena. El doctor Carlos Ardila Lulle comprendió la tarea que hacía Orlando, pero había otros directivos que no pensaban igual.

–¿Cuál sería el secreto de Orlando?

–Orlando tenía como base que sus colaboradores no podían entregar una información a medias, sin confirmar y sin tener versiones. Él defendía al oficio y a sus periodistas hasta el extremo. Forjó a muchos, recuerdo, por ejemplo, la tarea que hizo con Antonio José Caballero a quien le tenía confianza absoluta. Sus noticias debían tener también una excelente redacción, obviamente, con una ortografía y léxico impecable. Los lectores de noticias de la época sacaban sus mejores voces y era una melodía escucharlos.

Orlando siempre tuvo la capacidad de rodearse de los mejores periodistas. Cuando se debía tratar un tema importante, buscaba a una persona que supiera del tema. Nunca pontificó. Siempre dejó que sus colaboradores se lucieran, él permanecía oculto, pero era quien manejaba todo el entramado que es estar actualizado.

–Un gran conocedor de los temas nacionales

–De todos. Desde los nombramientos ministeriales, lo que sucedía en el Congreso de la República, las diferentes entidades del Estado, el deporte, la sociedad, la farándula –fue en una época Juan Sin Miedo en El Espacio—y era un gran lector. Aunque la biblioteca de Orlando era voluminosa –por lo menos en la época en la cual lo conocí—admiraba también su discoteca. Conocía música. Fue relacionista de Codiscos. Sabía de boleros, tangos y música cubana. Pero con los boleros era magistral. Sabía los nombres de los compositores y, además, las historias de las canciones. Cantaba tangos –muchos de ellos aprendidos en sus noches de bohemia en Manizales—y desde luego con los ritmos cubanos, sobre todo lo relacionado con La Sonora Matancera, era ejemplar. En esas jornadas bohemias las impulsaba con un buen aguardiente.

–¿Qué obsesionaba a Orlando?

–Era una buena mesa. Comía lo mejor que le brindara la vida. Muy generoso en ese tema. Le gustaba vestir impecable. Pero era un obsesionado por los zapatos. Los hacía lustrar todos los días. Yo pensaba que era por vanidad. Una vez le pregunté del por qué mandaba lustrar con tanto esmero los zapatos. “Lo que pasa Esteban –me dijo—es que los lustrabotas son los tipos mejor informados que hay. Además, tienen una opinión muy especial sobre determinados temas y entonces así tomo el pulso de la realidad”, me contó.

Orlando conversaba con personajes, periodistas de acá y allá, tenía amigos en Nueva York, Madrid, Bogotá y hasta la Cochinchina, pero también era capaz de hablar con personas de todas las condiciones sociales. Era un buen entrevistador.

–¿Qué le admiró a Orlando?

–Que nunca tuvo el Síndrome de Procusto.

–¿Procusto?

–¿No sabe lo que es el síndrome de Procusto? Mire le voy a decir lo que dice Google: “En psicología, llamamos síndrome de Procusto al rechazo hacia las personas que sobresalen, es decir, a la incapacidad para aceptar las virtudes de otros. Las personas que lo padecen se caracterizan por un miedo constante a ser superados, a no ser lo suficientemente buenos y a sufrir sentimientos de envidia”. Orlando hacía sobresalir a todo su equipo de colaboradores. Nunca sintió envidia por alguien, más bien, era feliz conociendo noticias sobre los éxitos de sus amigos y de quienes no lo querían tanto por algún motivo. Sobre todo, a quienes les exigió en temas como verdad, investigación, léxico, sintaxis o hasta ortografía.

–¿Quién fue Orlando Cadavid Correa para Esteban Jaramillo?

–Fue mi respaldo y mi guía, lo que hoy con memoria emocionada, recuerdo y agradezco. El jefe, un periodista de verdad.

–¿Otro capuchino?

–Después. Hay que recordar más historias del maestro.