7 de agosto de 2022
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Acatar las provincias

1 de julio de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
1 de julio de 2022

Una aspiración patria, genética, ha sido la de construir la nación real desde las regiones; y lo conseguido, una artificial unidad nacional en torno a  un núcleo andino, por el que se abandona la periferia costera y la fronteriza. Eso lo revela el actual mapa electoral.

Desde el inicio de la disolución del imperio español por el secuestro napoleónico de  Fernando VII, la primera aspiración autóctona criolla, por fuera de las estructuras virreinales, fue el de unas provincias independientes, no solo de España, sino de Santa Fe.

Sin ser  aún libres, a las provincias tanto les atemorizaba seguir bajo la tenaza santafereña,  que organizaron ejércitos para mostrar sus dientes a la Capital. Antonio Nariño como presidente de Cundinamarca organizó tropas para someter a Camilo Torres. Apertrechado en Tunja para defender el federalismo. Era la patria boba. El menos avisado sabía que había que esperar una reacción de la monarquía.

Y, Nariño, adalid que fue del centralismo, en la Convención de Cúcuta pregonaba el federalismo. La Gran Colombia  no debería estar sometida a las autoridades de la altiplanicie bogotana sino que, tanto la Capitanía de Venezuela y la Real Audiencia de Quito, deberían gozar de  autonomía federal.

La incógnita sobre si el país ¿centralista o federalista? se instaló en nuestra historia como asunto vital, de ella ha dependido nuestra existencia. Por haber triunfado el centralismo hubo un principio de autoridad en Nueva Granada, que reconstituido, fue capaz de hacer frente  a los avances de la reconquista española. Y por no haberse impuesto el federalismo, el sueño bolivariano se deshizo diez años después, con la disolución de la Gran Colombia. Y por no contar todavía con una solución efectiva, Colombia  es  una nación a pesar de sí misma, expresión con la que Bushnell compendió nuestra historia.

Detrás de las guerras civiles del siglo XIX, casi una por década, estaba la tensión entre las regiones. Del Cauca partían emisarios a Cartagena , a Santander, a Boyacá, buscando aliados para el levantamiento sedicioso contra Bogotá.

El experimento de los Estados Unidos de Colombia fue enterrado por el triunfo de la Regeneración con la Constitución de 1886, la que implantó la república unitaria y centralista.

El Estado colombiano tradicionalmente anémico, calificado de Leviatán de Papel,  es tierra propicia para las iniciativas de fortalecimiento estatal, de instituciones robustas con capacidad de aquietar el país, y prestar los servicios mínimos. Pero debajo del noble propósito obra la codicia,  un centralismo goloso, que todo lo quiere para sí, a su medida, y que aplasta o  deja en la orfandad a las regiones.

Los musicólogos que estudian el periodo de la regeneración a través del discurso de los intelectuales, de las composiciones de los músicos y del currículo de la escuela  Nacional de Bellas Artes, la música que interesa es la europea, y si autóctona, solo bambucos y pasillos. A las comunidades del pacífico hay que ponerlos frac para que bailen las tonadas andinas. La música indígena y afro de la periferia, de las costas, desaparece .

Esa es el tipo de tragedia que debe enfrentar la Constitución de 1991, que  no se aparta de ese eje central de república unitaria, pero lo atenúa introduciendo paliativos a la rotundidad  de esa declaración con otras que todavía no tienen materialidad: que el municipio es la célula fundamental de nuestra organización; que  el abanico de entidades territoriales, distritos, departamentos, asociación de municipios y departamentos y regiones, asuman autónomamente la administración de servicios, la gestión de su territorio, el desarrollo de sus regiones.  Esta es la promesa de la descentralización.

En el Conpes 4091 del mes pasado se anuncia con cierto aire triunfal lo que  en el fondo es el reconocimiento de una derrota y el desánimo para superarla. Se dedicarán seis mil millones de pesos, cifra ínfima respecto a la importancia del reto, para hacer pedagogía sobre la descentralización. Ese es justamente el estado en el que se encuentra la descentralización, es la política de Asistencia Técnica Territorial.

El diagnóstico es claro, el país tiene enormes falencias en realizar la descentralización ordenada en la Constitución de 1991: no se han identificado los servicios cuya eficiencia se mejoraría pensados territorialmente; hay descoordinación de actores en la planeación y ejecución de actividades; desarticulación conceptual y metodológica, ausencia de mecanismos de control.

Los Presidentes de las Asambleas Departamentales del Eje Cafetero quieren tirar la toalla, aduciendo unos pesos, siempre pocos,  gastados en la Región Administrativa y de Planeación del Eje Cafetero. Anuncian que  pedirán la disolución de la RAP porque en cinco años no vemos la primera obra o que se haya conseguido algún proyecto. Esta afirmación pone en evidencia que no se tiene idea de la dimensión de ni de la naturaleza que supone pensarse y realizarse como región. La descentralización no es asunto de quitar o poner, o de una materia opcional. Es un empeño que debemos tener entre cejas.

Cierto es que la descentralización ha tenido un pobre desempeño, que no ha sido capaz de romper los moldes mentales de la organización de los espacios diseñados con criterios políticos, ni pensarse a sí misma a partir de una pluralidad de regiones que deben construirse desde ellas mismas.

Pero también existen grandes oportunidades.

Las recomendaciones de la Misión de Internacionalización de la Economía pueden constituirse en bitácora para fortalecer la descentralización  con un verdadero énfasis en la región, en aquel campo en el que la geografía  se sacude de los  artificiosos límites políticos, para imponer su propia lógica; la vocación económica  de un territorio la delimitan sus homogeneidades culturales y ambientales. Por ello es que la verdadera descentralización surge con un  enfoque territorial que solo es genuino si  nace en la comunidad regional.

El discurso de posesión de Petro abre una puerta enorme, no por lo que promete, sino por el enfoque que asume. Anuncia que habrá diálogos regionales vinculantes. Él, cuyo triunfo se lo debe a la periferia, debe retribuirles escuchando las provincias, acatando su voz.