18 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

95 años de la Federación Nacional de Cafeteros

3 de julio de 2022
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
3 de julio de 2022

Esta institución se creó para tratar de superar las frecuentes crisis que golpeaban a los cultivadores del grano, a los comerciantes y, por supuesto, la economía nacional. La caficultura sufrió varios descalabros; el primero ocurrió durante la Guerra de los Mil Días (1900- 1902), porque se hizo difícil el transporte del grano en las recuas de mulas; se encarecieron los fletes y cayeron los precios internacionales. Pasó el tiempo, aumentó la producción en las fincas campesinas y, en 1910, Antioquia y Caldas respondían por el 35% de la cosecha nacional. El antiguo Caldas se consolidó gracias a la cultura cafetera que creó mercado interno y unió las regiones, las integró a la economía nacional y relacionó al departamento con el mundo.

En 1915 Manizales se convirtió en gran productor de café y en importante plaza comercial, que manejaba el mercado de casi todo el departamento; hubo crecimiento económico y los comerciantes crearon el Banco de Caldas (1915), organizado por Don Carlos Pinzón, Francisco Jaramillo Ochoa y Nepomuceno Mejía; y en 1916 se fundó el Banco de El Ruiz, por Don Manuel Mejía Jaramillo, con la misión de hacer préstamos al gremio cafetero. Siguieron años de bonanza del grano hasta que llegó la crisis de 1920 y golpeó a los que compraban café para exportarlo; el que más sufrió fue Don Carlos Pinzón, el hombre más rico de toda la región, quien perdió dos millones de dólares, una inmensa fortuna en ese momento.

El negocio del café era muy riesgoso porque los precios subían y bajaban, constantemente, en el mercado internacional. Los comerciantes compraban la cosecha de Caldas, Tolima y Valle del Cauca, partiendo del precio que se fijaba en Estados Unidos. Pero el peligro y el riesgo estaban en la distancia, en la falta de comunicación y en la llegada del cargamento al país del norte. Entonces, en 1920, hubo una sequía del río Magdalena, que era por donde se enviaba la mayor parte de los cargamentos de café; los barcos no se pudieron movilizar durante varias semanas y cuando el café llegó a los puertos estadounidenses estaba por debajo de los precios que habían pagado los exportadores. Por esta razón se quebraron muchos comerciantes, porque compraron a un precio y después lo tuvieron que vender barato; como consecuencia, a partir de este momento, el capital extranjero sometió a las empresas exportadoras importantes del país.

El nacimiento de la Federación

Hubo varios antecedentes. El 26 de abril de 1920 un grupo de comerciantes creó la Unión Cafetera Colombiana, y en ese mismo año se realizó el Primer Congreso Nacional de Cafeteros, convocado por la Sociedad de Agricultores de Colombia, en Bogotá. Años después, el 21 de julio de 1927, se reunió en Medellín el Segundo Congreso Nacional Cafetero y un grupo de caficultores, de la Sociedad de Agricultores de Antioquia, propuso crear la Federación. Esto fue rápido; nombraron primer gerente a Alfredo Cortázar Toledo, abogado de la Universidad Nacional. Fue difícil el despegue de la Federación debido a problemas internos y a la crisis de 1930, que estremeció al país con mucha fuerza; una prueba de las dificultades de la Institución es que tuvo cinco gerentes entre 1927 y 1937: Alfredo Cortázar, Enrique de Narváez Quijano, Mariano Ospina Pérez, Camilo Sáenz Obregón, y Alejandro López.

Mister Coffee

La situación cambió con el nombramiento del manizaleño Manuel Mejía Jaramillo, conocido como Míster Coffee, porque fue uno de los personajes que ayudó a impulsar la cultura del café en la región caldense y en el país; era tan conocido que lo llamaban simplemente Don Manuel. Su historia es muy particular; cuando se consolidó como uno de los más fuertes compradores de café y experto exportador, lo nombraron gerente del Banco de El Ruiz, en 1916. Pero perdió mucho dinero en la crisis de 1920 y para responder a los socios extranjeros les ofreció pagar con sus fincas y casas. Pero los acreedores le dieron plazo para que pagara, con la condición de seguir trabajando como socios en la compra de café. Don Manuel recuperó su fortuna, les canceló a los acreedores, liquidó los negocios en Manizales y se fue a vivir a Bogotá, donde realizó grandes operaciones comerciales e inversiones; pero llegó la crisis de 1930 y, de nuevo, perdió una gran fortuna. Pasó el tiempo, el país volvió a la normalidad y Don Manuel viajó a Honda para seguir comprando café y exportarlo por el río Magdalena; aquí se relacionó con el futuro presidente Alfonso López Pumarejo, quien había llegado a Manizales a comprar café y lo exportaba por el puerto de Honda.

Pasaron los años, Alfonso López fue elegido presidente de Colombia, en 1934, y hubo que nombrar gerente de la Federación para reemplazar al ingeniero civil, Alejandro López. El presidente presentó el nombre de Don Manuel afirmando que “Es el único colombiano capaz de perder cinco o diez millones de pesos sin alterar su tranquilidad y el café ya no es un negocio casero, sino de largo espectro internacional. Se necesita un gerente que no tenga complejo de inferioridad frente a los gringos”.  Esto sucedía en 1937.

Don Manuel aceptó la gerencia y se dedicó a poner en orden la Federación. Observó que no había bodegas para almacenar el café y organizó 45 depósitos con capacidad para guardar casi cuatro millones de sacos de pergamino de 40 kilos; impulsó la compra de varias trilladoras de café, para no depender de terceros y aumentó la exportación a Europa, procurando disminuir la dependencia del mercado estadounidense. En ese momento el café producía el 77% de las divisas y el petróleo el 18%. Pero la situación se complicó en 1940, por la Segunda Guerra Mundial; estaba de presidente Eduardo Santos y de ministro de Hacienda Carlos Lleras Restrepo. Acudieron al Congreso de la República en busca de apoyo para salvar la economía cafetera, en crisis por el cierre de los mercados europeos.

Ante esta situación los países latinoamericanos lograron un plan de cuotas con el gobierno de Estados Unidos. Además, se creó el Fondo Nacional del Café, se impulsó una política de comercialización interna del grano, se organizaron los Almacenes Generales de Depósitos, se amplió la red de agencias para comprar café y se construyeron nuevas bodegas en los principales centros productores y en los puertos. Se puso atención a la calidad del grano y desde 1939 empezó a funcionar el Centro Nacional de Investigaciones del Café, en Chinchiná. En este ambiente, para dinamizar la Federación, Don Manuel fundó la Flota Mercante Grancolombiana y una serie de empresas, como el Banco Cafetero y la Compañía Agrícola de Seguros; de este modo se garantizaba la financiación de los productores, el transporte del grano y el amparo de los bienes de la Institución. Así, con este caldense, la Federación vivió sus mejores años. Don Manuel fue el gerente de la Federación hasta que murió de infarto, el 10 de febrero de 1958, a la edad de 71 años.

Pasó el tiempo y llegaron nuevas dificultades, como la roya, la broca y la ruptura del Acuerdo Mundial del Café. En julio de 1989, en una estrecha votación de la Organización Internacional del Café, en Londres, se rompió el acuerdo que mantenía estables los precios del grano; esta fue una decisión de Estados Unidos. El mercado libre generó el caos y los caficultores colombianos perdieron cerca de tres billones de pesos; 566 mil familias vieron reducidos los ingresos.

Hoy el café vive un buen momento y han mejorado las condiciones para las familias que dependen del grano. El gremio de los productores de café ha sabido sostener a la Federación; y recordemos que en muchos municipios los comités de cafeteros reemplazaban al Estado en la construcción de caminos, puentes y escuelas.

Por último, si algún sector ha sido dinámico, con garantía de seguridad y estabilidad en este país, es el gremio cafetero, con presencia en casi 600 municipios; por eso se dice que el café será clave en el posconflicto y que el país debe mirar el modelo cafetero en lo que ha sido exitoso.

También hay que tener en cuenta que una de las mayores oportunidades que se ha presentado para los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Norte del Valle del Cauca, fue la Declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad. Sin embargo, todavía hay desconocimiento sobre el significado de la Declaratoria que nos hizo la UNESCO, porque muchos alcaldes y funcionarios no saben cómo sacarle provecho a este reconocimiento mundial.