24 de febrero de 2024

La Cumbre de las Américas. Otro fracaso

12 de junio de 2022
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
12 de junio de 2022

Los días 7-10 de junio sesionó en Los Ángeles, California, la IX Cumbre, evento que se considera una de las reuniones más importantes para América Latina y el Caribe. Se realiza cada tres años y busca integrar a todos los países desde América del Norte hasta América del sur y el Caribe.

La historia de la integración de estos países se inició el 30 de abril de 1948 cuando se reunieron en Bogotá los representantes de 21 países de América para adoptar la carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que se comprometieron con metas comunes y a respetar la soberanía de cada uno. Pasaron los años, y el primero de enero de 1959, la revolución guerrillera dirigida por el joven abogado Fidel Castro, triunfó en Cuba; el nuevo gobierno realizó la reforma urbana e inició la transformación del sector agropecuario, sin antecedentes en el continente, que afectó directamente los ingenios azucareros estadounidenses.

Pero llegaron las represalias. El 31 de enero de 1962, en la VIII reunión de la OEA, en Punta del Este, Uruguay, se aprobó la Resolución Sexta que dice: “La adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano y, como consecuencia, se excluye al actual gobierno de Cuba de su participación en la OEA”. La mayoría de los países votaron la expulsión de Cuba movidos por los estímulos económicos que ofrecía la Alianza para el Progreso. Por ejemplo Colombia empezó a disfrutar de la “generosa política de empréstitos” y se convirtió en la vitrina de la llamada “Revolución del Desarrollo”.

Las Cumbres de las Américas se iniciaron en Miami, en 1994, como una plataforma política para el desarrollo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un proyecto de Estados Unidos para el control económico de la región; pero en 2005, en Mar del Plata, los presidentes Hugo Chávez y Néstor Kirchner, con apoyo de gobiernos amigos enterraron el ALCA. Y fueron apareciendo otros modelos de integración sin Estados Unidos, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC); sin embargo estos intentos integracionistas fallan por los cambios de regímenes políticos.

La cumbre de Los Ángeles

El evento empezó mal porque Biden excluyó de la convocatoria a Cuba, Nicaragua y Venezuela, para no perder poder en las próximas elecciones; además presentó una agenda sin discutirla previamente, y el único tema que planteó fue el de la guerra de Ucrania, porque pretendía lograr consenso frente a la invasión de Rusia. Tampoco encontró respaldo en la batalla comercial y diplomática contra la presencia de China en América Latina.

Esta cumbre será recordada por la cascada de boicots y saboteos. El presidente de México Andrés Manuel López Obrador canceló la cita porque no estaba de acuerdo con la exclusión de países que no comulgan con el modelo de democracia que practica el gobierno de Estados Unidos; mientras en la última cumbre de Lima estuvieron presentes 34 jefes de Estados a Los Ángeles solo acudieron 23 países, pero algunos sin su presidente.

Los temas gruesos de discusión fueron la prosperidad económica, el cambio climático, la crisis migratoria y las estrategias para seguir enfrentando la pandemia del COVID-19. El punto más álgido fue el de las migraciones, pero ¿cómo discutir este espinoso asunto sin Venezuela?

Al final 20 países firmaron la Declaración de Los Ángeles encaminada a frenar las migraciones; se comprometieron con medidas concretas para contener el flujo de personas a lo largo y ancho del continente. Al respecto dijo Biden que “ninguna nación debe asumir sola esta responsabilidad” y afirmó que no solo está aumentando la migración irregular que se dirige a Estados Unidos, sino que a Colombia han llegado millones de venezolanos y que los migrantes representan el 10% de la población de Costa Rica.

Por último, para los países participantes es claro que Estados Unidos no tiene capacidad de convocatoria y que está perdiendo influencia económica y política en el continente. Mientras tanto China tiene una política bilateral fluida con varios países de la región porque no se enfoca en temas que dividen, como el libre comercio, democracia y derechos humanos y viene invirtiendo en infraestructura, transporte y energía.