7 de julio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Japiverdi, don Bastantw

13 de junio de 2022

El general Rojas Pinilla y la cigüeña tienen una cosa en común: el 13 de junio de 1954. Ese día, Gurropín le regalaba la televisión a Colombia. También ese día, pero más temprano, en Neira, Caldas, la cigüeña se desencartaba  de un hermoso y regordete bebé en el hogar de doña Adelita Zuluaga y don Arturito Calderón.

El niño que vendría a engrosar la lista de neiranos ilustres al lado del maestro David Manzur, los periodistas Hernando Giraldo –cuya pluma seguimos extrañando- y el finado Darío el Pájaro Hoyos, se goza la vida con el alias de William Calderón Zuluaga.

Tan pronto nació, el Cotudo William se echó el primer editorial: una llorada de protesta porque estaba mejor en el hotel-matriz de mamá Adelita, una maestra que le dedicó 55 años a la educación. Doña Adelita dejó para la posteridad esta “jurisprudencia” educativa: la letra con hambre no entra. Y les embutía a sus alumnos proletarios tremendas mediamañanas y algos, junto con las vocales y consonantes. Todo con cargo a su cartera.

Como su paisano caldense Víctor Renán Barco, de quien fue escudero, William ha sido manzanillo en provincia y estadista en Bogotá, donde vive desde que el cerro de Monserrate iba por la mitad. Le ha ayudado su labia privilegiada de abogado que nunca vivió entre incisos. No saca un perro al parque.

Es dueño de una lengua triperina que hace las delicias de la parroquia caldense a través de la radio, en colaboraciones en La Patria y luego en El Nuevo Siglo, eterno bastión de lo que queda del viejo lauro-alvarismo.  De aquí lo sacaron como volador sin palo. Pero su Barca no naufraga. Sigue dando de qué hablar. No nació en el mes de los sustos.

El  siempre risueño “Cabezón» Calderón ha hecho del humor y de la caricatura radial y televisiva su modus vivendi y comiendi. Eso sí,  sería una calumnia del tamaño de la Catedral de Manizales decir que William ha dicho una sola mentira en su vida: solo ha sido hiperbólico, exagerado, para estar a tono con su voluminosa anatomía donde sobran kilos por todas partes, a pesar de que ha intentado todas las dietas. La que sigue actualmente es la que más disfruta y consiste … en comer de todo. Cuando necesita un adjetivo para tirarse a alguien se inspira en sus jefes Uribe y Fernando Londoño.

Imita personajes con tanta fidelidad que a veces se despierta y no sabe si es López Michelsen, Pastrana, Víctor Renán, Turbay Ayala, el hijo de doña Adelita, o su exjefe en “La hora de la verdad”, de Radio Super, Londoño Hoyos, a quien William ya veía como futuro presidente de Locombia. Se sentía regañado por un  futuro presidente.  (Bueno, hasta que un procurador le decretó el tatequieto político a uno de los sobrevivientes de la vieja prosa grecocaldense).

En el pasado, Calderón se la jugó con personajes como su viejo amigo el exministro Rodrigo “El Ronco” Marín de quien fue su fiel Sancho Panza, y Noemí Sanín. Ninguno de los llegó a buenas. O sea, que candidato que apoya William, candidato que se quema. Sobre la campaña de Noemí, el de Neira iba a escribir un libro. Digo “iba” y estoy en lo cierto. Nunca lo terminó. Nunca lo empezó tampoco.

  Cuando decidió colgar su soltería para casarse con doña Clarita, William patentó un invento para vivir siempre feliz al lado de su costilla. El invento se expresa así: “En esta casa se hace lo que yo obedezco”, una de las frases de batalla del neirano. También es de los que afirma, con el puro alvarismo, que uno se casa para tener con quién hablar y que hay gente tan mentirosa a la que no se le puede creer ni lo contrario.

Los caldenses han  sonreído de la mano de William escuchando “La caricatura”, un programa que se transmitía en Radio Manizales, de Todelar,  cuya paternidad responsable la atribuye en el tiempo a su gurú periodístico  Orlando Cadavid Correa, el único manizaleño nacido en Bello, Antioquia. Cadavid lo metió a la radio en 1984.

Un buen día sacó tiempo para un infarto que casi lo saca de la circulación. Ha habido otras recaídas en su salud, pero Calderón es hueso duro de roer.

Sus amigos hemos hecho vaca varias veces para los gladiolos. También nos ha dejado con el responso en la punta de la lengua.

Don Bastante ríe y en sus ratos de ocio, existe.