16 de agosto de 2022
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El humor de Popayán

25 de junio de 2022
Por Guillermo Muñoz Velásquez
Por Guillermo Muñoz Velásquez
25 de junio de 2022

El humor de Popayán es innato: una mezcla de malicia e ingenio. Lo heredó de sus ancestros. Es un humor de fina y delicada crítica, punzante y burletero, castizo y oportuno y sumamente socarrón. Del humor payanés, varios géneros lo identifican por la originalidad de sus creadores y el repentismo que lo sellan como único. El historiador Guido Enríquez Ruiz, en su libro “De Belén al Cacho”, (1983), recopila parte de esos escritos inspirados en la “picaresca de una sociedad como Popayán donde se cruzan varias épocas con sus razas, creencias, costumbres, cultura, virtudes y defectos”.

La obra del maestro Guido Enríquez menciona a exponentes que dieron nombre a un humor de gracioso talento como Vicente Paredes Pardo, cuyos epigramas se recuerdan en las tertulias de Popayán. Veamos:

Sobre el Cristo desnudo del Minuto de Dios:

“Dijo un niño a media voz:

Eso que le cuelga al Cristo,

que a ninguno le había visto,

¿será el minuto de Dios?”.

 

“A propósito de Mao Tse Tung y de su compatriota Lin Piao:”

 

“El ceño adusto frunció

furioso el caudillo Mao

cuando un chino le informó

que no estaba bien Lin Piao”.

 

Sobre José Raquel Mercado el líder afro de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y Tulio Cuevas de la UTC:

“Las masas han conquistado

vivienda y comida nuevas,

pues tendrán con Tulio, cuevas

y con el negro, mercado”.

 

“Con motivo del matrimonio de Jacqueline, la viuda de John F. Kennedy, con el multimillonario griego Aristóteles Sócrates Onassis:

“Con su viejo millonario

que a los setenta ya llega

Jacqueline, sin diccionario,

sabrá lo que es lengua griega”.

 

“Con ocasión de un retrato de Alfonso López Pumarejo hecho por la escultora Felisa Bursztyn en su conocido estilo de tubos y chatarras:”

“Se corta en trozos un tubo

y se sueldan los pedazos,

se le aplican dos brochazos…

y Alfonso López estuvo”.

 

Otros epigramas de Paredes Pardo:

“Un discutido doctor

que se las da de poeta

no se sabe cuándo es peor:

sí recita o sí receta”.

 

“Si esa piel de armiño,

que luces tan engreída,

fue bajada del Niño…

¿cómo sería la subida?

 

La publicación de Guido Enríquez, profesor de las centenarias aulas de la Universidad del Cauca, recuerda al poeta payanés, Hernando Orejuela Fernández -Holofernes- otro exponente del género satírico, a veces demoledor.

En el cumpleaños de un amigo, compuso:

“Nadie pudo saber cuántos abriles

fueron los que cumpliste no hace mucho

que en eso de negarlo eres tan ducho

¡Oh viejo con arrestos juveniles!…”

 

Chente Caicedo, un personaje de Popayán, donó sus bienes a la curia y murió en la ruina. Holofernes, escribió:

“Se murió nuestro amigo Vicentico

sin ofender a Dios ni levemente,

ni empinarse siquiera un aguardiente

aunque fuera una vez y poquitico…

 

A su entierro no fue ningún pariente

de tantos y tan grandes que tenía,

pero si preguntaron: ¿Qué sería

lo que le dio al pendejo de Vicente?

 

No en un hoyo profundo lo enterraron

sino en cripta marmórea y reluciente,

ante el llanto de muy escasa gente…

Y ¿Cuál su nombre?  Todos recordaron que fue doctor y que, de majadero,

donó sus bienes y murió sin…cero…!”.

 

Livio Armando Paz Navia, es también un afamado poeta del humor payanés. A él se debe un amplio legado de “epigramas, epístolas y sonetos y otras formas clásicas del verso español”, según lo rememora el maestro Guido Enríquez.

Un soneto clásico de Livio Paz, dice:

EGO SUM

“Mi lánguido retrato es absoluto:

ojos inquietos, sin ningún contrato;

nariz larga y vulgar -con mucho olfato-,

labios de negro y el cabello hirsuto.

 

Pero, a pesar de mi semblante bruto,

me ampara un corazón nada insensato;

que, aunque es algo glotón, en su arrebato

cuando el amor se rinde, es impoluto.

 

Tengo un alma sencilla donde anida

un apego tremendo por la vida

y una avidez total a la aventura

 

Y aunque me plagio siempre de poeta,

en todo, mi razón es incompleta,

siendo completa solo en la locura”.

 

Del estilo clásico español, hubo una pléyade de poetas que hicieron del humor una pieza literaria simpática y atrevida, sin pretender la ofensa. Daniel Gil Lemos, Benjamín Iragorri Diez, Alberto Mosquera, Manuel María Muñoz Obando, Jaime Castrillón, Otón Sánchez, Ramón Dolores Pérez y más nombres de payaneses que dominaban este género poético.

Aún hoy, eximios poetas y escritores del talante de Jesús Astaíza Mosquera, autor de un anecdotario costumbrista, publicado esta semana con el título “Popayán…desde la esquina”, dan vigencia a esta forma literaria. El libro es un retrato de vivencias, narraciones y vocablos, propios de una ciudad que conserva con orgullo la esencia de su tradición oral y el humor a flor de labio.

Apunta Jesús Astaíza: “…Popayán es un excelente escenario para abrevar de sus fuentes los aconteceres propiciados por la naturaleza, las personas y la ciudad misma, rica en hazañas, amores y ese humor tan propio, que es reflejo manifiesto de independencia y espontánea alegría…”.

Jesús Astaíza recuerda que “la poesía ‘Camelania Espeluficia’, escrita por el payanés Ramón Dolores Pérez, es motivo de discusión porque aparece como autor también el poeta y cuentista español Juan Pérez Zúñiga, pero escritores como León de Greiff, Carlos Villafañe y Silvio Villegas se sostienen en la autoría del bardo payanés, pues el estilo de sus obras, dan para no dudarlo…”. Pasó el tiempo y nunca se determinó quién era el verdadero autor de esta reconocida pieza literaria. Ramón Dolores Pérez, afirmó que solo Dios lo sabía, porque él lo había olvidado. De quien, finalmente haya sido su autor, transcribimos dos estrofas de ese peculiar poema:

CAMELANIA ESPELUFICIA

“Como el fasgo sendal de la pandurga

remurmucia la pínola plateca,

así el chungo de la gran Perrontoreca

con su garcha cuesquina sapreturga  (la)…”

 

Diquilón el sinfurcio flamenurga, (Diquelón)

Con carrucios de ardor en la testeca;

y en limpornia simplaque y con merleca,

Se amancoplan Segris y Tramapalurga…”

Los dos autores tenían un estilo semejante en la composición de sus poemas, fueron contemporáneos, tuvieron idéntico apellido y además músicos.

Juan Pérez Zúñiga, español, (1860-1938), escribió:

LA SERENATA

“…Ahora que los ladros perran,

ahora que los cantos gallan,

ahora que, albando la toca,

Las altas suenan campanas,

y que los rebuznos burran

y que los gorjeos pajaran,

y que los silbos serenen,

que los gruños marranan,

y que la aurorada rosa,

los extensos doros campa,

perlando líquidas viertas,

cual yo lagrimo derramas,

yo friando de tirito

si bien el abrasa almada,

vengo a suspirar mis lanzos,

ventano de tus debajas…”

El payanés Ramón Dolores Pérez, (1868-1956) construyó esta peculiar poesía:

Un pirricorris picóme

-por pisaverde- el ombligo;

sólo un pulgón fue testigo

de la sangre q’ el chupóme…!

…Mas el pulgón repelente,

mirando mi rostro airado

bajó a mi esfínter, rosado,

y se ocultó, azás silente.

…Y ya sopordeslizado,

al son de añoso sambúc

bailar un bamúc

pachidiaguitar tocado…!

Narra Jesús Astaíza que “su hijo Jesús Andrés, inspirado por la lectura del poema anterior, anotó: papá, ahora nos toca aprender a “guitar tocarra”.

Cuando entre los payaneses se discutía el tipo de construcción de un puente, situado entre el sector de la Última Lágrima y el Cementerio, Jesús Astaíza dijo:

“Entre lágrimas y fosas,

hay un puente construido,

por eso entre otras cosas

es un puente deprimido”.

Otro recordado humorista de este terruño es Manuel María Muñoz Obando, quien escribió una Carta Lírica a su amigo de andanzas poéticas, Alberto Mosquera. Un fragmento de este juego de palabras dice:

(De mal tono y en todos los tonos)

Hermano en Dios pan,

antes que me muera

de peritonitis,

o de sinusitis,

o de apendicitis,

o de una epidemia cualquiera,

me roe la mollera

versánico afán,

de hacer estos versos bisojos

y cojos

que van por la etérea

región ultra-aérea

hasta Popayán

evoca

tu loca

manía,

los tiempos lejanos

de aquellos hermanos

Mayita, Gil Lemos

y de otros faquires

Ramiro Ramírez

de la poesía.

El humor de los payaneses sigue tan vivo como su pasado. Siempre habrá en las esquinas, en los andenes, en los cafés y en cada tertulia callejera o de salón, un payanés que deje escapar su ingenio en un torrente de buen humor.

Popayán, junio de 2022