6 de julio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¡Todo menos eso!

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
28 de mayo de 2022
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
28 de mayo de 2022

Es preferible salvaguardar nuestra fragmentada democracia que ir a ciegas detrás de un solapado proyecto de dictadura presidencial amparado y protegido por narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros, disidentes, terroristas, milicias urbanas, colectivos venezolanos, organizaciones al margen de la ley, corruptos de desiguales especies y bandidos de la peor calaña. Bajo cuerda, el embeleco del ‘perdón social’ para esos malhechores esconde la impunidad, desconoce la justicia restaurativa y zapatea a las víctimas del conflicto armado. No cabe más descomposición moral enlazada en el rosario de falsedades para el rebaño de necios.

A pesar de las circunstancias adversas de distinta índole es mejor un sistema político imperfecto de abierta participación ciudadana, contradictorio, a veces demasiado inequitativo, carente de sabiduría política, posiciones antagónicas y desinformación; que intentar ensayar con las incoherencias del populismo que destruye la dignidad humana, suprime las libertades de todo tipo, da largas a lo improbable, azuza el odio de clases, acaba con el bienestar general y echa por tierra la sana convivencia.

A partir de identificar las fallas del actual gobierno, la sociedad civil cuenta con las herramientas constitucionales para construir soluciones y políticas públicas; lograr consensos y establecer prioridades nacionales; tender puentes entre los ciudadanos y las diferentes ramas de poder público; impulsar proyectos de Ley de carácter social y avanzar en la cultura anticorrupción; entre otras decisiones esenciales solo realizables preservando el Estado de Derecho.

No anida el sentido común ni la entereza y menos aún, la modificación contundente de las actuales condiciones en el momento que se buscan privilegios y beneficios para unos cuantos. Cómo diablos un representante de la miel seca e intransigente a más no poder, promete ‘una potencia de la vida’, cuando lleva décadas inclinado a hacer mal.

Suena ridículo, desafiante, menospreciativo e impúdico hacia las personas en ambientes de miseria y de hambre; el cuentico de que ‘vamos a vivir sabroso’, brindando insolentemente con vino tinto. Este estribillo se constituye en el ejemplo burdo de algunos pseudointelectuales y actores mediocres que no pagan impuestos, y viven a expensas del erario o del patrocinio de las empresas privadas que, hoy, aseguran que no dejarán piedra sobre piedra.

Colombia no necesita gente guache, reactiva, asocial e impulsiva que procede sin principios decentes y con base en la memoria selectiva del invariable engaño. A las patadas o a las balas resuelven las discordias inherentes a la pluralidad. Por eso, encubren desde delitos contra la población civil hasta fajos de billetes introducidos en bolsas de basura, turbantes, maletas ‘olvidadas’ y argucias en procura del enriquecimiento ilícito por más de tres mil millones de pesos. Así las cosas y las evidencias irrebatibles a la luz del debido proceso y las disposiciones legales vigentes, el siniestro Pacto Histórico todo lo califica de trampa y de persecución. “Juntáronse el codicioso y el tramposo” ¡Venga y vea! La constante lavada de manos. Nunca la emulación de Poncio Pilato merecerá el voto de confianza y tampoco será la mejor opción el autoproclamado Mesías del cambio. A ciencia cierta, Petro, tiene cara de hereje.

Existe un contraste diametral entre una promesa incumplida y la jerga de un exguerrillero embaucador que nunca dejó la mala voluntad, el espíritu anarquista y el doblez revestido de ideología progresista. No hay un nivel más retrógrado que el arma del artificio y el montaje de supuestos atentados para atenuar los actos corrompidos de la campaña. El irrespeto a la inteligencia de sus adeptos parte de las actitudes verbales efectistas, el modo postizo y la exposición de irreales propuestas de un cínico inconfeso.

Nunca un extremista luchará por la verdad ni defenderá la soberanía del pueblo; más bien, seguirá campante sin pedir perdón destrozando los prontuarios que lo vinculan con los delitos de lesa humanidad. Alguien de esa estirpe no debe ser elegido como presidente de la República en razón a que únicamente conoce la potencia máxima de la traición, el ‘vivir sabroso’ al estilo mafioso, el pactar con delincuentes e implementar la mentira a semejanza de modus operandi.

La igualdad de los ciudadanos ante la ley no está considerada en la estructura mental perversa y maquiavélica de Petro. Con seguridad es todo eso, menos un hombre justo y leal.

Enfoque crítico – pie de página. La seborrea oral del suspendido alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, y su séquito de bufones, salpica de pinturita apunta de toscos brochazos de descaradas invenciones, absurda victimización, incapacidad conceptual y abierta participación política mimetizada a manera de desacato. La capital antioqueña se equivocó escogiendo a un muñeco grotesco ¡ojalá!, Colombia no meta la pata con alguien de su mismo molde. Quintero parece más un párvulo llorón que un sujeto capaz de dirigir los destinos de la segunda ciudad del país.