18 de agosto de 2022
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La OTAN y el negocio de las armas

22 de mayo de 2022
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
22 de mayo de 2022

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Occidente veía a la URSS como una amenaza por su poderío militar; en este clima crecieron las tensiones políticas entre Washington y Moscú lo que dio nacimiento a la Guerra Fría. Como consecuencia Estados Unidos les propuso a los países de Europa Occidental la creación del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como un sistema colectivo de defensa por el cual los miembros acordaban defender a cualquiera de los países asociados en caso de ataque por una potencia externa. El Tratado se firmó el 4 de abril de 1949, con sede en Bruselas y hoy cuenta con 30 países aliados.

Para responder a este bloque la URSS promovió la creación del Pacto de Varsovia como un acuerdo de cooperación militar, firmado el 14 de mayo de 1955 por los países del bloque del Este. Su objetivo era contrarrestar la amenaza de la OTAN.

Pasaron los años y en diciembre de 1991 Mijail Gorbachov anunció la disolución de la Unión Soviética. Después de este colapso Rusia permaneció durante muchos años sin recuperarse debido al daño causado por políticos sagaces y oportunistas que prepararon el terreno para la llegada de la lumpen oligarquía. Se creó el ambiente apropiado para el surgimiento de los multimillonarios, que amasaron fortunas por la privatización fraudulenta de las propiedades públicas, heredadas de la URSS.

Esta situación la aprovecharon los diferentes gobiernos de Estados Unidos pues desapareció el Pacto de Varsovia y ya no era necesaria la Organización del Atlántico Norte. Pero la industria militar tiene mucho poder económico y político y desde los años noventa la OTAN se fue expandiendo hacia el Este incorporando países del antiguo sistema comunista, incumpliendo los acuerdos con Gorbachov y amenazando el equilibrio geoestratégico. Desde 1999 ingresaron a la OTAN las Repúblicas Bálticas, Polonia, Hungría, la República Checa y Rumania; faltan Bielorrusia y Ucrania para que las fuerzas militares de la OTAN toquen la frontera rusa.

Las jugadas de Putin

El presidente de Rusia es considerado un Trump a la rusa. Es un político de derecha, autoritario, antidemocrático, nacionalista y etnocentrista. Desde su tercer gobierno (2012-2018) empezó a invertir una enorme cantidad de recursos en defensa porque considera que en la industria militar está la base para modernizar la economía. Su política se basa en recuperar el concepto de potencia y el orgullo nacional que estaba por el suelo. Se distanció de la ideología comunista pero también de Occidente; no está plegado a los dictados de Washington, ni a los de la Unión Europea (UE).

Desde el año 2008 condenó la expansión de la OTAN y el plan de Estados Unidos para llevar fuerzas poderosas a la Federación Rusa y venía molesto por las presiones de la UE para que el gobierno de Ucrania aprobara el Acuerdo de Asociación. El presidente Víctor Yanukovich se negó a firmar por las consecuencias que traería abrir la frontera a los monopolios de Occidente; después de soportar un fuerte movimiento de protesta, la extrema derecha le dio Golpe de Estado.

La situación cambió con la llegada de Volodymir Zelensky en 2019; cuando se posesionó como presidente intentó acercarse a Occidente, lo que significaba llegar a la UE y a la OTAN. Este movimiento lo esperaba Putin, jugó sus cartas y el 24 de febrero inició la operación militar alegando la necesidad de “desnazificiar y desmilitarizar a Ucrania”. Como este país no hace parte de la OTAN se queda solo enfrentando la invasión de Rusia, una potencia que tiene el segundo ejército más poderoso del mundo.

La guerra y la industria militar

Pero el conflicto no es solo entre Ucrania y Rusia. Una base de la OTAN significa un mercado para el complejo militar-industrial-tecnológico de Estados Unidos, pues cada país tiene que invertir el 2% de su Producto Interno Bruto en defensa. Esto se convierte en dinero para Estados Unidos y en desangre para los estados miembros. Hoy numerosos gobiernos envían armas obsoletas al escenario del conflicto en Ucrania, mientras tanto el mundo se rearma, Europa y la OTAN modernizan los equipos bélicos y la gran industria militar hace su gran negocio. Como consecuencia el pueblo de Ucrania está sumergido en la miseria y el país en ruinas; mientras tanto Rusia queda debilitada y Putin convertido en paria, Europa se gasta el presupuesto comprando armas y el Tío Sam se queda contando las ganancias.