26 de junio de 2022
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En lugar de nombres, códigos

7 de mayo de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
7 de mayo de 2022

¿Qué dificultad hay en que Elon Musk tome las banderas del respeto a la libertad de opinión haciéndose a la totalidad de acciones de Twitter?

El ser hablante se realiza  exponiendo su pensamiento, y hacerlo de manera  libre es un peldaño enorme que ha dado la humanidad para  habitar en una comunidad tolerante, en una sociedad democrática. La libertad para opinar y el derecho a recibir información son dimensiones de un derecho que ocupa un rango superior en la tabla de valores, pero aún así, la jurisprudencia nacional e internacional le niegan el carácter de absoluto.

El hábitat de la libertad de expresión es la diversidad de interlocutores, una infinita pluralidad de facilitadores y una multiplicidad de  protectores de la libertad. Es alto el riesgo si este queda en manos de uno o de pocos, del Estado, a un paso del despotismo; de Zuckenberg, de Musk,  de quienes quieren  jugar a tutores de ese derecho, a bondadosos gran hermano.

Ya de principio el aire está viciado. La compra que se propone Musk es un pulso entre poderosos del planeta, top de la plutocracia. Le irrita que un par suyo, Zuckenberg,  dicte sobre lo que se puede hablar y callar.

El medio para lograrlo también ha de prender las alertas: hacer de Twitter una empresa unipersonal, sacarla de bolsa, y sustituir a miles de accionistas.

Y la finalidad ha de aterrar. Hacer de la libertad un derecho absoluto, sin que ninguno otro o de otro, se le puede oponer. Las libertades no son para lucir como pieza única, cada una es parte  de un rompecabezas, moldeada para que encaje en el goce del universo de  derechos. El de  ser oído no puede  ser aprovechado para destruir al otro, incitar su exterminio o falsificar la verdad.

Facebook practica una libertad al derecho de expresión tan flexible como las necesidades de  crecimiento de la empresa. Su historia, documentada por Frenkel y Kang en su libro Manipulados, ilustra sobre la refinada hipocresía que se esconde detrás de la autoproclamación de defensor del derecho de opinión. Para salir del atolladero al que lo había llevado la laxitud de sus políticas, estuvo dispuesto a entregar su identidad judía al anunciar que no censuraría a los negadores del Holocausto.

Derribar la intimidad bajo la capa del derecho de expresión ha sido la fórmula de Facebook.   Del placer de desnudar la intimidad de los demás, hizo negocio. Concebida inicialmente como herramienta para concertar citas entre los  universitarios de Harvard. Pero, un día el cruce privado de fotos familiares, fue subido a la vista de todos, se convirtió en comidilla.  Algunos protestaron, pero lo cierto fue que la afición por el chisme multiplicó las visitas, y dio la pista para otras debilidades humanas: el fisgoneo, la vanidad, el incensario; las que mejor casaban con las obsesiones de Zuckenberg, capturar usuarios por millones y atraparlos el mayor tiempo posible. Dio por sentado que lo que se cuelga se quiere ostentar. Cambió un patrón de conducta social, con el declive de la privacidad, la afición por el exhibicionismo.

Las redes sociales incuban especies de discurso, que dudosamente caben en el cabal ejercicio del derecho de expresión. Son  de fácil reproducción, alto nivel de contagio, y de letal ferocidad. Las redes son planetarias y en segundos pueden recorrer la circunferencia de la tierra varias veces.

Los miedos infundidos en los discursos de odio y discriminación en la tipografía son más amenazantes en el mundo cibernético. Facebook no solo es el medio en el que los usuarios descargan mensajes de odio, este los encauza por estrechos cañones que multiplica la fuerza dañina. El like, aparente artilugio anodino, es un sofisticado mecanismo de manipulación, que conforma grupos que oyendose entre sí se envalentonan,. Facebook  hizo posible que los rakéin, civiles budistas y paramilitares, se concertaran hace cuatro años para desatar una espantosa persecusión de rohinyás, que culminó en un vergonzoso genocidio. Las directivas de Facebook seguían el curso de los acontecimientos impávidos.

Debe exigirse controles a las redes para que ellas no sean el reino de las fake news, el refinado ejercicio de desinformación y propaganda negra.  Las mentiras que son de todas las épocas, por cuenta del poder apabullante de las redes, se han envalentonado, y con cinismo, a fuerza de repetirse, quieren destronar la verdad, para instaurar la realidad alterna, la postverdad. El miedo a ser cogido en la mentira ha se remplazado por el valor de mantenerse en ella.

Musk propone exigir la autenticación de cuentas, recurso insuficiente y ambiguo.  Bien por la eliminación de  unas cuentas falsas, pero las mercenarias se dotarán de identidad. El anonimato es doblefronte como Jano. La autenticación ha de ser implacable para  bodegas que solo actúan en la oscuridad, para, desdoblada su personalidad, dar rienda a su alma siniestra, cobardía oculta bajo la falsa inofensividad. Y qué de los indefensos que han de valerse de anónimos para denunciar. Anonymous, mascara de afable picardía, del que se sale con la suya, es un vengador de una sociedad manipulada, que hackea a los poderos para poner en evidencia tramas oscuras

Y qué importancia tiene la identificación en un mundo que se invisibilizan a las personas, en el que se viene a menos la identidad individual, lo que cuenta es un perfil para ser adosado a un grupo, de aquellos que negocian alas empresas para sus campañas. ¿Es visionario Musk cuando al escoger como nombre para su hijo X AE A-XII? Pero más impenetrable y corrosiva es la invisibilización de quines manejan los hilos de las redes, los que marcan el curso  y velocidad de los mensajes, predeterminan el sentido de los contenidos, y seleccionan lo que han de leer los usuarios: los algoritmos que rijen  la Inteligencia artificial, que a su antojo, basados en  psicología motivacional, manipulan y explotan gustos e inclinaciones y modelan comportamientos.

Un Twiter desencadenado es medio  propicio para que las Cambridge Analytica se hagan dueñas de la democracias.