6 de julio de 2022
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El extravío de la burocracia

21 de mayo de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
21 de mayo de 2022

El oficio del columnista puede figurarse como el del portero que evita goles, aquí a la ciudadanía, cuando le ocultan o disfrazan eventos o historias, ofreciendo elementos de juicio que le den al lector alguna luz.

Algo se  logra proponiendo resolver preguntas básicas, como aquella que indaga por qué al Estado se le ha salido de cauce una burocracia que ha engendrado bajo sus propias reglas. Encontramos disímiles los ejemplos que tienen en común una burocracia que se extravía y toma su propio rumbo. La solemne misión de la institución a la que fueron vinculados queda olvidada.

Ejemplo máximo, es lo que acontece en las cárceles. Que la red de extorsionistas se arma desde la Picaleña; que el asesinato fue planeado en la Picota; que en Cómbita se manejan los hilos del narcotráfico. ¿Cómo puede ocurrir que el Estado -el INPEC-  no pueda controlar a quien tiene detrás de las rejas? Lo que trasciende de ese oscuro mundo es que hay dos clases de reclusos, unos que se pueden proveer de privilegios y servicios especiales de manera que hacen de su celda  un sitio de paso registrado a su nombre para efectos de contabilizar la pena, o un club, y otros, sujetos a la doble condena, la del juez y la de los carceleros, que los dejan a su suerte, desprotegidos. Toda la teoría de la condición humana del recluso, y la de seguridad ciudadana con cárceles que, en lugar de confinar el peligro  lo hacen más amenazante, se esfuma por cuenta de una burocracia dedicada a los menesteres que ellos se han ideado para su beneficio.

El magisterio de primaria y media, trescientos treinta mil profesores distribuidos por la geografía nacional, nos mostró su rostro en la tragedia de la pandemia, el de un capitán que ante la inminencia del hundimiento, presuroso abandona la nave. El buscar el beneficio de niños y jóvenes debe ser el principal propósito. Todos estuvimos expuestos a la afectación de la salud física y mental. Pero para esta robusta burocracia lo que importó fueron las seguridades para ellos. Se resistieron a volver a la escuela, fueron diez las condiciones, sin contar en su fórmula el daño que les producía a sus educandos dejarlos por fuera.  Esta actitud se alimenta en miope sindicalismo. Wasserman – La Educación en Colombia – para dar una semblanza  del maestro, destaca como en el documento de FECODE 2017 – La reconstitución del movimiento pedagógico, diez tesis,  la preocupación se orienta a la defensa de los logros sindicales, menos que a una reflexión más pedagógica y académica. Su bandera por la educación pública debía dejar en un segundo plano  el apersonamiento por los puestos y asumir lo que les toca de responsabilidad, siempre la mayor, en su mediocre desempeño, por debajo de la media internacional de la OCDE en 83 puntos sobre los 488 del promedio, y en Colombia, sostenidamente inferior a la educación privada, a la que debería emular en lugar de sentir por ella aversión.

Los momentos de dificultad también ponen a prueba el carácter de las instituciones.  El INVIMA entendió muy bien lo que al país le venía con la pandemia. Su Dirección de Dispositivos Médicos les pidió a sus expertos dedicar el máximo esfuerzo a acompañar y orientar a los investigadores y grupos de trabajo. ¿Y cuáles fueron los resultados?  Los prototipos de ventiladores respiratorios de las Universidades UAM, Nacional de Manizales, la Sabana, Antioquia, la EIA; dos años después, cuando el mercado se surtió con equipos comprados en el exterior, apenas obtuvieron autorización para estudios clínicos. A ciencia cierta, los de las universidades de Manizales no han recibido autorización para su producción.  En plata blanca el INVIMA no colaboró, fue un obstáculo más, no evolucionó para estar a la altura de la emergencia sanitaria, se ciñó a la inercia de la rutina burocrática de convalidar pruebas ajenas, las de autoridades europeas o americanas, más no en aplicarse directamente a la tecnología local, coadyuvar, para sacar adelante, la tecnología local, a pesar del  desesperado propósito nacional de dotar a las unidades de cuidados intensivos de respiradores, indicativo determinante para declarar o no cuarentenas  El INVIMA no tiene disculpa, estaba en sus manos, bajo legislación de emergencia, el haber obtenido recursos necesarios para cumplir la gravedad de su labor. Si atendió satisfactoriamente las autorizaciones de importaciones, las que crecieron un 439%, -pasaron de 2.000 a 11.723, en el 2020- de elementos dentro de los cuales estaban los dispositivos médicos. Por la evidencia, la agilidad de las autorizaciones tuvo dos velocidades, que terminaron favoreciendo la compra de equipos que de otra manera hubieran sido suplidos por los de producción nacional.

El buen diseño de las instituciones se estropea cuando su suerte queda librada a la suerte de sus burocracias. Sus agendas, seguridad ciudadana, calidad de la educación, suficiencia hospitalaria y  salud,  se reemplazan por las propias de sus burocracias.

La burocracia del INPEC se pierde en corrupción, que es forma deliberada de corroer el Estado. ¿Qué tan profundo o generalizado es el fenómeno? No puede saberse, o lo que se prefiere es no saberlo. Lo cierto es que la propuesta de eliminar la institución sin averiguar a fondo el problema, sin diagnóstico, es una manera de perdón y olvido, y de crear nueva cuenta para el mismo y viejo mal.

La burocracia del magisterio se desvía inconsciente y paulatinamente de su camino por la vía de una ideologización que eleva al primer orden los fines sindicales, que han de ser apreciados, pero no más que los fines de la educación. La burocracia fagocita la administración que primero ha de velar por los intereses de esta, que la de los destinatarios de la educación.

La burocracia del INVIMA, además de la atrofia que genera su inercia, la rutina del oficio, puede padecer, lanzamos esta hipótesis, la captura de política, que supedita las urgencias del país y la marcha de la ciencia a los intereses de grupos de presión.