9 de junio de 2026

Saúl Sánchez Toro El agua que nos bebemos

Por Saúl Sánchez Toro
22 de mayo de 2022
Por Saúl Sánchez Toro
22 de mayo de 2022

Hace 50 años, en la vereda La Florida, de Villamaria, Caldas, Colombia, vivían plácidamente cerca de 70 habitantes que disfrutaban de sus cosechas de repollo, coles, zanahoria, lechugas, flores y frutales a granel. Era una región hortícola  y floral (de aquí su nombre) por excelencia.

Esta comunidad, muy unida al principio, se puso de acuerdo y construyó su propio acueducto. Tomó las aguas cristalinas que nacían en los asentamientos del Seminario Mayor, en la propia quebrada Molinos, un afluente hídrico que más abajo tenía una fauna ictiológica fluctuante y muy diversa.

El agua llegaba a cada una de las 15 casas a través de canaletas de guadua o de canutillos de guadüilla. Era un agua pura, limpia que se podía beber sin miedos. Tenían un gran tanque al que la misma comunidad le hacía su mantenimiento semanal.  Con ese acueducto duraron más de veinte años.

Hasta que un día, de esos nefastos, luctuoso para su historia, llegó el hombre de corbata, montado en su jeep Willis modelo 52 y le pintó a la comunidad pajaritos de oro y enjambre de mariposas multicolores. Que les harían un acueducto “técnico”, con todas las normas hídricas existentes. Hablaron de válvulas isométricas, ductos impermeables de pvc de calibre 6 a 9 pulgadas, tratamiento químico de aguas, conservación de la potabilidad y de una cantidad de conceptos que “engatusaron” a los pobres campesinos que se convencieron de la bonanza de tener un acueducto profesional.

Fue desde ese momento que el agua de la entraña de sus propias montañas, sus fincas, sus herencias ancestrales, pasó a ser parte de la municipalidad. Y fue también desde ese mismo momento, que los consumos que antes eran gratuitos, ahora se volvieron “medidos” y cuantificados. Empezaron a llegarles facturas de consumo y quien se atrasaba en su pago  sufría de la desconexión del preciado líquido que antes fluía a caudales y libre como el viento. Y lo más grave, empezaron a cobrarles dizque consumo básico, un adefesio legal que plasma en metros cúbicos lo que usted debe consumir. Y aquello que era su mínimo  vital hoy se comercializa para todos los circundantes (incluida la capital , Manizales, que no le paga al Municipio por lo que  recibe pero que si le cobra a los consumidores).

Hoy después de 50 años y ante el cataclismico panorama que se avecina, por culpa de un desconocido virus que no sabemos cómo, cuándo y  quien lo plantó en algún lugar del Planeta, vemos que esa preciosa agua,  se ha convertido en elemento esencial para protegernos y no dejar que la sombra de la muerte entre a nuestras casas.

La propaganda en redes, emisoras, televisión, de boca en boca es #Lávenselasmanos. Y el famoso  hashtag se volvió viral, junto con el #QuedateEnCasa. El consumo de agua en los hogares se  ha disparado en forma aún no visualizada porque apenas estamos dizque en la etapa de meseta del virus (el pico que llaman) de  la Pandemia.

Y el Señor Gobierno?.  Ajeno a estos avatares, se preocupa más por fortalecer a los fuertes que por ayudar a los débiles que somos el 80 por ciento de la población patria.

Y las empresas de servicios públicos: Emas, EPM, Emcali, Aquamaná? Calladas. No se atreven a tomar decisiones. Puntos de vista que el conglomerado, ve con tristeza, como se toman en países más pobres de nuestro hemisferio como el Salvador o en países fuertemente golpeados  por la Pandemia como Italia y España en donde los gobiernos han congelado el pago de servicios públicos, por tres meses y aquí, en nuestra patria no se atreven a tocar dizque porque se cae la economía o se desboca la pobreza y por el contrario, los “asesores” técnicos buscan como incrementar los costos y se inventan atrevidas formas para sacarle a los consumidores más dinero para engrosar las arcas de la burocracia, que no sabemos en qué se gastan los recaudos, porque en mejoramiento de servicios no lo es.   Una economía fuertemente informal en donde los trabajadores viven del día a día, no resiste.

Y para rematar, las inclemencias del tiempo han terminado por socavar las bocatomas y afectarlas peligrosamente, lo que debería obligar a los gobiernos locales a buscar soluciones a corto, mediano y largo plazo,  para que se garantice el suministro del preciado líquido a todas las municipalidades.

La visión de los mandatarios locales debe dirigirse única y exclusivamente hacia estas bocatomas que son la fuente de nuestra supervivencia. Ocuparse de otras cosas fútiles, sin trascendencia en nuestras ciudades, es obrar con irresponsabilidad y sin visión de futuro.

Si a quienes llevamos a que timonearan el barco de nuestra Democracia, no son capaces de guiarnos a puerto seguro, tendremos muy seguramente que analizar cómo les quitamos la conducción  o dirección de nuestro sistema y llevar al liderazgo a líderes  carismáticos, mesurados, racionales, lógicos con visión futura.

Es hora que el Gobierno Nacional o los gobiernos locales tomen decisiones a favor del Pueblo, si quieren que exista un Pueblo a quien gobernar.

Villa Hada, La Florida, Villamaría, mayo 23 de 2022.

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