27 de mayo de 2022
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Colombia, un barco a la deriva

11 de mayo de 2022
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
11 de mayo de 2022

Un análisis con cabeza fría de lo que espera al mundo, y de manera especial a Latinoamérica y aún más especial, a Colombia, en años inmediatos, nos permite llegar a conclusiones demasiado desalentadoras. Me atrevo a decir que escalofriantes.

He extractado apartes de tres valiosos informes de análisis publicados esta semana por entidades serias e importantes, tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Federación Latinoamericana de Bancos, FELABAN. Y de ellos se destaca que la crisis financiera y la crisis de la educación no permiten todavía observar una luz al final del túnel.

Una crisis financiera de dimensiones similares a aquella de 2008, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, una pandemia de dimensiones y alcance catastróficos, y un conflicto bélico en Europa del Este son algunos ejemplos de eventos recientes que sugieren una crisis de larga duración. Desafortunadamente, a este coctel de eventos podría sumarse una espiral inflacionaria creciente.

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional actualizó sus proyecciones macroeconómicas, y elevó su pronóstico de inflación en América Latina al cierre de 2022 hasta 11,2% (desde el 9,8% que había estimado a finales de 2021). Sin embargo, si las disrupciones a las cadenas de suministro en Asia se prolongan en los meses por venir, esta estimación podría quedarse corta dada la alta dependencia comercial de varios países latinoamericanos con esta subregión – de hecho, FELABAN estima que dicha cifra podría alcanzar el 12% al cierre de 2022.

LA CRISIS FINANCIERA

Recordemos que durante el primer año de pandemia, Estados Unidos llegó a tener una cifra nunca antes registrada de hasta 36 millones de desempleados. La administración de Donald Trump creó un sistema de apoyo financiero para los desempleados que se ha extendido hasta el gobierno actual de Joe Biden, generando, quizás sin proponérselo, una crisis con otras preocupaciones y de otras proporciones, pues millones de norteamericanos han preferido no buscar empleo porque el subsidio del gobierno ha sido tan bueno que “las ganas de trabajar se quitaron”.

Todavía hoy vemos avisos en muchos negocios ofreciendo pagos de $20, $25 dólares o más por hora por trabajos tan sencillos como atender al público en un supermercado o en un restaurante. Y otras industrias como la agrícola, la automotriz, la energética, el cuidado de la salud, y el transporte público, entre otras, han tenido repercusiones peores.

Dado que cerca del 80% de las mercancías a nivel global se transportan por vía marítima, es notorio que el aumento en los costos de movilizar un contenedor junto con los aumentos en los tiempos de espera en terminales portuarias, terminan por profundizar las disrupciones en las cadenas de suministro globales. Hay millones de camiones y trenes de carga detenidos, y, de hecho, se estima que los costos de transportar un contenedor de 40 pies por vía marítima aumentaron, en promedio, 7 veces en el período marzo 2020 – diciembre 2021 , y desafortunadamente, las recientes políticas estrictas “cero COVID” en China, caracterizadas por confinamientos a gran escala, permiten augurar que dichos costos de transporte podrían mantenerse en niveles elevados (e inclusive aumentar) en el corto y mediano plazo.

Otro factor que afecta la economía mundial tiene un origen geopolítico, concretamente, el conflicto bélico en Europa Oriental. Dado que Rusia es un jugador clave en la producción de petróleo a nivel internacional, las sanciones internacionales dirigidas a este país han generado gran disminución en la cantidad de petróleo producido y comercializado a nivel global y, por tanto, ha impulsado al alza sus precios de referencia. En la misma línea, un efecto colateral de este evento geopolítico es el impacto en los precios de otros bienes energéticos que pueden considerarse como “sustitutos” (como el carbón, el gas natural y el gas licuado).

CAUSAS DE LA INFLACION

En últimas, aumentos en los precios de energía son una mala noticia económica, pues presionan al alza el costo de los combustibles (y, por ende, del transporte), de la energía eléctrica consumida por hogares y empresas en algunas latitudes, y en últimas, en el precio de los alimentos. Sin embargo, en este último caso, un factor adicional de los elevados precios de los alimentos es explicado por los precios internacionales de los fertilizantes. En el caso particular de América Latina, se estima que el 42% de las importaciones de la región provenientes de Rusia son fertilizantes, lo cual explica parcialmente el aumento en la inflación núcleo en los países latinoamericanos (dada la dificultad de sustituir rápidamente los socios comerciales proveedores de dichos fertilizantes).

POLITICAS DESTRUCTIVAS

Y si a este escabroso panorama sumamos el desastre económico en varios países de la región, causado por gobiernos ineptos y corruptos, dominados por ideas extremas de derecha o extremas de una izquierda que poco a poco ha ido aumentando su extensión geográfica. El panorama se observa con un futuro peor, al cual se suma otro penoso descalabro, mucho más serio todavía, el de la educación.

PEOR CRISIS EDUCATIVA EN UN SIGLO

Según expertos del Banco Mundial, ya en 2019, antes de la pandemia, se vivía una profunda crisis de aprendizaje: el 53% de los niños que terminaban la escuela primaria en América Latina y el Caribe no podía leer ni entender un texto simple. Hoy, luego del cierre de las escuelas por el equivalente a casi dos años académicos, se estima que ese porcentaje ha aumentado al 64% en toda la región. En Colombia, la presencia de grupos armados en ciertas áreas y el desplazamiento constante, han hecho que el problema sea de mayor gravedad.

“Estos datos confirman una realidad en las escuelas latinoamericanas: La mayor parte de los niños va a clases, pero los problemas de calidad son tales que efectivamente no tienen las competencias fundamentales”, según afirma Jaime Saavedra, director global de educación para el Banco Mundial. Y agrega que, “si bien la lectura no es la única competencia importante, si los niños no logran alcanzar las competencias básicas es muy difícil alcanzar otras metas educativas”.

Aparte del menoscabo del aprendizaje, hay otros impactos importantes que afectarán a la recuperación de los alumnos pospandemia. Se estima, por ejemplo, que 24 millones de estudiantes adicionales abandonarán el sistema escolar a nivel global. De la misma forma, aquellos que actualmente asisten a la escuela verán un 12% de reducción en sus ingresos anuales durante toda su vida, que equivale a $2.3 trillones de dólares en costos económicos agregados en América Latina.

La pandemia de COVID-19 dio lugar a la mayor crisis financiera y educativa mundial en más de 100 años. En 2020, la actividad económica se redujo en el 90 % de los países, la economía mundial se contrajo alrededor de un 3 % y la pobreza aumentó en todo el mundo por primera vez en una generación. Los gobiernos aprobaron una respuesta normativa rápida y abarcadora que alivió los peores impactos económicos inmediatos de la crisis. Sin embargo, dichas respuestas también acentuaron una serie de fragilidades económicas.

AUMENTO DEL CRIMEN

No podemos olvidar que el aumento de la pobreza y la falta de una buena educación, conllevan un crecimiento de las actividades delictivas. El temor a dicho fenómeno llevó, tampoco podemos olvidarlo, al mayor incremento en venta de armas en la historia en Estados Unidos desde mediados hasta finales del 2020. Ejemplo que fue seguido por ciudadanos en otros países, bajo el pretexto de que la falta de alimentos, de ingresos en las familias, conllevaría dicho auge de las acciones criminales y, por eso: “Hay que protegerse”.

Así ha sucedido, el crimen ha crecido y la tendencia es que tal flagelo no se detendrá. En Colombia, el problema es peor, al aumentar los niveles de pobreza, y ante la presencia inesperada de casi dos millones de refugiados extranjeros sin mecanismos claros de sustento.

EL FUTURO

El futuro se ve incierto. Muy incierto. En cualquier rincón escuchamos la frase de razonamientos no muy esmerados pero sensatos: ¿Y qué futuro le espera a nuestros hijos y nietos?

Existe un temor generalizado, que en nuestro país sigue en aumento a medida que se acerca la elección presidencial. Cualquier candidato que gane  tiene en frente enormes retos, de eso no cabe duda. De lo que si hay muchas dudas es en el ganador, podrá encontrar las fórmulas para solucionar las crisis que heredan y las que se avecinan para un país resquebrajado en su educación, en sus finanzas, en sus valores y principios, en su ética, su moral, en el respeto por los derechos humanos, en la sana convivencia y mucho más.

Con todo esto, aunque a algunos no les guste, no es extremista la conclusión de que, con el actual gobierno, Colombia es como “un barco a la deriva” y con el que tome posesión el 7 de Agosto, muy posiblemente Colombia continuará siendo “un barco a la deriva”. No se trata de una apreciación pesimista sino real. Los analistas expertos hablan de un futuro para la patria con más violencia, más familias sumidas en la pobreza, continuación extrema de la corrupción y por ende saqueos de las arcas del estado, aumento de la deuda y mucho más. Es muy doloroso y triste, el barco no tiene carta de navegación y aunque la tuviera, de nada serviría, porque el barco, es decir, Colombia, no tiene timonel.