1 de julio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Las masas que van a hacer hasta lo imposible por conseguir por cualquier medio el triunfo del llamado Pacto Histórico

15 de mayo de 2022

Por la Bruja sin Escoba

El ambiente está pesado. El dólar va escalando y anda por alturas muy cercanas al máximo histórico de hace unos años. Hay muchos factores. Desabastecimiento mundial por cuenta del desorden en las líneas de suministro global, la guerra de Putin que aporta lo suyo a ese desabastecimiento (Rusia y Ucrania son líderes mundiales en producción de fertilizantes), y, a nivel del país, la incertidumbre que causa la posibilidad de una victoria de la extrema izquierda, por primera vez en lo que lleva Colombia de vida republicana. en los productores, y en muchos consumidores, principalmente de la sufrida clase media, que será la más golpeade en caso de un triunfo de Petro. Los ricos, los poderosos, ya están, por si las moscas, liando sus bártulos y juntando sus dólares –una de las causas del encarecimiento de esa divisa– para abandonar el país en caso de que lo que creen que haría ese candidato en caso de ganar la presidencia resulta realidad. Los más pobres, que ya no tienen nada que perder, seguirán su vida en la esperanza, que de pronto hasta resulta cierta, de que su situación mejorará algo: es preferible hacer cola varias horas semanales con una libreta de racionamiento para obtener algunos alimentos de subsistencia que les entregue el Estado, a esa existencia de lucha y desesperación en que se encuentran actualmente. Esas son las masas que van a hacer hasta lo imposible por conseguir por cualquier medio el triunfo del llamado Pacto Histórico. En cambio, la clase media que es la que va a llevar del bulto en caso de esa victoria siniestra (siniestra como sinónimo de izquierda), empezará de inmediato a sufrir privaciones y a ver alacenas vacías y graves desabastecimientos.

VIVENCIAS PERSONALES QUE TAL VEZ NO ME CREAN, ASÍ DE INVEROSÍMILES

Esto no es invento de esta Bruja. Cundo joven, por allá en los años ochenta del siglo pasado, decidió tomar vacaciones de sus tares como bruja, disfrazarse de turista y actuar como tal. Por pura curiosidad se fue a conocer a Cuba.

De esa experiencia me quedaron varios recuerdos que quiero contar aquí. Vivencias personales que tal vez no me crean, así de inverosímiles parecen, pero juro por las cenizas de mi madre que fueron ciertas.

Un amigo colombiano tenía una hermana viviendo en La Habana. Le envió conmigo algunos regalos, lo que me dio la oportunidad de conocer un poco sobre su vida. Vivía en medio de dificultades y quería irse de Cuba, pero tenía un hijo cubano de 14 años, al que no le era permitido, por supuesto, salir del país. Como extranjera, ella habría podido viajar sin problema, pero obviamente no iba a dejar a su hijo allá. Entonces, era tan prisionera del régimen como si hubiera sido cubana.

Su condición de extranjera con un hijo cubano la hacía sentirse vigilada. No sé si de veras lo estaba, prefiero creer que no, pero el ambiente que la rodeaba le generaba esa sensación. Cuando quería hacerme confidencia sobre su vida en ese país o sobre asuntos políticos, me citaba en el cementerio de La Habana, donde, en medio de la soledad y del silencio de las tumbas, se atrevía a hablar libremente. Es posible que hubiera mucha paranoia en su actitud. Pero no era algo fingido. Realmente se sentía así.

Cuando llegué a La Habana me fui a un hotel sobre el Malecón. Nadie me preguntó nada, aparentemente nadie me controló. Alquilé un automóvil Fiat nuevecito, igual a como lo habría hecho en Miami. La única diferencia fue que me dieron abundantes cupones de racionamiento que me permitirían el acceso a los surtidores de las estaciones de servicio para comprar la gasolina que fuera necesitando. Anduve de arriba a abajo por la capital con un compañero de viaje, fuimos al puerto de Mariel sin restricción ninguna, pasamos por Matanzas, estuvimos en el Varadero, conocimos la Marina Hemingway, con la misma libertad de un turista en cualquier país libre. Pero era una vida artificial, organizada así para extranjeros. Totalmente fuera del alcance de los cubanos del común. El hijo de la señora colombina a la que le llevamos los regalos no podía entrar al hotel donde estuve alojada; (ella sí, como extranjera).

Por la calle, los niñitos se nos acercaban, extendían su manito y le decían a uno: tabarisch, chicle: (Un chicle, camarada). Percibíamos que le veían aspecto de turista ruso. Nosotros no teníamos chicles para regalarles, pero era evidente la ansiedad con la que los pedían.

Fui con mi amigo un atardecer a la Bodeguita del Medio, sitio obligado para estar un rato agradable y degustar mojitos. Al llegar, había algunas meas ocupadas y todas las vacías mostraban una cartulina con la palabra «reservada». Contacté a un mesero, y le pregunté si de veras no había ninguna mesa libre. Me preguntó si pagaría el consumo en divisas. Ante mi respuesta afirmativa, exclamó: «¡están reservadas para ustedes!».

En esa época había almacenes de productos extranjeros, plenos de surtido, para los turistas extranjeros. Las vitrinas de esos establecimientos se cubrían con cortinas, pero siempre quedaban algunas hendijas por las que se podía ver parte del surtido, y uno adivinaba el resto. En dos o tres oportunidades se nos acercaron jóvenes de aspecto universitario a pedirnos que les recibiéramos los dólares que nos mostraban, que entráramos al almacén y que les compráramos un bluyín que nos mostraban con todo cuidado para que no nos fuéramos a equivocar de prenda. Los cubanos no tenían acceso a esos sitios, así tuvieran las divisas necesarias para la compra.

Una última anécdota, para mostrar la angustia de esa señora con la que tuvimos contacto. En algún momento en que me acompañaba en el carro presenciamos un choque entre una patrulla de la policía y un automóvil particular. Ella no dejó de comentarme la compasión que le producía la suerte que le esperaba al conductor del automóvil, porque lo peor que le podía pasar a alguien en Cuba era tener un conflicto con un policía. Por supuesto, yo no puedo saber si los temores y angustias de esa señora eran normales en la población en general, o eran problema particular de ella. Pero no parecían ser sensaciones poco comunes entre la gente. En todo caso, yo no quisiera vivir así.

En esa época todavía existía la unión soviética y Cuba recibía el apoyo irrestricto de esa potencia en todos los aspectos, incluido el económico. Yo sé que después ha habido muchos cambios, que la URSS no existe más, y que la ayuda de Chaves primero y de Maduro después, se ha visto menguada por la grave situación de la propia Venezuela. No me imagino cómo estarán ahora las cosas en la isla.

HAY NADA QUE NOS PERMITA ESPERAR UNA SITUACIÓN DIFERENTE

Nada asegura que un gobierno de Petro nos vaya a llevar a una situación similar. Pero, conociendo el historial del candidato, tampoco hay nada que nos permita esperar una situación diferente. Ya hemos sufrido gobiernos de derecha. y sabemos que son un desastre. Para muestra, un botón: el gobierno Duque. Lo ideal es un gobierno de centro, que propicie los cambios que se necesitan, pero que defienda la democracia, tan debilitada por el actual régimen, y la iniciativa privada, aparentemente en grave peligro frente a las posibles acciones el próximo.  Pero en las circunstancias actuales, con tan poco tiempo para que el centro logre la remontada que busca, parece que llegaremos a la misma situación del Perú: tener que escoger entre los dos extremos. Y, en ese caso, tal vez debamos acudir al adagio popular: más vale malo conocido que bueno por conocer. Con mayor razón si, como todo parece indicar, lo de «bueno por conocer» no parece que vaya a ser tan bueno.

UNA DESFACHATEZ, PRONUNCIAMIENTO DE REPRESENTANTE EN COLOMBIA DE LA OFICINA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LOS DERECHOS HUMANOS

Hay ciertos funcionarios internacionales que, definitivamente, no merecen sus importantes posiciones ni los altos salarios de que disfrutan. Por ahí salió una despistada leguleya, la señora Juliette de Rivero, representante en Colombia de la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, totalmente ignorante de los hechos, a endilgarle al Estado colombiano responsabilidades en la masacre ejecutada por las FARC hace 20 años en Bojayá (Chocó), cundo esta guerrilla, en plena batalla contra las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC),  bombardeó un templo en el que se habían refugiado en busca de protección centenares de aterrorizados habitantes afectados por la acción armada de los guerrilleros. En ese bombardeo encontraron la muerte. Uno no sabe si declaraciones como las de esa funcionaria, imposibles de aceptar por los colombianos que hemos vivido esta tragedia de la guerra durante tantos años, son producto de la ignorancia, lo cual ya sería grave, o de la mala fe, como resultado de una posición política parcializada y orientada por motivaciones inconfesables.

Muchísimas veces esta Bruja ha estado en desacuerdo con las actitudes y las declaraciones del gobierno colombiano. Pero en esta ocasión tiene razón el consejero encargado para los derechos humanos del gobierno de Colombia, Jefferson Mena Sánchez, al rechazar el pronunciamiento de la representante internacional, el cual fue calificado como una desfachatez. Que lo es, sin duda alguna. Mena, chocoano de nacimiento, explicó que tal pronunciamiento implica un irrespeto para los colombianos, y especialmente para la población de Bojayá, y agregó que la señora Riveros debería dejar claro si tiene evidencias sobre la responsabilidad del Estado y, en caso afirmativo, entregarlas a las autoridades correspondientes.

A LOS JUGADORES DEL ONCE CALDAS SE LES OLVIDÓ QUE SIN GOLES NO HAY TRIUNFOS, SOLO EMPATES Y DERROTAS

Mi amigo aficionado al fútbol está muy triste. Porque el Once Caldas logró despertar al principio del año las esperanzas de los aficionados, tan aplanchadas por el fracaso de su campaña del año anterior. Empezó ganado, estuvo la mayor parte del torneo entre el grupo de los ocho que podrían diputar el campeonato a mitad de año, pero en algún momento a sus jugadores se les olvidó que sin goles no hay triunfos, solo empates y derrotas, y así era imposible clasificar. Dice mi amigo que los del Once atacan, se acercan a la portería enemiga, asustan al rival… pero ¡no la meten! Y quedaron eliminados. Agrega él, que es bastante supersticioso, que mientras ese equipo no deje de usar ese maldito y diabólico uniforme negro, no volverá a clasificar a las finales. Nunca. Y le creo.

UNA PREGUNTA, POR PURA CURIOSIDAD: SI GUSTAVO PETRO FUERA PRESIDENTE DE COLOMBIA, ¿ASISTIRÍA A LA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS EN  LOS ÁNGELES?

El gobierno de Estados Unidos, creo que con razón, no invitó a las dictaduras de América, es decir, a Cuba, Nicaragua y Venezuela, a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles. No tienen nada que hacer allá.

Sin embargo, países con gobiernos elegidos democráticamente, aunque simpatizantes de esas dictaduras –léase Argentina, Méjico, Bolivia y Venezuela– han amenazado con boicotear el evento que reúne a las democracias del continente en Los Ángeles.

Jaime Bayly, el buen periodista peruano que vivió algún tiempo en Colombia, y que mantiene un programa diario de televisión en Miami, opina que el presidente Biden no debe ceder, que debe mantener su decisión de no invitar a los dictadores, y que, de paso, debe cancelarles la visa a los presidentes de los cuatro países que voluntariamente han decidido no asistir. Parece un poco exagerada la medida. Que les deje las visas. Simplemente debe restar importancia a esa muestra de antipatía con el país anfitrión y con los demás asistentes. Pero aceptar que la asistencia o no de esos cuatro gobiernos es problema de ellos, que son los que se van a perder algo bueno.

Para terminar, una pregunta, por pura curiosidad: Si Gustavo Petro fuera presidente de Colombia, ¿asistiría a Los Ángeles?