29 de mayo de 2022
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Sigue la catástrofe en Manizales

21 de abril de 2022
Por Jorge Enrique Pava Quiceno
Por Jorge Enrique Pava Quiceno
21 de abril de 2022

En muchos círculos de Manizales me han preguntado qué pasó con el seguimiento que le veníamos haciendo a la administración municipal, y con las denuncias que insistentemente producíamos sobre la indolencia, incapacidad y mediocridad del alcalde Carlos Mario Marín. Me preguntan si definitivamente nos tenemos que resignar a que Manizales se destruya, y a ver cómo se deteriora cada día más. Cuestionan, además, el resultado (así sea parcial) de las denuncias ante los entes de control y de justicia, y del progreso de las investigaciones judiciales ante la gravedad de las pruebas presentadas.

Y la respuesta a esas inquietudes son desoladoras e indignantes. No solo el suscrito le hace seguimiento y se duele de la administración: todos los manizaleños somos testigos del desastre provocado por la inactividad y parálisis en la ejecución de obras básicas de mantenimiento y desarrollo, y víctimas de la mafia que nos domina y de las consecuencias económicas y sociales de un gobierno cuya prioridad es trabajar políticamente para sus amos, descuidando sus funciones básicas y la ejecución de su plan de gobierno.

En cuanto a si nos debemos resignar a la destrucción de Manizales, todo parece indicar que sí. Y la respuesta a esta inquietud está ligada a la indolencia del ciudadano y a la inoperancia de los órganos de control y de justicia. La indolencia del ciudadano porque, a pesar de los murmullos constantes de dolor por lo que nos pasa (que se han convertido en un alarido ensordecedor), a la hora de actuar prefieren resguardarse en su cobardía o asumir una posición silente y temerosa, que termina siendo cómplice de la debacle. Ante el deterioro constante de la ciudad y ante la pérdida de los valores esenciales de los manizaleños, prefieren callar y quejarse en privado para no exponerse a los métodos criminales del poder que se resguarda en millonarios presupuestos y provocadores desafueros legales, todos avalados por unas mayorías de concejales que día a día ceden ante un administrador carente de escrúpulos, pero lleno de dinero público: lleno de nuestro dinero.

Y sobre la indolencia e inoperancia de los órganos de control y de justicia, son precisamente la base de la tranquilidad de la mafia administrativa de la ciudad. Una alcaldía donde la puerta giratoria es evidente y descarada; donde el asalto a la dignidad de las personas es el pan de cada día; donde la violación de procedimientos y leyes son el común denominador; donde las nóminas paralelas prevalecen y lesionan gravemente las empresas; donde el nepotismo, el descaro administrativo, los amiguismos y el despotismo están acabando con la vocación histórica de la ciudad; donde mutamos el civismo por la apatía, y el decoro por aceptar los atropellos como un derecho del gobernante; todo esto, repito, que se comete ante los ojos de Procuraduría, Contraloría y Fiscalía, y cuyas acciones son perversamente dilatorias, permisivas o cómplices, termina alimentando los desafueros y el abuso que crecen como una bola de nieve.

Baste decir que esos órganos de control y de justicia han quedado en evidencia por su inoperancia, y se refugian en lineamientos legales para convertirse en inescrutables, negándonos el derecho a las víctimas de acceder a los procesos, con lo cual dilatan las posibles acciones en el tiempo y provocan una muy segura impunidad para los autores de las atrocidades cometidas en nuestra contra.

Ese es el resultado entonces de las denuncias: ¡Impunidad total! Y el de las acciones de desgobierno está ante los ojos de los ciudadanos: malla vial absolutamente deteriorada; escuelas cerradas definitivamente; puestos de salud fracasados; desgreño administrativo y económico en la propia alcaldía; violaciones legales con consecuencias desastrosas; inseguridad creciente; caos vial, peatonal y de movilidad; y una Manizales que perdió su norte y llora por haber caído a este lugar de deterioro físico, económico y moral.

La respuesta entonces a esas preguntas de los ciudadanos, es que continuamos con el seguimiento al desastre, y continuaremos dejando la evidencia así sea para saber, en un futuro, qué tenemos que reconstruir después de esta catástrofe que se llama Carlos Mario Marín Correa.

 

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