31 de enero de 2023
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La cruz que prefiero

14 de abril de 2022
Por Sebastián Galvis Arcila
Por Sebastián Galvis Arcila
14 de abril de 2022

Saben cuál es mi cruz preferida? La del Minuto de Dios. Entre las razones de ese gusto está el que es una cruz hecha de madera, de un material genuino y ordinario que no se parece a los ornamentos y tesoros típicos de los objetos sagrados. Es de madera común tal y como fue el madero en el que fue colgado el Señor hace más de dos mil años. La historia de ese elemento es anecdótica: alguna vez mientras se iba a grabar el esperado programa televisivo del entonces padre Rafael García Herreros, no se pudo hacer uso de la cruz del set puesto que este se encontraba ocupado; ante tal situación, un trabajador del canal procedió a improvisar con un machete aquel objeto litúrgico valiéndose de dos maderos y una cuerda para el amarre. Al terminar, la cruz se inclinó puesto que una parte pesaba más que la otra y a García Herreros le pareció bien dejarla así.

Me gusta esa cruz más que cualquier otra porque es fruto de una solución a un problema inmediato; porque representa la recursividad y el empuje de las causas sociales y porque retrata muy bien la creatividad del pueblo colombiano. Pocas organizaciones de este país han invertido tanto y han transformado en gran manera a través de contribuciones sustanciales el territorio, como lo ha hecho el Minuto de Dios, hoy, bajo la dirección del padre Diego Jaramillo. Pero volviendo a ese objeto, es la mejor cruz que conozco porque representa la solemnidad al alcance de todos, el símbolo sagrado que emerge de la imperfección y que mantiene absoluta armonía con la persona de Jesús.

Su sencillez es una forma de señalar el camino del cristianismo, del verdadero discipulado que no es ostentoso, arrogante ni busca lo suyo, sino que es discreto, rústico y auténtico. Es una cruz para llevar esperanza a través de acciones reales y no por medio de sermones vacíos, pues traduce aquello que invita a pensar en los necesitados y los menos favorecidos en un interés por ayudarlos de alguna manera, sobre todo, cuando se trata de apoyar causas nobles en su beneficio, por ejemplo, brindar alimento, vivienda, educación y cuidado a las comunidades de todo el país.

Pero esto no es todo, esa cruz pequeña que no mantiene simetría, que no es geométricamente perfecta, enseña una lección moral considerable: la de la vulnerabilidad humana y la aceptación de la debilidad como un punto de partida para el crecimiento, el fortalecimiento y el desarrollo. No se requiere un revestimiento de oro para hacer puro un objeto, ni se precisa de una vida en busca de estándares para probar la valía personal. Es el valor otorgado al objeto el que cualifica su presencia, y es el don de servir a los demás la fuente de la felicidad.

La cruz del Minuto de Dios tiene una particularidad más: no tiene un cristo en agonía pendiendo de ella, sino que es cruz vacía, y en ese sentido, llega a ser cruz superada por el acontecimiento más extraordinario de la fe cristiana: la resurrección del Señor. Podrá parecer pequeño ese detalle, pero no lo es. Es la esperanza en un mundo mejor y la posibilidad de creer en aquello que rebasa la certeza consciente. La cruz está vacía igual que el sepulcro como anuncio de buenas nuevas para el corazón del creyente; son noticias alegres para el que pone su confianza en la deidad y es un grato recordatorio de todo aquello que puede ser posible. Es una cruz diferente que en tiempos como los que vivimos se convierte en invitación a servir.

Psicólogo. Magister en Educación.