20 de mayo de 2022
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Usurpación

3 de marzo de 2022
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
3 de marzo de 2022

Un nuevo día para los colombianos y una nueva manifestación de que en nuestro país las leyes son para violarlas, tal y como nos lo acaba de demostrar la misma Corte Constitucional con el fallo sobre el aborto.

Por supuesto, en lo tocante al aborto hay mucha tela para cortar. A los unos por razones de carácter ético. A los otros porque ataca sus principios morales. A otros porque físicamente se trata de autorizar un asesinato a un ser humano incapaz de defenderse pero que, ya, a la altura de las 20 o 24 semanas, potencialmente puede subsistir fuera del vientre de su madre.

Para otros, a más de las razones anteriormente expuestas, resulta más que ofensivo lo que la Corte acaba de materializar pasando por alto las disposiciones legales, las que son su deber defender y hacer cumplir, y saltar por sobre los más rancios principios del Derecho, como quiera que tiene el deber de respetarlos y resaltarlos.

Vaya lo primero. Sobre la disposición sobre el aborto la Corte y se había pronunciado hace  algunos años, razón por la cual el fallo sobre este asunto pasó a tener el carácter de Cosa Juzgada, razón por la que el examen sobre no debió hacerse. Y punto.

Y lo segundo: La Corte carece de potestades para legislar, conducta con la que de hecho violó las disposiciones legales. ¿Acaso debemos cantar un réquiem por la división de poderes del Estado y salvaguarda de la democracia? Desde luego que le queda a la Comisión de Acusaciones de la Cámara el estudiar el asunto, y si es del caso proceder a encartar a los magistrados que violentaron el establecimiento.

Lo cierto, al final de cuentas, es que estamos frente a una decisión que ha tomado la Corte Constitucional que, sin mirar lo tocante a principios religiosos, o a otra consideraciones, nos está diciendo que puede matarse un ser vivo, para dar paso a un supuesto derecho. Derecho que ninguna legislación ha establecido aún, valga decir, el derecho a matar para dar paso a una expresión de libertad, de progreso o de cualquiera otra de las que el nuevo día nos trae.

Recuerdo que no hace mucho, en un video, nos mostraban una intervención que realizaba un cirujano en la que debía hacer una incisión en el útero de una mujer con cinco meses de embarazo. En ese video, al cortar el médico útero de la paciente, brotó una manita, la manita del bebe que allí se resguardaba y agarró el dedo del médico.  El médico quedó atónito, al igual que quien, como yo, observaba el video. Y hoy, cuando la Corte toma esta determinación de cambiar la legislación vigente y su fallo de hace unos años, oímos a médicos ginecólogos decir qué, para proceder a un aborto a estas alturas de las 24 semanas, es imperioso matar el feto antes de proceder a inducir el aborto. Así, en concepto de los mismos médicos, hay que matar a alguien para que otra persona pueda decir que es libre. Igualmente, nos dicen que cuando un caso hace imperativo un aborto por causas médicas, se procede a realizar el aborto y se busca salvar las dos vidas, la de la madre y la del hijo. Nunca, salvar una sola

Es claro que en Derecho Penal la analogía no existe, pero si existiera, podríamos clamar que, como quiera que tantas personas mueren en saltos a cada día, lo conveniente sería despenalizar el asesinato y tendríamos a otros tantos celebrando el gran paso y su libertad, la libertad de matar.

Tenemos, pues, que algo no funciona en la sociedad cuando para vivir y disfrutar unos, es necesario matar a otros. ¿O será que, ese ser que con los cuidados debidos puede vivir, no merece vivir en últimas?

Manizales, febrero 23 del Tercer Año de la Peste.