23 de mayo de 2022
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Las cosas que suceden en este país. ¡Qué dolor!

3 de marzo de 2022
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
3 de marzo de 2022

Cada día que pasa surge en Colombia un nuevo hecho delictivo que compromete a ciudadanos que por la posición del liderazgo que ostentan en la sociedad están llamados a dar ejemplo de honestidad y transparencia en el ejercicio de sus cargos. No pasa día en que los medios de comunicación no revelen un escándalo donde estén comprometidos congresistas, funcionarios públicos, militares o empleados de confianza y manejo. El último fue el del general Leonardo Alonso Borrero, ex comandante del ejército, comprometido en el caso de apoyo a la estructura criminal de Juan Larrison Castro, alias Matamba, A este narcotraficante pedido en extradición por Estados Unidos le hacía juego el alto oficial para que su banda La Cordillera Sur pudiera delinquir en la zona de Nariño.

El pasado martes se supo que un detenido por el delito de cohecho, que trató de burlar a la justicia colombiana estableciéndose en España, salía de la cárcel La Picota para reunirse con su gente, incluido su abogado, en su oficina personal, teniendo como escoltas a guardias del Inpec. Lo revelado por Noticias Caracol deja al descubierto que en las cárceles quienes tienen dinero pueden salir de su celda como Pedro por su casa. El caso de Carlos Mattos, el otrora distribuidor de la marca Hyundai en Colombia, demuestra que la corrupción al interior de nuestras cárceles es grave. ¿Cuánto dinero le dio al director de La Picota para que lo dejara salir cuando él lo quisiera? No podemos volver a los tiempos de Pablo Escobar en La Catedral, que tenía a su servicio personal la guardia de ese penal.

Y, ¿qué decir del caso de la exsenadora Piedad Córdoba? Las revelaciones de su asistente personal en el sentido de que hacía parte de las Farc, donde ostentaba el alias de Teodora, confirman lo que el país sabía desde que se supo que su nombre aparecía en los computadores incautados en el operativo donde se dio de baja a Raúl Reyes. Pero ahora con un tema más delicado: el haber influido para que le grupo guerrillero no liberara a quienes tenía secuestrados. Tratar de hacerle un favor a su admirado Hugo Chávez para que quedara ante el mundo como el artífice de la paz en Colombia era traicionar la misión que en su momento le encomendó el entonces presidente Alvaro Uribe al nombrarla como mediadora para obtener la liberación de los secuestrados.

Son muchas las cosas que suceden en este país que a uno le producen dolor. Miremos este caso: el mayor de la Policía Nacional William Orlando Moreno, que como arquitecto trabajaba en el Fondo Rotatorio, no fue llamado para curso de ascenso al grado de coronel simplemente porque se dedicó a advertirles a sus superiores sobre irregularidades en la contratación de obras. Fue retirado de la institución en 2014. El uniformado nunca se imaginó que por cuidar los recursos lo fueran a sacar. Mucho menos cuando los hechos que denunció terminaron convertidos en escándalos de corrupción. Uno de ellos fue la construcción del Centro de Rehabilitación Valentina Aos, en las afueras de Bogotá, que se convirtió en un elefante blanco.

En Colombia pasan cosas que a un ciudadano honesto le cambian la visión que tiene de lo que debe ser un servidor público, un funcionario del Estado o un miembro de las Fuerzas Armadas. Es sino ver cómo el coronel (r) Róbinson González del Río, sindicado de haber tomado parte en más de cuarenta falsos positivos, después de haber recuperado su libertad tras ser aceptado por la JEP siguió delinquiendo. Aprovechando sus vínculos con militares, informaba a los narcotraficantes sobre operativos en su contra. Por insinuación suya, Juan Larrison Castro, alias Matamba, pagaba fuertes sumas de dinero a oficiales para que lo protegieran. En este país habría menos corrupción si a delincuentes como este coronel (r) la JEP no lo hubiera dejado en libertad.

Produce dolor saber que en Colombia un corrupto que está denunciado por haber exigido una coima de 2.300 millones de pesos a un contratista, y que además tiene serios cuestionamientos por compra de votos, se haya atrevido a poner su nombre a consideración de los colombianos para aspirar a la Presidencia de la República. Ese político es Alex Char Chaljub, exalcalde de Barranquilla y exgobernador del Atlántico, miembro de una familia con poder económico. Claro que puede alegar que mientras no se demuestre lo contrario, es inocente de lo que se le acusa. Pero son muchos los que en Barranquilla dicen que pedía el diez por ciento de los contratos. Por algo menor, Laureano Gómez hizo renunciar a la presidencia a Marco Fidel Suarez, declarándolo indigno de ocupar el Solio de Bolívar.