27 de mayo de 2022
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El novelista que entendió la realidad social de Colombia

31 de marzo de 2022
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
31 de marzo de 2022

El próximo 2 de mayo se cumplen seis años del fallecimiento de Fernando Soto Aparicio. Es justo, entonces, recordarlo. El novelista nacido en Socha el 11 de marzo de 1933 fue un hombre comprometido con la realidad social. ¿Reflejan sus novelas los problemas de las clases marginadas? ¿Expone en sus argumentos la angustia de los que nada tienen? ¿Cuestiona al Estado como responsable de la inequidad? Estas son preguntas que deben hacerse cuando se trata de abordar el conjunto de la obra novelística del escritor fallecido el 2 de mayo de 1916. Y la respuesta a estos interrogantes es: ¡Sí! Ningún otro escritor colombiano trabajó tanto la marginalidad como Soto Aparicio. Desde “Los bienaventurados”, su primera novela, este autor demostró su preocupación por los problemas sociales de Colombia.

Soto Aparicio se formó como escritor con conciencia social después de leer a los exponentes del naturalismo francés. Emile Zolá, Miguel Zevaco, Paul Feval y Alejandro Dumas lo condujeron hacia esa literatura de denuncia que identifica su trabajo literario. Desde luego, también influyeron en su formación Stendhal, Gustave Flauberth y Honoré de Balzac. Haber leído a temprana edad “Los Miserables”, de Víctor Hugo; “Los hijos del pueblo”, de Eugenio Sué y “Germinal”, de Emile Zolá, le permitió encontrar una veta temática que le abriría ventanas para interpretar la angustia del hombre contemporáneo. Los sufrimientos de Jean Valjean, el personaje de “Los Miserables”, lo marcarían para novelar sobre seres humanos que nada tienen, que viven en la pobreza, que sueñan con un mejor mañana.

El conjunto de la obra narrativa de Soto Aparicio está lleno de referencias al sufrimiento de las clases marginadas. El campesino, el educador, el obrero, el estudiante, el soldado, la prostituta, el guerrillero, la muchacha del servicio y la mujer violada son personajes que se pasean por las páginas de sus novelas llevando a cuestas sus sufrimientos. Sus obras hacen referencia al hombre sin futuro, al niño desprotegido, a la mujer que vende su cuerpo, al trabajador asalariado. Escribió sobre la pobreza, sobre el desarraigo, sobre la soledad, sobre la angustia y sobre el dolor humano. En sus libros la temática social es una constante. Se advierte en cada página una queja contra la indiferencia del Estado. Antes de él, nadie había asumido la responsabilidad de contar la realidad social de Colombia.

La lectura de autores con sentido social le permitió al escritor boyacense adquirir conciencia sobre la importancia de tomar el sufrimiento del ser humano para llevarlo a su narrativa como expresión de realismo. En “Los bienaventurados” narra el drama de una familia que perdió la casa como consecuencia de las deudas que al morir dejó el padre. Los acreedores, unos agiotistas, no tienen consideración con los dolientes. No obstante que cobraban intereses de usura, caen sobre lo poco que dejó el hombre. Al perder la vivienda, la familia se marcha del pueblo en busca de nuevos horizontes. Su angustia se transmite al lector, que incrédulo mira cómo la justicia se pone de parte de los poderosos. El escritor nos enseña aquí que la pobreza obliga a la gente que vive de un sueldo a caer en manos de los usureros.

Aunque su novela más conocida es “La Rebelión de las ratas”, donde narra las angustias de Rudecindo Cristancho, un campesino que llega a Timbalí en busca de trabajo en una mina de carbón, en sus otros libros Soto Aparicio también fustigó el desamparo del Estado frente a las clases marginadas. En “Mientras llueve”, Celina Franco Valdivia se convierte en un símbolo de la mujer que es condenada por un delito que no cometió. La novela es una crítica a la forma cómo opera la justicia en Colombia, y a la inhumanidad del sistema carcelario. Ese aguacero que cae durante varias horas en un barrio de invasión, llevándose el humilde rancho donde vive la protagonista, es una fotografía exacta de esos cinturones de miseria a donde llegan a vivir los desplazados por la violencia.

“Mundo roto” es una novela desesperanzada. Aquí el escritor muestra una sociedad en crisis, donde los valores se han perdido. Es una radiografía sobre una familia que se desintegra, donde se enseña cómo la drogadicción consume a la juventud. La novela es una voz de alerta que convoca a la gente a no dejarse arrastrar por aguas turbulentas, una especie de campana que toca para advertir que algo se está hundiendo. Todo porque Victoria, personaje central, cae en el alcoholismo. “Mundo roto” trata de ser una brújula para reconstruir un matrimonio que no se entiende.  Busca aportar lecciones de convivencia, amor y esperanza en un hogar, como elementos necesarios para alcanzar el entendimiento. Esta novela es un llamado a mantener los valores de la familia y la comunicación entre padres e hijos.

“Proceso a un ángel” narra cómo la aparición de la Virgen de Piendamó la aprovechan personas inescrupulosas para enriquecerse con la fe de los creyentes.  En “Los funerales de América” escribe sobre el conflicto armado que ha padecido Colombia. En “Camino que anda” habla sobre el origen mestizo del hombre latinoamericano. En “Palabra de fuego” enseña la existencia de un Dios-amor antes que la de un Dios-castigo. En “Puerto silencio”, muestra cómo una mujer impone su voluntad en la formación de sus hijas. Estas son novelas donde aflora el compromiso de Soto Aparicio por reflejar en su obra la realidad social de una Colombia convulsionada, que le enseñan al lector el inconformismo de una clase social excluida, que no tiene oportunidades.

Todos los personajes creados por Soto Aparicio tienen una connotación social. Rudecindo Cristancho lucha por alcanzar reivindicaciones sociales para los mineros. Amanecer Fernández intenta cambiar el mundo con la investigación del pasado mestizo de su patria. Celina Franco Valdivia expresa la injusticia de una justicia que condena inocentes. Liria personifica a las víctimas de las minas antipersona. Florentino Sierra simboliza a los excluidos que quieren que el sistema político cambie. Pastora Santos trata de imponer sus principios morales a su descendencia. Victoria es la mujer que ve cómo el hogar se le derrumba. Amanda Tovar es la niña rica que reniega de su clase social. Clara Vicenta Fernández sufre el desplazamiento forzado. Son seres humanos que, en medio de su angustia, buscan una luz en la oscuridad.

El dolor de un muchacho campesino que ve cómo en la época de la violencia los contrarios políticos asesinan a su padre, la angustia de un hombre que ve impotente cómo ante sus ojos violan a su hija, la desesperanza de una madre que llora porque el hijo ha robado para llevar una panela a la casa, la rabia en el alma de una niña rica que es secuestrada por un grupo guerrillero, la desesperación de una mujer hermosa que por su pobreza debe dedicarse a la prostitución, la paciencia de un soldado que por defender la patria pierde una pierna y el inconformismo de un minero que promueve una huelga para exigir mejores salarios son apenas aristas de personajes que en las novelas de Fernando Soto Aparicio transmiten al lector el inconformismo de una clase social excluida.