17 de mayo de 2022
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Drogadicción, violencia de género y desempleo, factores de riesgo para habitar la calle

29 de marzo de 2022
29 de marzo de 2022
El estudio se realizó en Ciudad Bolívar y en Rafael Uribe Uribe, dos localidades al sur de Bogotá. Fotos Unimedios

Un estudio realizado con jóvenes de las localidades de Ciudad Bolívar y Rafael Uribe Uribe, de Bogotá, encontró además que el embarazo no deseado y la violencia intrafamiliar se asocian con la decisión de vivir en las calles. Para reducir esta problemática se propone fortalecer redes de apoyo.

Cifras entregadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en 2021, revelan que en Colombia hay 34.091 habitantes de calle. Los resultados generales del censo escalonado realizado durante los últimos 5 años muestran que hoy en el país los habitantes de calle tienen niveles de vulnerabilidad en términos de salud por la prevalencia de consumos de sustancias psicoactivas.

Así mismo, el censo consolidado muestra que los habitantes de calle son aislados de redes de apoyo, ya que aproximadamente 4 de cada 10 habitantes de calle carecen de ayuda asistencial.

En Bogotá, las personas en situación de calle tienen ayudas a través de programas oficiales, mientras en las demás ciudades o municipios del país las ayudas de algún familiar son las que soportan las vulneraciones que conlleva habitar la calle.

A partir de su experiencia de trabajo en el Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron) –adelantado en las localidades de Cuidad Bolívar y Rafael Uribe Uribe de Bogotá– Natalia Lara Vega, en su tesis de la Maestría en Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), conoció las dificultades por las que pasan los jóvenes antes de terminar en la calle.

El estudio también evalúa las causas que pueden llevar a que una persona salga de su hogar, entre ellas el consumo de drogas, la violencia tanto de género como intrafamiliar o psicológica y los embarazos no deseados. También contribuyen a esta situación factores como no ser productivos, no tener un trabajo estable y sobrevivir en la calle.

«El riesgo de habitar en la calle dependerá no solo de lo que pasa en la casa, pues pueden existir múltiples factores de riesgo», señala la profesora Carolina Rodríguez Lizarralde, directora de la tesis.

Importancia de las redes de apoyo

A través de un estudio cualitativo, usando entrevistas en profundidad y análisis de mapas de redes, con una muestra de cuatro beneficiarios del Idipron, la investigación determinó que las personas jóvenes perciben esa institución como una red de apoyo social relevante que les permite adquirir conocimientos para sopesar sus necesidades económicas, y como un espacio para conocer a nuevas personas.

«En la investigación –realizada en el marco del programa Jóvenes en Paz del Idipron– encontramos que las redes de apoyo van más allá de la familia: también se tejen en la relación con vecinos, transeúntes, amigos, personas que se vuelven importantes para los jóvenes y que aportan en sus vidas de manera significativa», asegura la docente.

La directora de la tesis explica que «la investigación es un puente que nos permite analizar algunas dinámicas callejeras y entender que los jóvenes son autores y constructores de su realidad, pues se intenta borrar el imaginario de que quienes terminan en situación de calle no tienen ninguna red familiar o de amigos,en las cuales apoyarse».

Dichas redes de apoyo se definen desde la psicología y el trabajo social y es un tema novedoso, porque hasta el momento los estudios se han centrado en analizar solo a las personas que ya se encuentran en situación de calle, pero poco se habla de las que rodean a los adolescentes.

Otra de las conclusiones es que generalmente las personas que habitan la calle mantienen contacto con su familia, «por ejemplo, aunque habitan en el espacio público, no salen del barrio donde crecieron, no llegan siempre a las ollas del centro de Bogotá, como se piensa. Estos jóvenes, en general, mantienen vínculos que les ubican físicamente en algunos territorios de la ciudad. Entonces, también evidenciamos cómo en estas redes se vuelven importantes los vecinos, los tenderos, las personas que les brindan algún soporte a los jóvenes», explica la docente.

«Un hallazgo importante y muy interesante es que la marihuana termina siendo una sustancia que evita el consumo de drogas más fuertes. Esto hay que problematizarlo, porque encontramos que son procesos de socialización juvenil y muchas de las redes de apoyo que tienen los jóvenes están en la red de consumo. Algunos llegaron a decir, por ejemplo, que la marihuana les sirvió para reemplazar el bazuco y, en otros casos, que ir a «parchar» (compartir) era parte de la red social y de apoyo», asegura la directora de la tesis.

Algunas situaciones que pueden ayudarles a no terminar en situación de calle son la prevención y la intervención territorial, en temas de infraestructura, de programas sociales para uso del tiempo libre, de asuntos que permitan reconocer esa importancia que le dan las personas jóvenes a su familia, al uso de tecnologías.

Para finalizar, la experta asegura que identificar el riesgo de una persona de habitar en calle sigue siendo una tarea pendiente por hacer y por medir, incluso en temas de terapia o de acompañamiento desde disciplinas como el trabajo social y la psicología, «porque además de faltar estudios se encuentra que, como influyen tantos factores, es difícil predecir el riesgo».

Agencia de Noticias UN – Unimedios