20 de mayo de 2022
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Corrupción, en el centro de las angustias colombianas

24 de marzo de 2022
24 de marzo de 2022

Esta plataforma colaborativa, replicada de Chile, logró reunir a más de 5.000 personas en diálogos que empezaron en agosto pasado y duraron casi cinco meses, hasta finales de diciembre de 2021, bajo el liderazgo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), además de las Universidades Eafit, de los Andes, del Valle, Norte e Industrial de Santander, con el apoyo del Grupo Sura y la Fundación Ideas para la Paz.

La estrategia planteó que las conversaciones se desarrollaran en grupos pequeños y estuvieron acompañadas por facilitadores debidamente preparados para promover el diálogo a partir de tres preguntas: ¿qué cambiarían en el país?, ¿qué mejorarían? y ¿qué mantendrían?

Durante la presentación de las conclusiones más importantes del evento –adelantada en la Biblioteca Virgilio Barco–, la profesora Dolly Montoya Castaño, rectora de la UNAL, aseguró que “la idea fundamental de esta iniciativa es, después de los paros nacionales y la convulsión que tuvo el país, escuchar a la ciudadanía y conocer por qué se dan este tipo de movimientos y cuál es la esperanza del país para construir un futuro mejor. […] La unión de las universidades se hace porque la academia está muy bien posicionada y necesitamos servir de puente entre los diálogos ciudadanos y la política”.

El informe de “Tenemos que hablar Colombia” le fue entregado a los candidatos presidenciales, a través de sus equipos, para que lo tengan en cuenta en el desarrollo del plan de Gobierno durante los próximos cuatro años.

“En las campañas presidenciales hay polarización, agresión y una lucha de egos, la idea es bajarle la temperatura a esa polarización y que los candidatos piensen en lo que necesita la ciudadanía […] esto apenas empieza, tenemos que seguir trabajando”, agregó la Rectora de la UNAL.

En la conversación participaron desde niños y adolescentes hasta estudiantes, académicos, ciudadanos del común y personas de la tercera edad, en mesas redondas de cuatro a cinco personas en las que se debatían diferentes temas.

En los cuatro meses y medio se hicieron cuatro sesiones diarias con los participantes, quienes se conectaron virtualmente. Hubo representantes de las regiones Centro, Andina, Caribe, Pacífico, Llanos Orientales y Amazonia, 2.540 hombres, 2.192 mujeres y 24 no binarios de edades entre los 8 y los 58 años.

“Se buscó la mayor cantidad de diversidad –comunidades, afro, palenqueras, indígenas, campesinas– para perseguir esa quimera de definir las dolencias o las esperanzas del país”, dijo la doctora Montoya.

Nación triste

Una de las conclusiones que se evidenció en la iniciativa es que este no es el país más feliz del mundo: la desigualdad, la violencia y la corrupción han dejado una sensación de tristeza en la población.

El docente Juan Camilo Restrepo Jiménez, vicerrector de la UNAL Sede Medellín, lo destacó así: “uno de los elementos más interesantes es que en Colombia no existe el miedo, existe la tristeza, que desencadena en ese miedo. La tristeza es una parte primordial, el colombiano se conmueve de ver la violencia, de ver toda la información que genera zozobra”.

Las universidades evidenciaron que más del 60 % de los participantes consideran que en el país algo debe de cambiar, “pero ese deseo de cambio produce angustias y en el centro de las angustias colombianas está la corrupción”, aseguró el vicerrector.

Muchos de los cambios en política, educación y cultura, que en las conversaciones se señalaron como fundamentales, tenían que ver directa o indirectamente con lograr que la corrupción deje de ser una preocupación para el país.

“Es decir, se trata de cambios relacionados con la formación de mejores ciudadanos –con pensamiento crítico, principios morales y cívicos, capacitados para tomar decisiones– y con la construcción de un futuro colectivo más justo, más equitativo, respetuoso de la diferencia”, subrayó el profesor Restrepo.

Según el resultado de los diálogos, los colombianos creen en el poder de la conversación para tejer confianza, y aunque no confían en los políticos, sí en el poder de la política para transformar el país.

“La iniciativa va a continuar. Durante los próximos meses vamos a estar en función de contar los resultados, de seguir analizando los datos, y nuestro plan durante el segundo semestre es conectarnos y alinearnos con el nuevo gobierno para acompañar el proceso de plan de desarrollo”, concluyó el vicerrector de la UNAL Sede Medellín.